
Nací y me formé en un país donde respeto, cultura, educación, información, delicadeza, sensibilidad, tolerancia, reflexión y estilo eran valores reconocidos. Décadas después, aquí me escondo. Pero, como dicen, "Hay momentos en la vida, en los que callar se convierte en una culpa y hablar en una obligación" (Oriana Fallaci)
miércoles, 28 de marzo de 2012
Los Almagro Boys. La Doctrina Deepthroat en acción

lunes, 26 de marzo de 2012
Asco y miedo +...
El caso de los enfermeros me ha confirmado la sensación de que la mayoría de los periodistas ha perdido definitivamente la noción de su responsabilidad como formadores de opinión púbica y estado de ánimo social. Han prejuzgado desde el primer instante, asociado el caso a supuestos similares macabros y aportado muy poco de la investigación seria y moderación que requiere un caso movilizador de la Sociedad.
Vengo de escuchar las afirmaciones nada menos que de El Espectador, programa En perspectiva, acerca de que se ha extendido a un plazo de cuatro años las investigaciones pues es " desde entonces que venían matando".
Estimados: los acusados ESTÁN SIENDO PROCESADOS por el cargo de Homicidio. No han sido coondenados por la Justicia; y, una y otra vez no han aceptado la acusación señalando su nula intención de matar.
¿Tienen los periodistas pruebas en favor de su tesis? Si las tienen, corriendo al Juzgado. Si no las tienen, pidan disculpas y guarden el ominoso silencio al que deberían estar obligados los hoy devenidos sedicientes y agitadores de la quematina publica de dos personas que, hayan hecho lo que hayan hecho, tienen derecho a un juicio imparcial y justo; a lo que mal colabora el linchamiento público mediático a que han sido sometidos.
Cada vez más asco y miedo. Miedo de caer, algún día, con o sin razón, en estas garras.
viernes, 23 de marzo de 2012
Algo huele a quemado en la (otrora) muy fiel y reconquistadora

Hoy, jueves 22 de marzo, finalmente tuve acceso al auto de Procesamiento de los dos enfermeros de pública notoriedad; y, tras su lectura, me voy a reafirmar en mis trece de todo lo que he dicho hasta el momento. No es pecado de soberbia sino simple confirmación que si uno suma algún conocimiento, memoria, intuición y deducción lógica, puede construir opiniones más o menos aceptadas pero defendibles sin caer en la cerrazón auto complaciente.
De cuanto dije en denuesto de Prensa, políticos oportunistas y opinión pública versión turba medieval, no he de cambiar una letra y allí está todo lo escrito a lo largo de la semana con la dureza de lo incambiable. En este tema, y por una semana, soy de los que resisten archivo.
Tal vez, nuevas indagatorias y probatorias consigan arrojar más luz sobre el caso pero, hoy, nada hay que me mueva a cambiar de opinión respecto de lo que vengo sosteniendo; mucho menos acerca de la necesidad de reflexionar (y actuar) sobre de los problemas de fondo que desnudó el caso.
El procesamiento (Objeción)
Leo, releo y me pregunto: ¿por qué será que no me asombra que el Juez sostenga que procesa porque él dice que había intención de matar, mientras ambos acusados se mantienen en sus trece de que los inspiraba el deseo de hacer dejar de sufrir y (a estar por lo expresado) no hay un solo testimonio o prueba que demuestre lo contrario? La diferencia penal es notoria: de confesos de actos que resultan en muerte pasan a culpables de homicidio especialmente agravado. Y la pena es enormemente diferente.
El informe del Dr. Patritti suministra datos interesantes: “…no se encontró una causa concluyente e irrebatible de esos fallecimientos”, TODOS ”… los pacientes fallecidos eran casos graves… pero en la mayoría de ellos “no esperábamos un desenlace agudo”.
¿Da ello algún indicio acerca del padecimiento que enfrentaban, que permita inferir que no sufrían y que la piedad no está detrás? No: simplemente determina que estaban graves pero dice el Dr. Patritti que no iban a morir inmediatamente.
Los testimonios de todos los funcionarios hablan de “comentarios”, “rumores acerca del poder de XX sobre los pacientes”, de que no sabían lo que hacían (los enfermeros), pero sí que “lo que supuestamente les inyectan causa ronquidos, falta de aire y bradicardia”. Comentarios, oídas, supuestos. En las películas, “Objeción, Ha lugar, no se anota, el Jurado no considerará lo dicho por el testigo”. Acá se ve que es distinto el Derecho.
La convicción del Juez está basada en la confesión (de los actos médicos), apuntes circunstanciales y testimonios de oídas, o sea, nada que defina con claridad lo que él afirma rotundamente. Nadie los vio hacerlo ni, mucho menos (con lo que se conoce) puede PROBAR su intención de matar. Entonces me pregunto: ¿tiene el Dr. Vomero la cualidad extraordinaria de saber que las confesiones acerca de los hechos son verdaderas pero no las que atañen a la intención? ¿Cómo, si no la tiene, discrimina “esto es verdad esto es mentira? Si sobre esto se asienta la convicción de intención homicida no piadosa, los defensores pueden tener cierta chance.
Hay una contradicción flagrante entre lo que dice el Juez que declararon los imputados y una aseveración en la que afirma algo que antes negó: “… JAAA admitió que le puso la medicación para que falleciera”. (pág. 8, pie) ¿Confesó o no el acusado la intención de matar?
¿Cómo se compadece esta intención que el Juez afirma existió con las declaraciones de los acusados: JAAA: “son pacientes que uno los ve sufrir… si mi madre o mi padre estuvieran en una situación así, yo me acercaría a un médico para que lo sedaran…No fue con el fin de matar a nadie”? MP: “Hay pacientes que son irreversibles y muchas veces, no sé por capricho de quién, no se toman determinaciones como sedarlos y que por fin puedan descansar en paz”. “… no eran al azar… se trataba de pacientes en etapa terminal… en sufrimiento continuo…” “Llega un momento en que no se puede tolerar tanto sufrimiento, llegó al límite de mi persona, tomé una decisión de parar, de hacer que la gente dejara de sufrir… reitero mi intención no era matar sino permitir descansar”.
Aquí no se trata de compartir o no su tesitura, sino de señalar que eso es lo que dicen los acusados y es obligación del Fiscal PROBAR lo contrario para procesarlos por Homicidio muy especialmente agravado. Eso es lo que me dicen los Abogados que consulto (pero bajito: nadie quiere sacar la cara por estos desgraciados y andar meneando tecnicismos delante de un Juez al que, en una de esas, tengo que enfrentar en un caso mío.
Otra pregunta que (me) hago: ¿por qué razón no mataban a todos los pacientes que podían, si el motivo de matar era el delirio homicida del que los acusa tanta gente y se trataba de la famosa competencia que denunció el impresentable Ministro Bonomi?
De los cientos de mensajes de texto encontrados en el celular de uno de ellos, resulta que sólo hay UNO que dice: Fulano “… le dio un medicamento a un paciente y ahora lo están reanimando”. Para el ministro parlanchín, eso es prueba concluyente de asociación para delinquir y conspiración seguida de actos preparatorios. ¿Será por aquello de “piensa el ladrón que todos son de su misma condición o habrña andado leyendo fallos viejos de la Justicia cuando el reo era él? La Constitución permite al Ministro Bonomi decir cualquier cosa (igual que a mí) mientras no difame o injurie; como no lo hago al reiterar que deshonró su investidura y colaboró, sin mérito ni necesidad, a aumentar la alarma pública y, con ella, la presión sobre el Poder Judicial.
Volvamos al Juez Vomero, que es el que lleva el caso: el Código del Proceso le da derecho a proceder así, por supuesto, lo cual no quiere decir que a mí deba parecerme bien; mucho menos cuando su actitud configura una tendencia. Hablamos de un Juez que ha merecido la descalificación implícita (nada menos que por el Dr. Mario Langón, una eminencia en Derecho Penal) en un alegato que incluye párrafos como este:
“El Sr. Juez, como la Sra. Fiscal, en realidad no sabe nada de lo que pasó, al extremo de afirmar, no obstante imputar coautoría, que Dalmao podría ser el autor material, según las nulas pruebas que refiere en el numeral 8 de su fallo (absurdas y supuestas “pruebas” que no son tales, porque son dichos de dichos de terceros desconocidos, sobre frases escuchadas al azar y pronunciadas por anónimos soldados, comentarios vagos de creencias no probadas, en definitiva los clásicos y desechables “testimonios de oídas”)”.
Antes de que el gallo cante, tres veces me negarás
Triste noticia de último momento: Vengo de saber que el Sindicato dejó de pagar la Defensa de su integrante. Linda lealtad de la clase trabajadora. Si sólo merecieran defensa los inocentes, jodido estaría el Derecho y más llenas las cárceles.
He descripto la cancha, el planteo del equipo estatal y el árbitro de esta contienda. Paso ahora a la tribuna, señalando que, en estas circunstancias, no puede sino haber olor a asado.
Arde, bruja, arde
Desde el principio sentí que este caso era una quema de brujas y el paso de los días me lo ha ido confirmando.
Primero señalé la ausencia de datos que sostuvieran las acusaciones de la noticia inicial de El País. Pues los que han ido apareciendo permitirían una defensa plausible a cualquier abogado normal (no parece ser el caso de una de ellos), que tuviera los huevos como para enfrentar a un Juez (que, a mi entender, prejuzgó sobre la base no sé si de un “piedeletrismo” exacerbado, sus propios valores religiosos, una mezcla de ambos o vaya uno a saber qué razones) y también a la opinión pública convertida en masa aulladora sedienta de venganza.
De corazón: me preocupa el fenómeno social desatado. ¿Qué extraordinaria fuerza operó sobre los normalmente moderados y cautos Orientales, tal que logró despertar en los gentiles Dr. Jeckyll criollos a los siniestros Mr. Hyde que pueblan cuanto foro atiende el tema?
Yo creo que el fuego que inflama a la gente ha sido avivado por el viento de una Prensa tan irresponsable y amarilla como se pueda pedir, aplicado sobre las brasas del oscuro sentimiento de culpa que deviene de la doble moral (de honda raigambre clerical) que les lleva a enfrentar la duplicidad de condenar a los gritos a los reos y saberse cada uno cómplice o coautor en situaciones en las que la diferencia entre ellos y los dos pobres tipos que han puesto en la pira es, precisamente, la ausencia de esa complicidad.
Ni más ni menos, según los acusados dicen y nadie puede probar que sea falso, lo que hicieron fue tomar, muchas veces y por cuenta propia, una decisión que normalmente toman los familiares exhaustos de dolor propio y ajeno junto a médicos que honran su deber verdadero (que no es prolongar protocolarmente el padecimiento sino hacer que la vida de sus pacientes merezca ese nombre).
No entro a analizar si está bien o no que eso suceda, ni si estuvo bien o no lo que hicieron Acevedo y Pereira; eso sería mezclar mi propio juicio moral y no se trata de ello sino de encontrar luz en la siniestra oscuridad que se cierne sobre nosotros en estos días.
“Asco y miedo” titulé mi columna más dura (hasta hoy) al respecto. Con lo que tengo de información agregada, lamento no haber podido perder ninguna de las dos sensaciones; como tampoco pierdo la esperanza de que este asunto nauseabundo nos ayude a madurar como Sociedad.
Quiera la vida darnos una clase política que sepa promover los cambios constitucionales y legales que nos den, como adultos y libres que somos, control absoluto sobre nuestra vida y nuestra muerte. (Iba a decir “nos lo merecemos” pero, atento a nuestro comportamiento social de estos últimos días (¿años?) me parece que es más un reclamo filosófico mío que un merecimiento general).
En cualquier caso, es como debería ser.
martes, 20 de marzo de 2012
El caso de los enfermeros 3 - Asco y miedo (Permiso, Don Figares)

Asco y miedo.
Tal lo que me provoca, no el hecho en sí, sino la reacción que observo en nuestra Sociedad alrededor del tema de los enfermeros del Maciel y la Española.
Sé que la enorme mayoría se va a calentar conmigo pero, como no vivo de mi popularidad (pero sí necesito tener la conciencia tranquila para dormir y, si no digo esto, no la voy a tener) acá estoy. No defendiendo causas perdidas (algo nada ajeno a mí, pero no sé si esta lo sería) sino diciendo lo que pienso del caso y, más que de él, de la enorme ola de mierda que levantó; la cual sólo denuncia de qué están llenas las aguas que la conforman.
Por las dudas, para que nadie se alarme: voy a dejar de lado la politización infame del tema, tan infame como la de enero (cuando se pedía la renuncia de Bonomi por el número de asesinatos). Me voy a centrar en nosotros, los ciudadanos, no en “ellos”, los políticos, que siempre tienen la culpa de todo.
No sé nada respecto del tema en cuestión, es decir: lo que sé es lo que leo, escucho y veo en la TV; y, por eso, reitero mi aseveración: no sé nada. Y como yo el resto; pero ya hay dos tipos linchados por asesinos en serie y se “sabe” que su móvil no era la piedad del “despenador” porque (según dijo el Juez Vomero, de cuyas dotes para la imparcialidad y el apego a la probatoria ha dado buenas muestras el Caso Dalmao) la última víctima “tenía el alta firmada” y muchos de los pacientes “eliminados” no eran “terminales”.
Sobre tan endeble base (declaraciones brevísimas y trascendidos, ya que no surge información real, no se publica tramos de los interrogatorios y nada es sino especulación) los tipos han sido lanzados a la hoguera; y hasta hay un Estúpido con Título (de Criminólogo) que los bautizó en TV (donde esa raza tiene continuamente sus quince minutos de fama) “los Asesinos Seriales de la Historia Uruguaya”. ¡Imbécil! Asesinos seriales son Jack el Destripador o Red John, el de El Mentalista. Estos dos cometieron el delito de homicidio repetidas veces, aún no se sabe por qué (bien que haya indicios en la cotidianidad hospitalaria de que la eutanasia es práctica corriente) y en su accionar nada hubo de truculento ni de reto al Sistema o a la Policía. Al menos, que se sepa.
El argumento de que no obraban por piedad porque murió una señora anciana y muy enferma “que tenía el alta” y al parecer al parecer uno la había inyectado a cae de su peso ni bien alguien se ponga a analizarlo. Voy a intentar.
a) No se precisa ser muy vivo para saber que sólo uno de ellos pudo haber finado a la Doña; o sea que, si cierto fuera que la mató “sanita”, habría sido él y no los dos el despiadado. Pa la turba, Ségual: marchen dos “ángeles de la Muerte” al horno. (Dicho sea de paso: ¿alguien se acuerda quién era el Ángel de la Muerte? Joseph Menguele, el Nazi que se faenó algún millón de personas. ¿No se les habrá ido un poco la mano, compañeros de la Prensa Libre? )
b) Hace demasiados años sé, por experiencia, que una buena parte la gente que sale “de alta” de un hospital va, simplemente, a morir a su casa; porque ya no hay nada para hacer. Pues, por lo que leo, escucho y veo, a nadie le dio por preguntar si era el caso; ni reflexionar acerca de las declaraciones de su nieta, quien dijo ayer que los familiares se enteraron que “había algo raro” cuando los llamó la Policía. Para ellos, había sido un desenlace normal, si bien doloroso, porque, aunque había salido del CTI, la viejita estaba muy enferma. Nada inesperado.
Joder con las certezas sobre las que se eliminó el último resquicio de eventual humanidad del accionar de los dos acusados y se los entregó a las moralísimas turbas sedientas de ¿justicia?
Basado en todo lo que él sabe (pero nosotros no) el Juez Vomero tipificó a ambos enfermeros “Homicidio muy especialmente agravado en reiteración real”. Muy bien, dice la Ley y los respetuosos ciudadanos. Algunos, incluso, con su moral a la espalda y piedra en mano (seguramente con aquello de la primera salvado con 12) piden perpetua, pena de muerte, morta a las brasas y cosas de esas. Se lee de todo en las Redes.
A mí me gustaría estar más seguro de lo que estoy antes de ponerme contento, y voy a seguir explicando por qué.
De las desafortunadas declaraciones televisivas del Juez, hay otro detalle que se escapa completamente de la consideración general y ya lo señalé al pasar: … muchos no eran terminales. Implícito en esas palabras está el reconocimiento expreso de que, de haberlo sido… qué sé yo… en una de esas… se justificaría algo. (No lo puede decir abiertamente el Sr. Juez, ya que (gracias a las rémoras religiosas pegadas en la semi hundida embarcación del nuestros laico Estado y Libertad) en Uruguay la eutanasia (como el suicidio) es delito; y no es cuestión de que ande un Magistrado haciendo apología).
El tema es que, mano en el corazón, lector, el que esté libre de culpa… ¿Quién de nosotros no ha debido enfrentar el espanto y tomar la decisión de autorizar administrar “el cóctel” para que un ser querido deje de sufrir? ¿Te pasó? Cumplo con el penoso deber de comunicarte que, según la tesis en boga, sos “Coautor de Homicidio muy especialmente agravado”. Si no te pasó pero lo sabés, sos Cómplice (por ocultamiento). Chupate esa tanjarina. Dejá ese cascote en el suelo, apagá la antorcha y seguí leyendo.
Ahora quitemos la sentencia (la médica) del medio y veamos qué da la ecuación. El paciente no es “terminal”. ¿Y? ¿Tenés la menor idea de lo que es vivir con una enfermedad crónica grave pero no mortal per se? (Lügerit, Cuadriplegia, Dolor neuropático, Esclerosis múltiple discapacitante, Migrañas en racimo, hay decenas). No tener cercana la muerte es el peor castigo para quienes las padecen.
Pues, en ningún remanso de los ríos de tinta y saliva que se han derramado sobre el caso, alguien se detuvo a analizar si alguno de los fallecidos era de este tipo de pacientes. Al menos en la información que manejo, nadie se ni hizo estas preguntas, pero los dos tipos arden en pública hoguera y ni siquiera se les dio el alivio de besar la cruz al son del “Salva tu alma” de sus sotanados ancestros.
Es posible que las respuestas a mis preguntas sean todas negativas y sea yo un ingenuo o un buscapleitos. El tiempo dirá. La verdad, si llegara yo a tener razón, será una victoria a lo Pirro: viendo en lo que nos hemos convertido los mesurados y cautos Orientales, ya ni la alegría de estar en lo cierto me puede sacar la sensación.
Empecinado como buen Vasco, voy a ser definitivamente yo y creer que, como dice la mandala, en toda esta oscuridad hay un punto de Luz; y, sean estos tipos o no lo que dice la Tele, me gustaría que, movidos por el caso, reflexionáramos acerca de estos temas.
Si no es posible ahora, hagámoslo cuando ya no suenen las campanas, se hayan apagado las brasas, el viento haya despejado la humareda y llevado lejos sus cenizas; y el recuerdo de estos dos desgraciados sea una sombra de las muchas que se menean a nuestro alrededor.
Concedámonos, pronto, la posibilidad de consagrar en la Constitución y en la Ley que los Ciudadanos somos adultos y que, además de votar, manejar, fornicar y ser dueños de cosas, lo seamos de nuestras vidas (y muertes).
Sólo así no necesitaremos de la asistencia subrepticia de ningún ángel, ni andar armando tormentas con matracas.
lunes, 19 de marzo de 2012
De Ministros pintados, el Turismo (ignorado) y nosotros que lo quisimos tanto

viernes, 16 de marzo de 2012
De genuflexos, tercos y vanos emcumbrados

viernes, 9 de marzo de 2012
¿Y por casa, cómo andamos?

Aquella consigna, que acunó mis siestas adolescentes, vino a mi mente cuando leí este artículo
http://www.elobservador.com.uy/noticia/220146/gobierno-y-canales-de-tv-privados-alineados-contra-el-grupo-clarin/?referer=titulares-de-la-jornada.
Trascartón, mientras pensaba, dos canciones que se reiteran cotidianamente en mi magín al leer las esperpénticas evoluciones del discurso y accionar de la Disquierda local.
Una, aquella con la que nos cuadraron las esferas en la Campaña del 2004 (“Todo cambia” de Julio Numhauser, no de la Negra Sosa) que debe clamar mi atención, seguramente, por aquello de “…y así como todo cambia, que yo cambie no es extraño”.
La otra, "Juan Copete", con letra de Francisco Acuña de Figueroa, autor de la letra del Himno Nacional (o sea que esto de los panqueques es cosa antigua, no vaya uno a creer que la inventaron los frentachos como inventaron el Uruguay próspero y moderno), con la que nos aleccionaba “el flaco” Zitarrosa (cambiándole el final para acomodarla a su discurso participativo y popular) diciendo:
“Si el que ayer vino en chancletas hoy anda en soberbio coche, atrapando a troche y moche cargos, honras y pesetas;
si a otros dan duras galletas y él logra el blando rosquete, ¿quién te mete, Juan Copete?
Si un truhán, con arte y risa logra un caudal que atesora, aunque el público no ignora de dónde salen las misas, y si al entrar en pesquisas, le vuelcan el cubilete,
¿quién te mete, Juan Copete?
Si con astucia, Fabricio logra hacerse diputado, y de un cargo tan sagrado hace ganga y beneficio; si afloja con artificio cuando es preciso que aprete,
¿quién te mete, Juan Copete?
Si olvidando la constancia que le impone su deber, vende su voto al poder por una suerte de estancia; y se le dan importancia en vez de darle el grillete,
¿quién te mete, Juan Copete?
En fin, una cosa sola diré, y lo demás es paja: si, quien debe, el mal no ataja; no dejes correr la bola, aunque gastes tu parola y digan:
Si el enderezar entuertos no es cosa que te compete
¡igual metete, Juan Copete!
Tal vez por eso (tiro por la culata) acá me tienen, ex chancletudos, truhanes, Fabricios redivivos y rebautizados, vendidos por treinta monedas a la oligarquía mediática (diz que defendiéndonos de la invasión extranjera). Amigos de los Defeo, los Romay, los Devoto y de todos aquellos a los que odiaron, despreciaron e insultaron por décadas (cuando estaban en el llano) y por cuyo vínculo denostaron a todos los gobiernos que, mal o bien, hicieron este país; a los que hoy abrazan felices de haber conseguido que ahora tuerzan las cosas a su favor, como antes lo hicieron para otros.
Además de panqueques, burros: el poder no tiene partido, nabos. Mientras no los jodan mucho, los Medios y la Oligarquía son oficialistas sin importar quién gobierna; porque así tienen, siempre, la sartén por el mango, chorizos.
Saludos de Zitarrosa, que se revuelve en su tumba.