lunes, 26 de octubre de 2009

Rareza. Un debate serio, profundo, cálido y afectuoso sobre la anulación de la Ley de Caducidad


Fede, qué bueno saber de ti!!
Me gusta poco eso de nomás resultarte entretenida mi retórica, pero es de lo mejor que me han dicho los pocos que se han dignado responder no ya a este sino a la media docena de artículos llenos de argumentos que publiqué en el último mes. La tuya incorpora la novedad de las ideas, así que mi agradecimiento es expreso.

Hace años utilizo el método de la cita, que no sólo ordena el debate sino que impide las deformaciones, por involuntarias que resulten ser; y vi que te es grato. Empiezo.

Cita: La verdad que me resulta muy entretenida tu retórica y decidí escribirte no solo para alcahuetearte, sino para ahondar un poco en relación al contenido de tus últimas intervenciones argumentando en contra de una posible derogación de esta cuestionada "Ley de Caducidad",

- Alcahuetearme sin más no estaría mal para mi vanidad, pero me gusta más lo que hiciste.
Comienzo la respuesta rectificándote: no sólo no me opongo sino que en mi primer artículo (están todos en el blog) postulo como buena y deseable la derogación de la Ley; piedra en el zapato de todos los que tenemos principios, y que ya cumpió con su objetivo de lubricar la salida (o la metida del penúltimo choclo de la dictadura militar. El último fue Berríos).

Cito: hija, como yo, de una periplo de nuestra historia que quizá hoy, visto a la luz de nuestra actual sensibilidad social, pueda resultar “bárbaro” para algunos e incluso incomprensible para otros.

- El problema de pensar en la apuesta que vas a hacer el domingo con el diario del lunes es que -además de inútil- te da una perspectiva necesariamente errada. Napoleón llegó a Egipto arrancando cabezas (literalmente), pero resulta que la Historia terminó diciendo que le llevó la civilización. ¿Qué dirá la Historia de esta etapa de nuestra vida política? Estamos frente a un caso atípico, donde el que cuenta el cuento es quien perdió la guerra. El MLN-T y el PC perdieron la guerra pero indudablemente ganaron la batalla cultural y -como consecuencia directa de ello- hoy la gente de tu edad tiene una visión parcial de la situación y una parte la de mi edad parece querer olvidar algunos hechos tal cual sucedieron.

Para poder entender el proceso que llevó a la Ley, hay que haber estado empapado de cosas tales como el No del 80', las Internas del 82', el Decreto del 6 de agosto 83', el Pacto del Club Naval, la proscripción de Seregni, la cárcel de Wilson, etc.; asuntos todos que cito en mi primer artículo. Seregni estuvo en el Club Naval en representación del Frente, y por supuesto que allí no se dijo a los militares que no se los iba a perseguir, ni mucho menos lo contrario. Estaba implícito que no, en una negociación hacia una salida incruenta, donde los que lo tenían entregaban el poder ante la evidencia de que intentar conservarlo implicaría una represión feroz de futuro incierto.

Cito: Creo que por el solo hecho de que haya sido tenido en cuenta en la campaña del 1989, de la que sinceramente solo un vago recuerdo conservo,

- El propio Gonzalo Aguirre (que fue quien brillantemente señaló que aquél plebiscito no significaba el enfrentamiento entre un montón de desalmados amorales y los defensores de los principios, sino el enfrentamiento entre dos éticas: la de la responsabilidad y la de los principios) sostenía el criterio y ha dejado hasta por escrito la opinión que hoy por primera vez en veinte años convalida la Corte.

Cito: no es elemento suficiente para justificar, lo que entiendo, muy indulgentemente calificas como “abollón específico y circunstancial” a la separación de poderes. Yo, con todo el respeto que me merece nuestra gente como colectivo y conociendo el hilo de sucesos que antecedieron a dicha decisión, - digo conociendo, ya que resultaría pretencioso creer entender un contexto del cual, si algún conocimiento tengo, es solo a través de lecturas y/o relatos-,creo que, en crónicas de Aureliano Folle sería algo así como “un choque frontal de magníficas proporciones y con resultados fatales” para nuestra constitución.

- Te agradezco la franqueza de señalar la dificultad de tener una opinión completa sólo por referencias; ya que -de pasada- estás dando por bueno lo que digo aunque luego te contradigas. No son ustedes quienes deben laudar eso: ya lo hicimos los que la sufrimos y sabíamos de qué venía la cosa.

La justificación es in totum, no es parcial. La Ley es un parche, y uno anda con un parche hasta que puede comprarse otra goma. ¿Ha llegado el tiempo en que podemos derogarla? Pues lo hacemos, pero hacer como que no existió nada? Jamás.

El abollón es eso y nada más: circunstancial acotado y a término y, tan no es fatal, que allí está la Constitución, vivita y coleando, el Parlamento y la Suprema Corte funcionando, el Ejecutivo acatando y ejecutando, y todos contentos. Ah, y me olvidaba de los que -con esta Ley de por medio- están y estarán presos . Nada de eso existía entonces, y sí unos militares no muy convencidos de la conveniencia de entregar el poder.

Fea, injusta, inconstitucional, lo que quieras: mene frega. Acá estamos, el país va para adelante, ganó el Frente, y uno de los guerrilleros perdedores es el futuro Presidente, los milicos chito calladito, y todo el mundo en el Corso. Lo único que no sucede es lo que de todos modos no sucederá, con o sin Ley: ni un sólo dato verdadero llegará, ni un sólo hueso aparecerá, hasta que a alguien se le ablande el corazón o esté tan próximo a la locura o la muerte que no le importe traicionar el compromiso de silencio que lo une a sus camaradas combatientes. Horrible por sus consecuencias, es un código de honor y, para entenderlo, hay que bucear un poco en el alma del adversario; no sólo despreciarlo y amenazarlo con Jueces, escarnio y cárcel.

Cito: Pero el resultado de mayores consecuencias en este siniestro, el que violenta aún más profundamente nuestra conciencia, es la resignación de nuestra sociedad dada la vigencia de esta Ley, a un valor humano fundamental, aquel por el cual todos los hombres y mujeres somos iguales ante la ley, sin que existan privilegios ni prerrogativas de sangre o títulos nobiliarios. En este punto no encuentro “tela para cortar”, ya que esto trasciende incluso nuestra constitución para constituir un pilar fundamental de la democracia en todo el planeta - recogido incluso por monarquías constitucionales España, Gran Bretaña o Japón, etc – y que por encima de todas estas instituciones, estados o leyes, se constituye en un valor de esos que uno quiere dejar bien incrustado en el corazón de sus hijos.

En 1989 no hubo resignación sino una decisión madura, adulta, una opción entre lo deseable y lo posible, que no violenta mi conciencia sino mi sensibilidad y espíritu de justicia; como tantas cosas que suceden en esta vida. Pero no por eso junto firmas para meter presos a los biznietos de Rivera por la masacre de Salsipuedes.

Hay tres mentiras universales: 1) Yo nunca miento 2)Todos iguales ante la Ley 3) La puntita nada más. (Perdoná la caída, pero no deja de ser serio quien se atreve al humor). La igualdad ante la Ley es el equivalente constitucional del "Amáos los unos a los otros" del Cristianismo, el "Libertad, Igualdad y Fraternidad" de la Revolución Francesa, el "A cada quien según su necesidad..." del Socialismo. La Constitución marca metas, rumbos, habla de derecho a la vivienda, a la educación, al trabajo, a la salud, a la dignidad; y nada de eso es completo, ni se acerca siquiera en algunos casos a ser verdad. Y no por eso la Constitución es falsa o miente. Paso a paso, hay que seguir tratando de acercarse al ideal.

Yo quiero lo mejor para mí, mis hijos, mis adversarios y los hijos de mis adversarios. Por eso, a los míos y a los que puedo, les muestro principios bien elevados, raciocinio y flexibilidad. No me gustaría cortarle una mano a un hijo, pero si el Dr. me dice "... bueno... yo no puedo hacer nada más. Nnno estoy seguro... pppupuede que no le pase nada , pero... existe riesgo de que la infección regrese, y en una de esas se muere", ¿sabés qué hago? Se la corto yo mismo, con los dientes si no tengo bisturí.

Supongo que es imposible transmitirte la sensación de quienes tanto pusimos para la recuperación democrática, al sentir que todo se ponía en riesgo nuevamente. Agregá saber que blancos y colorados estábamos solos, tras la incalificable actitud del Frente; que se negó a votar la Ley Zumarán Batalla (mucho mejor que esta). Jaime Pérez llegó a decirlo públicamente: déjenlos que ellos voten esto y se incendien. ¡Cálculo político! Después hablan de principios.

Nunca el fin justifica los medios si éstos son malos, pero ver que pasó lo que quería me deja tranquilo con mi conciencia. El "si hubiera" no corre para los que tomamos decisiones; y vos bien lo sabés. A lo hecho, pecho.

Cito: Por esto es que más allá de las convicciones personales o simpatía que puedan despertarme las diferentes facciones políticas a las que lamentablemente se ven asociados detractores o defensores de la Ley - ya que creo que ésta no es una dedición de corte político sino humano- es que, si bien puedo comprender la “utilidad” de la misma, en un momento “específico y circunstancial” , creo que hoy ya cumplió la funcionalidad que algunos pueden atribuirle no teniendo más lugar, no en nuestra legislatura, sino en nuestra alma.

- Estoy de acuerdo en que uno no es responsable de quiénes lo acompañan en algo, ni por qué.

En mi alma, esta Ley nunca tuvo lugar, ni en la de un alto porcentaje de los que la votamos con lágrimas en los ojos. Si no la querés en la Legislación, promové la derogación y yo te firmo primero. Se puede hacer hoy mismo: el Frente tienen la mayoría absoluta, y los acompañarían muchos blancos, colorados, e independientes.

Cito: El derecho que mueve a un pueblo a levantar una bandera y luchar por su independencia, el que lo lleva a validar una constitución, a modificarla cuando lo encuentra conveniente, es el mismo que le otorga la autoridad para promulgar o derogar una ley, para plebicitar o re-plebicitar otra... es el derecho que todo pueblo tiene ( o debería tener), es el derecho a la libertad, a la libertad incluso de equivocarse una y otra vez. Y el pueblo es hoy tan soberano como lo fue en el 30, como lo fue en el 84, en el 89, y también en el 2004 y nos guste o no, ostenta la misma autoridad.

- En Derecho existe lo que se llama cosa juzgada, y eso invalida de plano tu afirmación respecto de re-plebiscitar. No siendo por eso, estoy en un todo de acuerdo con lo que aquí decís, con una salvedad: cada Sociedad es heredera de su pasado, dueña de su momento histórico, y sembradora de los futuros. La diferencia enorme entre el 30,el 84, el 89, el 2004 y el 2009, es que en éste se pretende modificar el pasado, y eso es lógicamente imposible, éticamente reprobable y ajeno al Derecho imperante, hoy y acá.

Además, es inútil. Si el plebiscito por la anulación triunfara y nadie interpusiera un recurso de inconstitucionalidad (no hay nada más inconstitucional que la retroactividad del Derecho), todos los casos descartados con anterioridad podrían reabrirse, pero las defensas apelarían indicando que la anulación no existe en nuestro sistema jurídico, y habría que llevar cada caso a la SCJ, la que tendría que expedirse acerca del punto. O sea: un nudo gigantesco, muchísimo ruido, la destrucción del principio de certeza jurídica, nadie o casi nadie más preso, ni un hueso ni tumba ni un dato más. Y una mierda que hace veinte años era vieja, revuelta y volanteada por toda la Sociedad.

Cito: Para quien también intenta cultivar la libertad como el pensamiento, quien entiende que esta no debería nunca subordinarse a la espada, como tampoco a la pluma, no ve otra cosa que una pluma que respondió a los intereses de una espada que utilizó la influencia que algunos otros tenían sobre una sociedad, desconcertada por lo que había vivido en carne y a la que la urgencia de una salida justificaba lo propuesto… y quizá entienda, pero lejos, lejos está de ver un esbozo de LIBERTAD en aquella decisión.

- Los debería y no debería son propiedad de cada uno, comparto los tuyos, no tus dichos y -afirmo- hubo mucha libertad en la decisión (se puede ser libre bajo presión, y es muy digno tener miedo); y, sobre todo, responsabilidad. No hubo subordinación del pueblo a los intereses de los portasables sin honor, sino la libre decisión de sacrificar algo para ganar la tranquilidad de que -con el tiempo- se tendría casi casi todo. Veinte años después, todo lo dicho es cierto, rige lo más plenamente que se recuerde el Estado de Derecho, y la supuesta igualdad ante la Ley suma a su listado tradicional de excepciones (todos los poderosos, los que tienen un buen abogado, un amigo, un dato, etc, etc, etc) a un puñado decreciente de militares que van muriendo uno a uno, abrazados a su convicción y despreciados por casi todo el mundo.

Yo no pensé en mí, en mi furia, en mi dolor, en mi sed de justicia tras doce años de su ausencia y de un miedo atroz, como no quiero sepas jamás lo que es; pensé en un país para mis hijos donde cada uno fuera arquitecto de su destino y nadie le dijera qué podía y qué no, a riesgo de cárcel o vida si no hacía caso.

Lo conseguí, también para mí y la enorme mayoría de mis compatriotas y coetáneos, me duele el precio ajeno más que el propio, pero lo pagué y punto.

Cito: Y es verdad, soy parte de esa generación que discrepa, pero no de esa que se avergüenza de lo que hicieron sus antecesores y que solo busca culpables, todos tenemos nuestras miserias, pero entiendo que de la misma forma que ellos tuvieron el derecho y la autoridad para “enmendar la plana” de los años que vendrían, tenemos el mismo derecho y autoridad para corregir un error -que ni me importa de quien haya sido-

- La realidad cotidiana es el resultado de los aciertos y errores del pasado. No se puede elegir sólo lo que nos gusta y eliminar retroactivamente lo que no. ¿Para adelante? Lo que quieras, y yo contigo; pero no existe el derecho de (ni se puede) cambiar el pasado; ni mucho menos se puede hablar de autoridad para hacerlo. Nadie la tiene, por mucho que te (nos) duela lo que tuvimos que hacer.

Cito: que abriga HOY nuestra legislatura y que a la vista de nuestra actual sensibilidad socava en lo más hondo mi corazón.

Por tercera vez: ¿derogar? Ya. Ya. Hoy mismo. Pero esa no te la llevan tus ocasionales compañeros de ruta. La Ley no se derogó porque Vázquez (buscando votos prestados) se comprometió a mantenerla y al riguroso respeto de la decisión popular del 89. A medio período, algún ultra inventó lo de la anulación, y pocos creyeron que la cosa viniera en serio. Creció, se dieron cuenta, el Frente necesitaba una "causa" que reuniera a la militancia y le devolviera la cohesión perdida en ejercicio del Gobierno, y -tarde pero- a firmar.

Anular la Ley (esta o cualquiera) es un caso en el que es peor la enmienda que el soneto. Para presuntamente reparar la violación (a término) de un (único) aspecto constitucional (separación de Poderes, ya que la del principio de Igualdad la descartó la propia Corte en el mismo fallo que motivó esta charla) se vulnera en forma permanente el principio de certeza jurídica, legislando retroactivamente.

No hay ningún país (ni los que sufren dictaduras desde hace 40 años o más) en el que se legisle para atrás. ¿Será un capricho? ¿Le vamos a enseñar Derecho al mundo?

Cito: Un cálido abrazo,

- Otro. Que puedas hacer la mejor elección. Y gracias de nuevo.

viernes, 23 de octubre de 2009

Reflexiones finales acerca del plebiscito por la anulación


Anular la impunidad. Verdad y Justicia. Juicio y castigo

Así gritaban ayer los parlantes, las cadenas rengas y parciales otorgadas por el Presidente de todos y todo aquél que le pareciera bien; y grita hoy cuanto espacio de impunidad hay (Internet, volantes, affiches, pintadas, vocingleros embanderados, etc). No honraré con un instante de atención la segunda consigna, descartada hace veinte años por más de la mitad de los que votan con los que la proclaman. Al decir del Sr. Futuro Presidente, “…tiene un jedor a venganza de la puta que lo parió”. Se viene abrazo con ADEOM, FENAPES, etc.

Verdad y Justicia, pues. Lindos conceptos, altos ideales, lejos, muy lejos de nuestra humana capacidad; sueño y motor de quienes conservamos viva la utopía, fácilmente arrojables a los demás para lo general, guardados en incómoda mochila y no siempre aplicados en el ejercicio de la vivencia cotidiana. Pero acá apuntan a otra cosa.

Verdad. No es la Ley de Caducidad la que nos niega el conocimiento del destino de los desaparecidos, ni su ausencia lo habilitará. Esa información es prisionera de un código de honor entre camaradas combatientes, que incluye el silencio y la asunción colectiva de la responsabilidad. Hace pocos días vimos al Ministro Bonomi hacer uso exactamente de la misma prerrogativa. El popular “Bicho” no asesinó por la espalda al policía. Estuvo ahí, sabe quién fue, no lo dice y se hace cargo colectivamente de todo. No hay buen deseo, Ley ni Juez que pueda con eso. Nos guste o no.

Los militares no dijeron la verdad cuando no les podía pasar nada. ¿Por qué habrían de hacerlo porque los lleven a declarar de prepo, arriesgando –además- ir en cana por cómplices?

Justicia. Esto está aún más lejos, pero el Poder Judicial no tanto, y viene de desmentir el absurdo eslogan de Ley de impunidad. Con la Ley vigente, aparecieron hijos, hubo procesamientos y condenas. Los casos donde hay pruebas seguirán procesándose, el Goyo y varios más no saldrán vivos de la cárcel, y los que se escaparon morirán solos en el exilio y unánimemente despreciados (por torturadores, asesinos y cobardes que no comparten el destino de sus camaradas caídos en desgracia).

Si triunfara el plebiscito y cayera esta Ley, el Derecho seguirá existiendo y –producido el hecho- cualquiera podrá elevar a la SCJ una solicitud de declaración de inconstitucionalidad de la anulación. Si la solicitud no prosperara (y ello lleva tiempo), o si ello no tuviera efecto suspensivo, ni bien citado alguien como indagado, su defensa hará arrastrarse las causas desde Apelaciones hasta la Suprema Corte, señalando la notoria incongruencia entre la legislación retroactiva, la práctica jurídica uruguaya y varios preceptos constitucionales muy caros a la Cátedra local y universal. Será allí y entonces, cuando llegue y caso a caso, donde habrá que ver cuántos pares son tres botas. Todo ello con los indagados en libertad.

En la hipótesis de que la Corte decida sentar jurisprudencia universal y declarar que es constitucional cambiar el pasado jurídico, empezará cada juicio, y –tal vez- alguno vaya preso mientras se lo juzga. Habrán pasado casi cuarenta años, no hay pruebas concretas de casi nada, no hay documentos, fotos, mucho menos confesiones, sólo testimonios de la parte denunciante y poco más. Hace una semana agarraron a unos tipos sentados arriba de dos toneladas de drogas y a otro que compró el barco y -como no hay cómo probar algunas cosas- hay uno solito en cana. ¿Qué puede suceder mediando tanto tiempo, tal escasez probatoria, sumadas a la ocultación premeditada y sistemática?

En Uruguay no existe el Testigo colaborador que se salva por enterrar a los demás, así que no será por conveniencia que confiesen. ¿Será que el hecho de llevarlos a juicio les mejorará la memoria, los hará más sensibles al sufrimiento de sus enemigos o sus hijos, y les hará violentar el código de que hablaba antes? Si lo hacen, son boleta. No es probable que los maten, pero los despreciarán corporativamente, que es más o menos lo mismo: la corporación es el último reducto de no desprecio de que disfrutan. Olvide amig@, eso no sucederá.

En suma: ni más ni mejores juicios, ni castigos, ni verdad ni justicia, pero sí mierda volando por todos lados durante años, y adiós al principio de certeza jurídica. A partir de ahora, nada es seguro, porque lo que hoy no es ilegal mañana puede que lo sea, y -aunque no lo supieras- eras/eres un delincuente y cana contigo, ya que no podrás ocultar las pruebas.

No hay caso: le doy vueltas y vueltas y sigo convencido de que esta propuesta no ayuda a mejorar nada, y generará además (en caso de que el plebiscito no prospere) una gran frustración en todos sus propulsores y más rencor entre los que ya lo padecen; que sé no es tu caso, y me apresuro a reconocerlo.

Espero haber podido colaborar a tu reflexión. Te deseo un buen día, fin de semana y la mejor elección.


Es hora de reflexión. Voto epistolar ¿Por qué?


Ayer me encontré con la novia de mi hijo. Salió el tema del voto epistolar. Yo no había dicho una palabra y me dice: - Yo no voy a votar. Eso es una joda. - ¿Por qué, m’hija?, pregunté. - En casa llegan cinco sobres en cada elección (hasta el de mi abuela, que murio hace un año), y vota solo mi vieja. - ¿Y ? Está bien, los demás no sienten tener derecho a interferir en la vida política de un país en el que no viven. - No, no me entendiste, Carlos. Vota ella, cinco veces. Manda los cinco sobres con lo que se le antoja.

¿Garantías dijo?

SI. Voto por …

Preguntando estoy. ¿Leíste la redacción del artículo que se propone agregar? Es espantosa y habilita el voto epistolar desde Uruguay, pero eso no es lo peor: encomienda a la Corte Electoral hacer lo que le parezca al respecto. No al Parlamento, no al Poder Ejecutivo, no a una Constituyente: a la Corte. Una Corte que, por decir algo, no ha podido ser renovada por problemas políticos, una Corte que -integrada por quien sea, por respetable que sea- no depende de nadie, tiene y tendrá las manos libres para hacer lo que se le antoje con el tema. ¿Vamos a otorgar ese cheque en blanco?

¿Por qué ningún experto en Derecho Constitucional está de acuerdo con este plebiscito? Tal vez sea porque analizan el tema desde ese punto de vista. Y apesta.

Recojo de Internet algunos argumentos.

“Dentro o fuera del pais, si eres de Uruguay tienes derecho a votar”

¿Estás seguro? Según la Constitución y las Leyes, sólo tiene derecho (a votar o a cualquier otra cosa que devenga de integrar la República) quien vive y está en Uruguay. (Constitución, Art. 1)

Todos somos uruguayos ; y todo queremos lo mejor ;asi que apoyo al voto epistolar!!!

Buena Intención y Principios : Aprobado. Lógica y Derecho Constitucional aplazado.

Los que estamos afuera queremos poder decidir!!!

Imagina. Tu espos@ se fue de casa. Por la razón que sea. Se enamoró de otr@, necesita tiempo, quiere recuperar su identidad, no podía quedarse porque no conseguia trabajo y no quería estar colgad@, no te aguantaba más o vicecersa. El hecho es que se fue. No vive más contigo, no aporta a la vida familiar, a su sustento, a la atención de los niños, la tuya, la de sus padres, los tuyos, la Contribución, los impuestos, el seguro, la nafta o la patente del auto. No te ayuda a arreglar las roturas de la casa, a cocinar, lavar, planchar, barrer, pintar. No come la comida que cocinas, no sonríe cada día con tu alegría ni ve tus lágrimas de cansancio o frustración. No nada. No todo. A veces llama, te manda un mail o chatea contigo. En una de esas hasta te manda plata cada tanto o viene en las fiestas a buscar los gurises.

¿Vos le permitirías decidir cómo tenés que gastar tu sueldo, qué tenés que comer, qué ropa usar, con quién tener sexo, de qué color pintar las paredes, cómo manejar o mantener el auto, o a qué bailes o escuela o liceo pueden que ir los nenes? ¿Verdad que no? Cada uno manda en su casa, y en su vida. Nadie se opone a que escuches su opinión y la tengas en cuenta, pero ¿permitirle decidir? Si vale para ti, tu vida y tu casa ¿por qué no para el país?

Vota si para que el voto no sea una frontera

La frontera no la ponemos los que no votamos a favor, sino el Artículo 1 de la Constitución, que incluye en la Asociación política denominada República Oriental del Uruguay a todos aquellos que –nacidos en su territorio o no- viven en él. Alcanza con leerlo.

Artículo 1º.- La República Oriental del Uruguay es la asociación política de todos los habitantes comprendidos dentro de su territorio.

Es así, y agrega al precio de tener lo que se quiere y aquí no se consigue, pero es claro que quien emigra renuncia voluntariamente a las obligaciones y derechos que implica pertenecer a dicha Asociación. Duele, pero no hay mucho donde dudar.

Espero haber ayudado a tu reflexión. Te deseo un buen día, fin de semana, y la mejor elección.


martes, 20 de octubre de 2009

Ser o no ser (inconstitucional): esa no es la cuestión


La Suprema Corte de Justicia acaba de emitir un fallo a favor de la solicitud de la Fiscal Guianze relativa a la inconstitucionalidad de la Ley de Caducidad en un determinado caso. Ante ello: un par de reflexiones.

La primera, es que el fallo es novedoso en este sentido, en tanto todos los que se presentaron a lo largo de décadas han recibido decisión contraria. Cosas de épocas e integración, nada más. La Ley es la misma que el Pueblo respaldó oportunamente por mayor margen que el NO del 80’ en contra de la Constitución de los militares. Lo cual me lleva al fondo del asunto.

Según dice la Constitución, el Gobierno se compone de tres Poderes, uno de los cuales (el Judicial) es integrado completamente por gente que el Pueblo no nombra, como sí lo hace con los de los otros dos. O sea que -si hay un Poder que poco se vincula al Soberano y su voluntad- es este. La gente común (entre la que me cuento) no tiene idea de cómo ni por qué estos señores (que terminan teniendo tanta ingerencia en nuestras vidas) son nombrados, promovidos, etc. Pero allí están.

El Estado es una creación del Soberano, el cual delega en organizaciones especializadas la prestación de determinados servicios, casos típicos los de la legislación, la administración ejecutiva y la de la llamada Justicia (Derecho y gracias, diría). En ciertas ocasiones, como los referéndum y plebiscitos, el Soberano recupera momentáneamente su delegado poder, y resuelve acerca de determinados temas sobre los que es consultado. Tal el caso de la Ley de Caducidad, que recibió una contundente convalidación por el 60% de los votantes el 16 de abril de 1989.

Hay una máxima que dice:”El que puede lo más, puede lo menos”. El Soberano de cada época convalidó desde 1830 cada Constitución que se le propuso, y aceptó o rechazó múltiples propuestas de modificación. A sabiendas de que esta Ley violentaba un determinado aspecto (ya que por supuesto que esto se dijo y tuvo en cuenta en la campaña de 1989) el Soberano resolvió que era mejor aceptar ese “abollón” específico y circunstancial a la separación de poderes, y mantuvo con firmeza la Ley plebiscitada.

Me pregunto entonces: ¿quién tiene razón, La Corte o el Pueblo? No lo sé, pero sí sé que quien nombra y mantiene a la Suprema Corte le dijo a los tres Poderes del Estado: “Esta Ley se queda. Si es o no constitucional, arréglenlo, o no hagan nada, eso es tema suyo; pero la Ley se queda”.

Tal vez sea por esa convicción que –con todo respeto por la enjundia técnica y moral de los señores Ministros- me tuvieran tan sin cuidado los dictámenes anteriores como este.

lunes, 19 de octubre de 2009

Epistolar: ese voto que el alma no me pronuncia (2)


Cinco razones de peso para no votar sí. 1) La propuesta es contraria al Art. 1 de la Constitución.

2) Elimina tres garantías fundamentales (secreto, identidad y libertad de presión del votante en el acto de sufragar) .

3) Es injusta para los que nos quedamos. Imagina. Tu espos@ se fue de casa. Por la razón que sea. Por gusto, necesidad o imposibilidad de quedarse. Se fue. No vive más contigo, no aporta a la vida familiar, su sustento, la atención de los niños la tuya, la de sus padres, los tuyos, el seguro, la nafta o la patente del auto. No arregla las roturas de la casa, no te ayuda a cocinar, lavar, planchar, barrer. No come la comida que cocinas, no sonríe cada día con tu alegría ni ve tus lágrimas de cansancio o frustración. No nada. No todo. A veces llama, te manda un mail o chatea contigo. En una de esas hasta te manda plata cada tanto o viene a ver a los gurises.

¿Vos le permitirías decirte cómo tenés que gastar tu sueldo, qué tenés que comer, qué ropa usar, de qué color pintar las paredes, cómo manejar o mantener el auto o a qué escuela tienen que ir los nenes? ¿Verdad que no? Cada uno manda en su casa, y en su vida. LQQD.

4) La reforma está muy mal redactada. Habilita el voto epistolar a todos los uruguayos que tengan el derecho EN CUALQUIER PAÍS EN QUE RESIDAN O SE ENCUENTREN (ergo, acá también. O sea que... marchen tres millones de sobres con decenas o cientos de listas en cada elección nacional o municipal, más el escrutinio primario de todos los que decidamos no ir hasta el Circuito. ¿Te imaginás? La Corte tendría más empleados que el Ejército.). ¿No me crees? Leé la resolución del Parlamento (la papeleta por supuesto que no lo dice).

5) Quiero un debate parlamentario del tema serio y reflexivo , y una reforma ídem. Esta no lo es.

Un beso

sábado, 17 de octubre de 2009

La Ley de Caducidad y la pretensión retroactiva de unos cuantos

Más allá de que la convicción democrática, el nivel de información y el rigor en el análisis no vienen asegurados en ningún número de firmas (por alto que éste sea), la voluntad de más de 300.000 electores nos convoca y eso no es cosa de descartar alegremente.


Como desconozco quién terminará leyéndolo, no sé cuánta ni cuál información vinculada al tema de fondo manejará; así que haré un poco de Historia tal como la recuerdo, tan verdadera y subjetiva como la que hoy es oficial. Son cuatro párrafos nomás, no da para asustarse.

Entre 1973 y 1979 la cosa era así: para algunos, no morir antes de tiempo, para muchos, no ir en cana, para otros muchos, conservar el laburo o no meterse en problemas, para muchos otros, reconstruir el país tras haberlo “salvado de las garras del comunismo internacional”. Entre 1980 y 1981, para todos, el tema era salir de la sorpresa de la campaña previa y el resultado del Plebiscito constitucional propuesto por el gobierno militar; para los que estábamos en la cosa, aprovechar su confusión y ocupar cada vez más espacios de libertad. De 1982 al 84, tratar de consolidar los espacios ganados, a la vez de liberar y des-proscribir a todos los que se pudiera. En 1985, recuperado el gobierno para los civiles y la libertad para todos, la mano venía mucho más de ver qué porción de poder conseguíamos mantener los civiles bastante triunfadores frente a los militares más o menos vencidos, que de a cuántos de ellos podíamos meter presos, con todo derecho y regocijo.

En el camino ya habíamos tenido que pagar precios tales como las proscripciones de toda la Izquierda ajena a los Partidos tradicionales en las elecciones internas de 1982 (con el Partido Nacional íntegramente representado), la prisión de Wilson y la proscripción de Seregni en 1984 con éste libre, el Frente en tesitura de negociar y los blancos furiosos, no sin razón). La criatura democrática de tal suerte nacida era medio deforme y rengueaba un poco, pero vivía; y era hermosa a los ojos de los que la habíamos engendrado con tanto esfuerzo y parido con tanto dolor. Rehabilitados los tres Poderes, se sucedieron la convocatorias de la Justicia, y la corporación militar trancó fuerte, obligando a pagar la última amarga cuota de la salida rumbo a una vigencia más plena del Estado de Derecho.

Forzado por los hechos, el sistema político pergeñó la Ley de Caducidad que el Parlamento aprobó a fines de 1986, cerrando un paquete compuesto por la Amnistía para presos políticos y conexos, la liberación anticipada de los responsables de delitos de sangre, secuestros extorsivos, políticos, etc, y la reparación económica y restitución laboral de funcionarios públicos perseguidos por la Dictadura. La Ley fue un renuncio y de ello no hay dudas, pero aseguró la salida entregando la menor cantidad de impunidad que se pudo; la cual hubiera sido mucho menor si el Frente hubiera acompañado la Ley Zumarán - Batalla. Quienes no recuerden o no sepan de qué hablo, pregunten por ella y también qué dijo el diputado frenteamplista Jaime Pérez en la ocasión. Si no encuentran quien les cuente, estoy a la orden.

Quedó claro desde entonces que los que fueron capaces de actitudes como esa (del mismo tenor de moral política de las negociaciones en el ESMACO previas al golpe de Estado (militares peruanistas, generales del pueblo... ¿le suena a alguien?), están discapacitados para invocar la ética y los principios al defender sus posiciones. Cualquiera. Todas.


Al empezar 1987 (tras la siesta veraniega), el país volvió a tratar de seguir andando. Los desconformes recogieron firmas y en 1989 se plebiscitó derogar la Ley. El pueblo (el mismo del 80’ y por porcentaje algo mayor) de nuevo dijo NO, convirtiéndola en una de las pocas leyes de nuestra Historia que cuenta con el respaldo expreso del electorado. Como en los Tribunales: tras la apelación el Supremo se expresó. Cosa juzgada.

El Artículo 1 de la Ley dice a texto expreso que el día de su aprobación (o el de su convalidación plebiscitaria, da igual) “ … ha caducado la pretensión punitiva del Estado para los crímenes políticos y conexos…”, salvo los que prevé el Artículo 4. O sea que -desde el punto de vista penal- la Ley ya operó. Podría haber sido derogada al día siguiente, sin que el resultado hubiera cambiado ni un poquito, salvo una levemente mayor agilidad del trámite judicial de los casos que prevé dicho artículo.

Es esa la razón por la que -pese a contarse con la mayoría necesaria- la Ley no se deroga; extremo que contaría con amplio respaldo en la opinión pública, y dejaría felices a la ONU y los firmantes del Pacto de Costa Rica. Es esa la madre del feo borrego que delicadamente llamaré “el artilugio constitucional propuesto”; ingenioso giro jurídico al que considero lógica y éticamente incorrecto, además de política e institucionalmente peligroso. Intento a continuación demostrar por qué.

Los que creemos en la Democracia lo hacemos a sabiendas de que es un sistema imperfecto, que no asegura que nos vaya a gustar el resultado de cada votación sino que todos tengamos iguales derechos a y al participar. Cada voto (inspirado por las razones o sinrazones que cada uno alberga en su cabecita y corazón) vale uno; se suman, y la mayoría decide. Tenga razón o no, esté bien o mal lo que decidió (eso lo sabrá Dios si es que existe y se ocupa de estas cosas), el mandato mayoritario es inapelable. Sólo en el caso de las elecciones es de recibo perseverar y plebiscitarse cada cinco años hasta ganar; cosa que parecen no entender los promotores de este ano contra Natura jurídica.

Desde el punto de vista de la ética política, el tema de la Ley de Caducidad está cerrado y no debería haber debate al respecto. Nos guste o no lo que el Pueblo decidió en 1989, lo hizo con toda claridad; y nadie, repito, NADIE, por importante e ilustrado que sea, o por convencido que esté de que la razón le asiste, debería sentirse por encima de esa decisión del Soberano; sin importar las circunstancias en que ésta haya sido tomada.

Si válido es lo dicho para los que -votando a favor o en contra- produjimos aquella realidad, pretender que una nueva mayoría pueda hacer desaparecer lo que quienes sí lo vivimos decidimos en su momento explota en su sinsentido y se torna inaceptable; máxime cuando dicha mayoría está integrada por un número importante de personas que no tienen conocimiento directo de los hechos a que refiere la Ley.

Dos veces malo, tiene este asunto del re-plebiscito un lado bueno: elimina la necesidad de volver a discutir la Ley de Caducidad. El tema planteado para octubre próximo no es anularla (eso no es posible en nuestro actual ordenamiento jurídico, aunque a la gente le hayan dicho que sí y con eso obtenido un alto porcentaje de las firmas), ni habilitar a la Justicia a juzgar a los responsables de tanta barbarie (eso se puede hacer con la Ley vigente, y está demostrado), ni tampoco definir quién está del lado de los principios (eso ya quedó claro en el planteo del plebiscito de 1989: en ambos bandos hay defensores y violadores de principios). Lo que está en discusión es si los uruguayos queremos o no modificar el pasado a nuestro antojo. Todo lo demás, es ruido político.

Expuesto el que entiendo es el centro de la discusión, paso a fundamentar mi oposición.

No me gusta la Ley de Caducidad, como no me gusta lo que hicieron y siguen haciendo nuestros militares entre el 12 de diciembre de 1972 y el día que digan qué pasó con los prisioneros, dónde están sus cuerpos, y reconozcan sus gravísimos excesos y responsabilidades. Tampoco me gusta lo que hicieron los tupas desde 1962 hasta que hagan lo propio, el aparato armado de los bolches (si bien este fue en dictadura, lo cual cambia ciertamente la perspectiva) ni la barbarie desatada en busca de información al respecto (que también la relativiza, pues si hay armas un militante se convierte en combatiente). Lejos están de agradarme lo que hicieron Pacheco y Bordaberry (padre) o las negociaciones de algunos frentistas con los militares antes del Golpe. Nada de eso me gusta, pero ello no me habilita a negar que existió, ni mucho menos a legislar retroactivamente en el sentido de tal negación.

Para quienes cultivamos la libertad y el pensamiento, cualquier tema puede ser -por definición- objeto de debate. Sin embargo, la vida enseña (y yo aprendí) que algunas cosas pueden tener discusión pero no vuelta, y una de ellas es el pasado. Si quieren y les parece bien, pueden cambiar la Historia de los libros, videos y programas de TV, y decirle cualquier cosa a los jóvenes; pero no se puede hacer que el pasado sea diferente. Es lo que fue, lo que sucedió; y quedó en cada uno, presente pero atrás. Al menos para mí.

Sin comprenderlo, los promotores de esta iniciativa intentan que los votantes uruguayos de 2009 (cientos de miles de los cuales ni siquiera habían nacido en los 70', ni aún en 1986) decreten que la voluntad expresada en su momento por los únicos habilitados para hacerlo, no existe más. Peor aún: que nunca existió.

Es como sostener que un hijo único, que piensa que sus padres hubieran podido darle hermanos, tiene derecho a obtener la anulación del matrimonio de sus progenitores; contra su voluntad pero con los votos de tíos, primos, vecinos y otros que ni se enteran de cómo fue la cosa pero que les parece mal que -ante la duda de poder mantenerlos- no se animaran a tener más hijos. Y los descasan de prepo.

¿Tonterías? No. ¿Preciosismo jurídico? Tampoco. Lógica pura. De ser cierta la premisa "Se puede anular el pasado jurídico por la voluntad del electorado del presente”), si lo es para la Ley de Caducidad lo es para cualquier pieza legislativa o constitucional. Y eso es espantoso, sin necesidad de ejemplos. Saber que el Derecho no es retroactivo en ningún país del mundo ayuda mucho.


Resultado parcial: Ética y Lógica 2, Plebiscito 0. El peligro institucional y político es obvio, ya que el resultado de aplicar el criterio es más perjudicial que hacerlo con la Ley a anular. LQQD.

Voy cerrando. He escuchado por allí que a algunos jóvenes les da vergüenza decirle a sus hijos que los abuelos avalaron con su voto la impunidad de la peor lacra de la Historia, y por eso hay que anular la Ley.

“A los chicos hay que decirles siempre la verdad”, dice Marcos Mundstock, mi Gurú. Díganle, adoctrínenlos nomás, y déjennos esperar que crezcan para explicarles. Por otra parte: Cordero, Gavazzo, el Turco, el Pájaro, el Goyo y tantos otros, siendo muy mala gente, son Papá Noel comparados con Hitler y compañía, ¿verdad? ¿Alguien escuchó que a los alemanes (que han pedido perdón e intentado reparar cuanto pudieron) se les diera por hacer un plebiscito para decir que Auschwitz no existió, anular las elecciones que ungieron primer mandatario al segundo genocida de la Historia (el primero fue Stalin, por muerte), o que haga constar en la Constitución Federal que no les gusta ese tramo de su Historia? Como escribió Rabelais, no jodáis que me atormentáis.


Escuché otra presunta razón para apoyar la anulación: “Uruguay no merece esta Ley”.

Pregunto: ¿merecemos los Orientales a Artigas, la Junta de Buenos Aires, el Éxodo y al Caciquillo? ¿A Lavalleja, la Cruzada Libertadora, la Convención preliminar de Paz y la mediación británica? ¿A Rivera, Salsipuedes, Oribe, Suárez, o la Guerra Grande? ¿A Varela, Latorre y la Reforma? ¿Los levantamientos armados de Aparicio, de Saravia, los Máuser y las carreras de degollados? ¿Merecemos a Batlle y Ordóñez, a Herrera y el país que hicieron posible junto a los anteriores? ¿La crisis del 29? ¿A Brum y Terra? ¿El Graf von Spee y el Calpean Star? ¿A Luisito, a Titito, a la UBD, al 383, al Colegiado, a los Tupas, a Pacheco, a los Peirano, a la JUP, al FER 68, a Líber Arce, a Pascasio Báez, el Escuadrón de la Muerte o el jeep ametrallado? ¿Merecemos el 14 de abril, el 18 de abril, el 9 de febrero y el 27 de junio? ¿La tortura, las violaciones, el silencio heroico y la delación? ¿El 58% por el NO en el 80’? ¿El 42% por el SI? ¿La ASCEEP, el PIT, el río de libertad, el Pacto del Club Naval, la prisión y la grandeza de Wilson? ¿A Sanguinetti, al Cuqui, a Jorge y las siete plagas incluidos los Röhm y los Peirano (bis)? ¿Merecemos 20 años de administración municipal frentista, 15 (y contando) de irracionalidad de ADEOM, la Ley de Educación y las escupidas y trompadas de los profesores, la Ley de Salud reproductiva y el veto? ¿Merecemos ver a Tabaré abrazando a Bush, a Chávez, a Shimón Peres y al Obispo; a Peñarol 6 años fuera de la Copa, a Daisy duchándose y a Marita bailando arriba de una mesa?

No sé. Sé que sucedió. Y que con el pasado no se discute.

Es normal que una generación discrepe, y aún que se avergüence de lo que hicieron sus antecesores; pero es inaceptable que -desde la comodidad del diario del lunes, de la paz y el estado de Derecho reconquistados por ellos como mejor pudieron- se sienta autorizada a enmendarles la plana.

Como inaceptable es que, una vez más, el PC, el MLN y ahora la izquierda liberal, la usen (y a su inocencia, su desconocimiento de la Historia, su maravilloso sentido de justicia y su buena fe); esta vez no para derrocar un Gobierno tan malo como legítimo (como hicieron con muchos de nosotros entre el 68’ y el 71’), sino para torcer retroactivamente la voluntad popular.

Puede que tengan “Derecho”.

Pero no Autoridad.

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Selección de escritos anteriores de Eldo Lappe
http://sites.google.com/site/eldolappe

sábado, 10 de octubre de 2009

Por qué NO voy a votar en blanco en octubre


Estoy convencido de que debería votar en blanco una vez más pero… no se relama, Senador Mujica. Pese a lo que digo más abajo y a mucho que no, no lo voy a hacer.

No soy yo quién para decir que no soy tibio, falto de compromiso, gil, eterno desconforme o pardaflórico; pero sí, seguro, para asegurarle que no es por falta de coraje que no lo voto, Señor.

Se necesita coraje (y mucho) para votar por lo que uno piensa y no a favor de los propios intereses. También para andar a la intemperie política, proclamando ideas propias, sin lamer coyundas, pedir bendiciones, favores ni cargos, en un país muy afecto a confundir disciplina con obsecuencia, premiar la aquiescecia genuflexa y castigar el disenso leal.

Le agradezco, eso sí, haberme forzado a terminar estas líneas. Hace días pugnaban por salir. Su mojada de oreja tuvo el efecto contrario al buscado, ya que ahora voy a hacer campaña por el voto útil, yo que tanto lo desaconsejé.

Para decirlo a su modo: ¿Con mi voto mayoría automática? ¡¡Minga!!

Casi digo pindonga, pero hay damas.

Así que, no. No voy a votar en blanco. He caído en la cuenta de que -dado que no participan del cómputo de votos para dividir las bancas- los votos en blanco o anulados son votos a favor de la mayoría absoluta (en este caso del Frente). Por esa razón y por ser la opción que -sin hacerme feliz- más se acerca a mi perfil, voy a votar al Partido Independiente; y aconsejo a quienes aún no se han decidido a que lo hagan en igual sentido o por cualquier opción no oficialista; como forma de no apoyar la actitud absolutista perpetrada por esa bancada a lo largo de esta Legislatura. Es más: si es para hacer lo que hicieron en usufructo de un privilegio raramente otorgado por la ciudadanía, no quiero volver a ver un Partido con mayoría propia en el Parlamento (y no apoyaré tal posibilidad) hasta constatar cambios profundos en la cultura política uruguaya.

Para los que gustan de reflexionar, expondré a continuación las razones por las que que me vi tentado a votar en blanco una vez más, razones que mantienen su vigencia más allá de la decisión expresada más arriba.

El sistema político uruguayo lleva medio siglo haciendo méritos para empeorar su imagen entre el común de la gente. El promedio cultural, intelectual, filosófico, político, técnico y hasta retórico de dirigentes y aspirantes a todo cargo por designación popular o premio consuelo, ha ido decayendo sin parar; y con él la calidad del gobierno y la gestión pública.

Empecé a votar en elecciones nacionales libres en 1984, y lo hice por el partido en el que -proscripto y todo- militaba desde 1982. Ganamos, y dio para celebrar: el cambio en paz prometido se prudujo, los presos políticos y conexos salieron de la cárcel, el salario real creció 30% en tres años, los derechos constitucionales se reinstauraron, se consiguió sortear la crisis de las citaciones en la caja fuerte del Gral. Medina, etc. etc. En la interna empero, no pudimos incidir del modo previsto y el Partido aplastó la renovación. Volví a votarlo, por pura lealtad a un Gobierno que apoyé sin integrar, y que en el 89’ se caía a pedazos. Es uno el leal, lo merezca o no el objeto de su lealtad.

En el 1994 y 1999 voté en blanco. En 2004 la Izquierda llevaba casi cincuenta años gobernando la Universidad, quince la IMM, y la cosa era más para dudar que para celebrar. Si no pueden con lo chico, ¿por qué van a poder con lo grande? pensaba. Las opciones no eran mucho mejores, así que hice pesar la esperanza sobre la experiencia y voté la 2121. O sea que yo sí los voté (como antes al PC) y no me arrepiento: el tiempo peor perdido es el de arrepentirse de lo hecho con ilusión y buena fe.

Surge de lo expuesto que casi la mitad de mis votos en las nacionales ha sido en blanco, lo cual posiblemente se debe a que soy uno de esos “…giles… que votan en contra de sus intereses de clase… faltos de compromiso… a los que nada les viene bien… que no (me) votan por falta de coraje …” como dice el Senador Mujica, o -tal vez- al hecho de que, habiendo militado en la resistencia, en la salida y en la reconstrucción democrática, intentado por seis años colaborar con el mejoramiento de la actividad política y once con el de la gestión pública- me siento con cierto derecho a observar el tema con ojos especialmente críticos.

Es 2009, y hay que votar. Pasado el primer gobierno “ nacional y popular” (como si, salvo dos, no lo hubieran sido todos), tras el presuntuosamente autoinvestido “primer gobierno progresista del Uruguay” (¿no hubo ninguno de Don Pepe para acá?) hay unos cuantos “detalles” que me habilitan a, una vez más, ejercer mi independencia política.

Capítulo especial para la estrategia mediática y de Campaña que han sabido compartir los dos partidos que compiten por la Presidencia ya desde las Primarias; por así llamar al conventillo en que han convertido a la comunicación pública de sus dichos (ya que no el debate público de sus ideas). Hemos asistido al mero encadenamiento de lugares comunes y medias verdades dichas como enteras, destinado a denostar al adversario y/o enfervorizar a la hinchada, en el tiempo que sobra de lanzar al voleo insultos, deméritos y calificativos que han alcanzado última e insólitamente hasta a los propios votantes.

Lo peor, sin duda, ha sido la adopción por Prensa, asesores y candidatos, de la metodología instaurada con gran éxito por Paul Joseph Goebbels (aquél de “Miente, miente, miente que algo quedará. Mientras más grande sea una mentira más gente la creerá”). Para postrer alegría del Ministro nazi, sus seguidores han generado sucesivas olas mediáticas de falsedades, que incluyeron la acusación al Dr. Gonzalo Aguirre de comparar a Mujica con Hitler, y al Dr. Lacalle de querer cortar con motosierra la inversión social, el Plan Ceibal o las Asignaciones Familiares (faltó nomás la pierna ortopédica de Darío Silva). También el Senador Mujica cayó en la volteada, acusado de no creer en el Poder Judicial, querer implantar la cultura de los Khoisan y eliminar la propiedad privada.Para empatar, los neo goebbelianos soi dissant de izquierda hicieron que un montón de circunstancias, reunidas de prepo y a sabiendas de mentir, sirvieran para acusar al Dr. Bordaberry de comprar campos a precio vil. Basura y más basura.

Todos lo vimos, todos lo sabemos: Aguirre dijo que ser popular y conseguir votos no es sinónimo de ser demócrata (lo cual es verdad) y dio ejemplos. Hay formas más felices de decir la verdad, pero eso hizo. El Senador Mujica tampoco dijo nada de lo que le atribuyen. Filosofó, sí y en privado, acerca de la justicia humana, y usó en sus aclaraciones públicas el mismísimo giro que el Dr. Lacalle cuando habló del Caso Braga, palabrota más o menos. Cotejaba otro día en su magín la cultura de unos pobres morenos semidesnudos del desierto africano con la de los sindicatos uruguayos; pero cometió el error de decirlo frente a algún nabo con grabador. Lo incineraron. El Dr. Lacalle dijo un día que recortaría (repreguntado dijo que con motosierra) el gasto superfluo, los contratos de obra y los cargos de confianza, con lo que temblaron primero algunos amigos, luego las rotativas, los videos y los celulares. Pasto bien seco para los fuegos neogoebbelianos. El Dr. Bordaberry firmó un trámite ante la Intendencia de Maldonado para una empresa que, después y sin su intervención, quiso comprar unas tierras en Soriano, tema que está en la Justicia. Un funcionario de morondanga, tan confiable y recto que ha sido repudiado en pasacalles del Sindicato del Instituto que dirige) ató las dos moscas por el rabo, se irguió en Juez y Jurado (a cacunda de Fassano et al.), eructó una denuncia viperina y salute imagen recién salidita de la tintorería de la Historia (a fuerza de laburo y votos) del carismático Pedro. Caca de mosca, cuando la Justicia opere y lo libere de la sombra de la duda, pero caca al fin. Como autor y difusores (sin investigación previa) del infundio. Fascismo del bueno. La dejo en estos ejemplos para no alargar.

Ahora sí las diez razones intra sector político de mi vocación “votoblanquista”.

Hace unos meses expresé mis sensaciones ad hoc en los dos capítulos de las Confesiones de un políticamente incorrecto. El paso del tiempo sólo ha solidificado mi convicción de la conveniencia de no dar voluntariamente mi voto en octubre a ninguno de los presidenciables. Paso a detallar por qué; y -ya que sí los voté- empiezo por el Frente.

1) Me resisto a apoyar a un partido que, aún después de tener la oportunidad de entender lo que es gobernar y habiendo proclamado a los cuatro vientos ser el Cambio reencarnado

a. Mantiene buena parte de sus definiciones ideológicas y estatutarias ancladas en los 60’ y toma sus decisiones más importantes a través de unas asambleas integradas por personas que no representan más que a los intereses de los grupos (algunos minúsculos) que integran, y no al electorado partidario y su pensamiento.

b. En demasiados casos (algunos muy notorios) incurrió en su gestión en los mismos vicios de improvisación y designación de amigos faltos de profesionalismo cuando no francamente incompetentes; forma de actuar que no se ha distanciado esencialmente de la de sus denostados antecesores. “Tenemos el mejor gobierno compañero, pero no el mejor gobierno que hubiéramos podido”. No lo dije yo sino Constanza Moreira, candidata a presidir el Frente y a Senadora por el MPP.

2) Me niego a aportar a la unción en primera vuelta de un presidenciable que convalidó (por decir lo menos) un Congreso en el que se humilló con saña a aquél a quien hubo que nombrar de apuro en Washington para ganar, pedirle por favor que no se fuera para poder sostener la credibilidad del Gobierno, y obligar a quedarse y aceptar la Vice para no sufrir una derrota estrepitosa, asegurada en una fórmula que no lo incluyera.

3) Prefiero que mi voto no se confunda con los de quienes, habiendo criticado con aires de Robespierre posmo a los gobiernos anteriores por su corrupción, miran para otro lado cuando Marenales dice que hay que terminar con la tapadera.¿Por qué ni un periodista le pregunto cuál?

4) Elijo no convalidar una campaña electoral subvencionada con mi dinero por empresas públicas y Entes, tan novedosa que incluyó actos políticos en contra de los otros candidatos, organizados no por el Frente sino por el PIT CNT, en clara violación de su calidad de entidad que no tiene la actividad política prevista en su Estatuto. MEC y Poder Judicial calladitos. Yo no.

5) Me parece mejor, en la ocasión, no votar a candidatos conservadores.

6) Tampoco a quienes le faltan el respeto a mi inteligencia inaugurando en plena Campaña hospitales o aeropuertos que tardarán meses en estar operativos; o que ayer se oponían con furia a lo que hoy aplauden, y decían “delincuentes” a quienes, ahora, sonrientes abrazan.

7) Prefiero no apoyar a los que no le dan lugar a la renovación progresista, por así llamarla, lo cual bien puede decirse de los tres Partidos grandes. En el Frente predominan leninistas y ultras, mientras se esfuma el espacio socialdemócrata. El electorado nacionalista optó por postergar al Dr. Larrañaga, que -a su modo y en ese ámbito- la encarna. El Dr. Bordaberry representa un modo de hacer política respetable, renueva por edad aunque no por aporte teórico, y no recibirá mi apoyo para restaurar un Partido Colorado conservador. Soy un cadáver político del último intento de renovación batllista, pero un cadáver con memoria. E ideas; aunque no parezca o no se parezcan a las de la mayoría.

8) No quiero que mi voto se confunda con el de tantos advenedizos, ventajeros, corruptos y corruptores como los que rodean a los devenidos poderosos y se han arrimado al Frente desde que lo es; sumando a su acervo propio en la materia. La corrupción no delictiva, lo que sin ser ilegal está lejos de ser ético, la máquina electo-ocupacional, el abuso de derechos, viáticos o posición privilegiada, el amiguismo, etc. no son patrimonio de ningún Partido (como sostenía la así llamada Izquierda y siguen sosteniendo muchos de sus principales) sino vicios del ejercicio del poder. Lo gritan la realidad y el propio Senador Mujica en el famoso libro que no leyó, lo sufrieron blancos y colorados por décadas, mal lo han corregido últimamente, y hay ejemplos en las propias internas como para dudar de las buenas intenciones manifestadas.

De la margarita electoral me quedan, pues, Asamblea Popular y el Partido Independiente.

Siento un gran respeto por todo aquél que abrace honorablemente una causa noble (por inalcanzable que me parezca) y la lleve adelante con su esfuerzo. Entonces ¿por qué no votarlos?

9) Pese a simpatizar con los orejanos (por aquello de que la cabra al monte tira) me resisto a apoyar a un grupo que se autoproclama asamblea del Pueblo, al que el Pueblo ignora olímpicamente desde mucho antes de volverse Partido. Me cae bien ese artiguismo visceral de sus integrantes, pero no alcanza para opacar la barbarie liberticida de seguir proponiendo la dictadura del proletariado, ni el estatuismo mental del no pago de la deuda externa, la refundación del Frigonal, o la nacionalización lechera o bancaria. Eso por no hablar de soñar con completar la línea de forwards con Evo, Correa, Hugo y el Pingüino; y Fidel de DT.

10) Ideológica y organizativamente el P.I. se parece mucho a nuestro intento de los 80’. Socialismo democrático, respeto por la institucionalidad interna, culto de las asambleas como espacio de representatividad y libertad. Exhiben también flexibilidad, una cultura de lo posible, negociadora y componedora (no de componenda) muy agradable a mi paladar; y no han tenido tiempo ni oportunidad de desprestigiarse, pues no se han tenido que meter en la miasma del ejecutar. No tengo claro cuán diferente es el trabajo del Diputado Iván Posada del de sus pares de los demás Partidos, pero le otorgo el beneficio de no negarlo, ya que nunca me detuve a analizarlo.

Eso solo no me alcanzó para votarlos antes, ni me alcanzaría hoy. Me cuesta, además, respaldar al Dr. Mieres tras su comportamiento en el episodio del reto público a Bordaberry para el debate en TV (Vg. su decir que hay que cambiar la política pero hacer lo mismo que los otros). Además, estoy convencido de que Uruguay no necesita más sino mejores partidos políticos, así como de de que los cambios se hacen desde adentro. Con la CBI no pudimos, pero es así, y pensar en Gorbachov ayuda a no perder tiempo discutiendo al respecto.

Nada lo del ojo.

Gracias por llegar hasta acá. Espero merecerlo.