lunes, 19 de julio de 2010

Ha de morir la flor para que el fruto nazca


Hace ya demasiados años, el 19 de julio el Mundo amaneció mejor.


Aunque aquí no pudiéramos celebrarlo públicamente, para gozo de los libertarios en Nicaragua había triunfado la resistencia popular y las tropas Sandinistas, pueblo en armas, derrocaban a la dictadura de Anastasio Zomoza Debayle; uno de los tiranos más sangrientos del Siglo XX (bien que no el más antiguo de los pocos que sobrevivían por entonces, de épocas aún menos democráticas del continente).

Décadas de ignominia parecían terminar ese día; y un ejército de veteranos de 20 años (cuando no menos) comenzaban a forjar la última etapa de la (también última) ilusión de revolución libertaria para nuestros pueblos.

Ríos de sangre inocente y culpable, decenios de ignominia, esfuerzo generoso y manipulación, cantidades universales de sufrimiento de los que siempre sufren (mande quien mande, gane quien gane) parecían ser suficiente.

Se inauguraba el último gobierno popular no emanado de las urnas de América Latina. Había que cambiar, de nuevo pero al revés, "los aperos de labranza por la pica y por la lanza, la humildad por la osadía" y, en vez de ganar la guerra, había que construir la Paz (que es con mayúscula sólo cuando suma pan y libertad, para todos).

Honor y gloria para los que construyeron e hicieron posible aquel sueño.

Comprensión y perdón para quienes se equivocaron de buena fe, para los que después de despertar de la gloriosa borrachera de alegría y magnífico ron (más dulce que nunca en la primera noche de amor sin sobresaltos) no pudieron preservar a aquel hermoso sueño del desgaste cotidiano de gobernar.

Reconocimiento para los que pusieron nuevamente el poder, ganado con las armas y perdido en las urnas, en manos de sus legítimos dueños; aquellos por quienes habían dado todo, cuyo respaldo perdieron vaya uno a saber por qué.


Respeto (y, si podemos, comprensión) para el pueblo, que -en la calma de la libertad reconquistada- siempre parece querer más las cosas que los sueños.

Desprecio, y luego olvido, para quienes -mostrando que para ser revolucionario de verdad no alcanza con proclamarlo, así sea a tiros- lo traicionaron irguiéndose en nuevos señores del viejo explotado, enterrando por el resto de esta vida mi ilusión de que "aquello" fuera no ya bueno, sino (apenas) posible.

Si bien hace años que en los Medios uruguayos no se recuerda esta fecha; más allá de mi desilusión, creo justos la recordación y el homenaje.


Empecinado, me sigo diciendo: el sueño de Sandino vive, aunque otros en su nombre hayan matado a la Revolución.

Y, de a poquito, algo me viene; derechito desde el corazón a la garganta... la anuda...

y se escapa...


Ay Nicaragua, Nicaragüita,
la flor más linda de mi querer,
abonada con la bendita,
Nicaragüita,
sangre de Diriangen.

Ay Nicaragua, sos más dulcita
que la mielita del tapacá
pero ahora que ya sos libre,
Nicaragüita,
yo te quiero mucho más.


SAVAP

Eldo Lappe


Por más información ver Ver http://es.wikipedia.org/wiki/Revolución_Sandinista


----- Original Message -----

From: Lic. Eldo Lappe

Sent: Friday, July 19, 2002 11:23 AM Subject: Hoy es 19 de julio



lunes, 12 de julio de 2010

Inseguridad: la guerra nunca declarada


Montevideo, 9 de Julio de 2010


Ayer pasaron dos cosas espantosas, pero sólo una atrapó la atención de los Medios, porque la otra es noticia de todas las semanas y siguen vendiendo más doce presos muertos y cuatro más muy quemados que un laburante (más) asesinado por quienes lo rapiñaron, seguramente menores drogados, probablemente fugados del INAU. Dos cosas espantosas, pero se habló mucho (y mal) de una, y casi nada de la otra.


Por alguna razón, tal vez esa, esta vez se hicieron muy ostensibles el desequilibrio emocional y la opción moral resultante (entre ellos y yo, yo) que afectan a una altísima proporción de la población que, harta de inseguridad real y mediática, reacciona (cada vez más públicamente) con legítimas brutalidad y escasa elevación de miras.


De todo se escuchó en relación a lo de Rocha, desde "Bien hecho y “Que se jodan" hasta "La del mejor ciudadano y la del peor: una vida es una vida, y vale uno, sin importar de quién sea". Como casi siempre, todos tienen cierta razón: lo que hace cada uno es situarse en alguna de las facetas del problema, sesgar el punto de vista priorizando lo que le gusta y minimizando lo que no; armar el discurso correspondiente; que dejará contentos a los propios y calientes a los ajenos.


Con el incendio del Penal y el absurdo asesinato del Sr. Zeoli, el problema de las cárceles para mayores y menores estalló ayer en la cara de un Gobierno cuyo sustrato ideológico le hace mirarlo con culpa genérica, actuar blanduzco y contradictorio y sumarse así mansamente a décadas de manejo incompetente del tema en las cuales casi todos hicieron casi nada. Para mayor desolación, las formas de análisis y soluciones que se plantean desde el pasado marzo (tanto por el Ejecutivo como por las Comisiones inter partidarias) son inadecuadas a la esencia del tema y –para peor- podrían estar vigentes, tal vez, cuando se apague el último incendio, el que termine con todo, que no el de ayer.


Sé que va a sonar feo, feísimo, pero es lo que pienso: tiendo a ver el problema global de la delincuencia como una guerra que el Gobierno no se atreve a declarar. Para los que no me conocen profundamente y/o piensan que hablo en contra del Frente Amplio, les recuerdo que –según me enseñaron en la Escuela- el Gobierno en Uruguay está compuesto por los tres Poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) en los cuales la Ciudadanía toda delega su autoridad.


¿Por qué afirmo esto? Pues porque se me hace evidente que asistimos a circunstancias que en mucho se parecen a las que llevaron a la declaración del Estado de guerra interna allá por 1972. Hay alarma social, violencia, flaqueza institucional, vacío de poder, mucho miedo entre las mayorías decentes y gente sacando ventaja del caos.


Por las razones que sea, hay un pequeñísimo grupo de compatriotas alzados en armas en contra del sistema que los uruguayos hemos decidido impere; el cual incorpora como valores esenciales el respeto de y por la Ley, el sagrado inviolable de hogar, vida y libertad, la propiedad privada, el trabajo como forma privilegiada de sustento, la libre y segura circulación, la tolerancia y el respeto.


Ayudados por abogados formados gratuitamente en la Universidad de todos acerca de cuya ética prefiero no opinar, utilizan todas las flaquezas formales (y también las fortalezas morales) del sistema policial y judicial para hacer del delito un modo de vida. Los más violentos han conseguido aterrorizar a buena parte de la población, y entre todos, han encerrado entre rejas al resto; en absurda y dolorosamente consentida (resignada es mejor) inversión del deber ser.


Sin hablar de los motivos que los llevan al apartamiento señalado del mandato social propuesto, la diferencia mayor con los de los años 72' es que estos inorgánicamente asociados para delinquir son más foquistas, menos estratégicos y aquellos estaban muy bien organizados; pese a lo cual fueron completamente derrotados sin apartamiento del marco legal, lo cual debería alentar se analice al menos la posibilidad de afrontar el tema con la perspectiva que aporto.


Es un hecho: en la calle estamos en guerra, lo digamos o no, lo asuman y declaren o no el Parlamento, el Ejecutivo y la Justicia. Y en esa guerra los que caen son casi siempre los nuestros, los de este lado, los ciudadanos pacíficos y respetuosos del orden jurídico, a los que el Estado no asegura derechos esenciales mientras sistemáticamente vela por la mayoría de los de sus matadores. Para peor, la broma sangrienta que significa la incompetencia (por decir lo menos) del INAU para cumplir con su tarea de mantener a buen recaudo a los pocos menores que los Jueces se atreven a privar de libertad.


Así pues, es con cabeza de guerra debe ser tratado el tema seguridad y basta de titubeos.


Lo ciudadanos normales disfrutan, en democracia, del respeto por el Estado de todas las garantías posibles, pero para los especiales debe haber tratamiento especial. Claramente refiero a los trescientos forajidos y algunos cientos de presos que, cada tanto, llaman nuestra atención destruyendo un celdario o asesinándose entre sí; que, juntos, tienen a tres millones de personas más o menos normales a mal traer.


En ninguna guerra hay privilegios por ser prisionero o menor: sos un enemigo y como tal se te trata. Además, sin declaratoria ni nada, hoy en Uruguay es generalizada la opinión de que los menores que delinquen como adultos (o peor, porque no tienen códigos ni límites), como adultos deben ser tratados.


Está previsto en la Constitución: las garantías no son intocables, no al menos si las circunstancias lo ameritan, Y vaya si lo ameritan hoy. Le hablo ahora al Poder Ejecutivo y los legisladores: ¿No me podés tocar porque soy menor, botón? Eso sí que "nunca más". ¿Entregados a la custodia de los padres? Una vez. A la segunda, se los declara emancipados de hecho o pagan los padres por ellos. ¿Se escapan del INAU? ¿Queman las celdas una semana sí y la otra también? ¿No hay lugar en las cárceles? A construir campos de prisioneros seguros para todos, mientras se termina con los bellamente diseñados y duraderos institutos de reclusión y rehabilitación proyectados, tan del gusto de humanistas tuertos y Naciones Unidas. Tiempo habrá así para reorganizar el sistema carcelario devolviéndole su sentido redentor, y también para que nuestra Sociedad recupere la ponderación y el Humanismo que la caracterizan en épocas normales.


(Digo de paso que asegurar confort, comida, salud y asistencia social y psicológica a los peores hijos de un país que no se los asegura a sus trabajadores y gente decente, me parece por lo menos una paradoja. Pienso en lo de Rocha y me pregunto ¿cuántos laburantes se pueden dar el lujo de dejar la estufa eléctrica prendida toda la noche para dormir calentitos? Por lo pronto, yo no puedo. Lo pienso porque sin esa rara muestra de confort selectivo no tendríamos que lamentar la desgracia que hoy lloramos. Me sigo preguntando, sin que ello implique pensar en ocultamiento o censura sino perplejidad: los celulares como el usado para filmar el incendio ¿no están prohibidos en la cárcel? Y ya que estoy ¿Por qué yo no me puedo comprar uno con filmadora y memoria como el que tiene ese chorro? Por nabo, dirán muchos. Puede ser.


Vuelvo al punto: no se necesitan millones de dólares para dar una solución de emergencia a esta emergencia nacional, sino un sistema político entero que haga foco, ponga cabeza y pies en la realidad y demuestre ejecutividad y decisión. Hay unas Fuerzas Armadas que no saben vigilar calles ni manejar cárceles pero sí reciben entrenamiento y tienen los medios para construir y operar emplazamientos del tipo que propongo. Hay algunos por allí construidos para la Segunda Guerra que, bien mantenidos, siguen en pie con 70 años arriba. El que me impute querer un Auschwitz criollo es un malintencionado: en cualquier guerra hay que construir lugares provisorios donde –a veces por años- viven tus soldados. En toda guerra se toman prisioneros y hay que tenerlos en las condiciones previstas por la Convención de Ginebra que, afirmo, son infinitamente mejores que las que le hacemos padecer hoy a buena parte de los nuestros.


Todo lo necesario (menos la decisión) está disponible: hay materiales, hay espacio, hay técnicos, hay mano de obra y, sobre todo, hay que hacer algo ya. Porque esa es la obligación que asumieron quienes nos representan al aceptar sus cargos y porque la gente no aguanta más.


No hay quien no escuche a por ahí decir “Hay que terminar con los malandros, alguien los tiene que parar”, cuando no un brutal y sincero “No tienen arreglo: habría que matarlos a todos”.


Si algo no cambia rápidamente, no tardarán los vecinos en organizarse y recuperar ilegalmente el ejercicio de la fuerza legítima entregado al Estado en un contrato constitucional del que, por el momento, del capítulo Obligaciones sólo ve las propias y del de Derechos, los de los delincuentes.


Y todos sabemos que eso es lo peor que podría suceder.


jueves, 8 de julio de 2010

Qué lindo ser(ía ser) uruguayo


El nativo oriental del Uruguay es un bicho raro.


Tocado por el dedo de un Dios que, estadísticamente, no existe para él (al que apela toda vez que necesita algo medio extraordinario), cada integrante de esta numéricamente pequeña nación lleva dentro de sí una brasa eterna. No digo llama porque no es: la llama se enciende cada tanto, casi casi siempre frente a la adversidad. Y eso es uno de los motivos por los que sería lindo ser uruguayo.


Vienen los Orientales de un país donde, más o menos desde siempre todo funciona más o menos bien. Al menos eso te dicen en privado; aunque si se lo preguntas en público, dirán que francamente mal, que así no se puede más, que qué espantoso, que este país no anda ni para atrás, que a qué te vas a quedar acá...


También desde más o menos siempre han desarrollado una extraña habilidad para, en medio del desprecio intelectual, apasionarse por un juego importado desde la rubia Albion, con cuyo nombre se bautizó al club verdaderamente decano (palabra ajena la primera al hispánico origen local pero que -despojada de su b final integra el lenguaje cotidiano, como despojada ha sido la segunda de su sentido verdadero por copetudos fusionados que necesitan sentirse mejor, como si ser más viejos lo fuera).


Es difícil distinguir a un oriental por su imagen externa. Discretos al extremo (saco azul, pantalón gris o combinaciones de similar moderación uniforman su apariencia.(disculpen chicas)), tampoco es la estridencia de su hablar la que les destaca en casa o por ahí, como sí a sus hermanos y vecinos.


Van por el mundo, sin embargo, portando esa brasa, alimentada por décadas de milagros ateos llamados a veces como las tribunas de su Estadio, su ciudad capital o un asentamiento mejorado, y otras Rodríguez Andrade, Vaz Ferreira, Torres García, Varela (José Pedro o Jacinto, da igual) Caldeyro Barcia, Tálice, Iglesias, Fiandra, Ott, Leborgne, Vignoli, Engler y tantos etc. como se quiera.


Si están acá le enseñan a sus hijos en casa a burlarse del himno cantando "... Orientales la papa el boniato ahí enfrente murió un perro ñato atorado con tripa de gato." y lo musitan entre dientes en las fiestas de la Escuela (salvo, a veces, dos maravillosas palabritas tan hermosas y absurdas como las seis primeras, que recuerdan a los poderosos su ominoso y parkinsoniano destino); pero si andan por ahí no lo entonan: lo gritan más con el corazón que con la garganta, que es como hacen casi todo lo que hacen bien (que, si se ponen) es casi todo.


Exterminaron a sus nativos más bravíos, aquellos que les dieron de comer a sus ancestros mejores cuando de puro orientales eligieron dejar el terruño antes que de ser ellos mismos, pero adoptaron su mote y adaptaron su temple a la criolla pachorra. Tuvieron Escuela Pública laica gratuita y obligatoria desde antes que todos y la defienden en todos los discursos y ámbitos, pero desde el más pichi hasta quienes dirigen la enseñanza y el país -si pueden- mandan a sus hijos a la privada, porque es mejor.


Bicho raro, empecé por decir.


Un uruguayo que vive acá al lado nomás, tan junto a mí que a veces me parece que está dentro, que antes me decía que el fóbal es el opio de los pueblos, me dijo hace un ratito ¡Qué lindo es ser uruguayo! ¡Así, no hay problema con perder! ¡Nos ganaron, pero no nos derrotaron!. Con un juez decente exprimíamos la naranja exprimíamos.". Cuando se enoja se pone capicúa al hablar. Simpático.


No me costó saber de qué hablaba: hace semanas que en el país no se habla de otra cosa que no sea el Mundial. En el ómnibus, en las oficinas, las escuelas, los velorios, las fiestas de guardar, sin distinción de género, edad o estatus.


"No tenemos un Messi ni un Ronaldo (en cualquiera de sus versiones), pero nos tuvieron que afanar para ganarnos. Los del 10 se tomaron el trabajo de juntar los "errores" del Uzbeko: doce, como los Apóstoles. Terminamos clavados. Tres veces, como el Flaco".


Ya les dije que en cada oriental habita un hereje.


"Los boludos de los parodistas deportivos dicen que nos ganaron bien, que son mejores. ¡Como si eso tuviera algo que ver con ganar!! Desde siempre Argentina y Brasil son mejores que nosotros, y les pintamos la cara a cada rato. Once contra catorce pueden ganar una vez, cuando los catorce son suficientemente torpes. Cuando son verdaderamente malos (que es cuando son buenos pero aviesos), sonamos".


- Dicen que no, repliqué. Que los uzbekos cantaron el himno con nosotros.


- "Capaz que es cierto, porque supieron cumplir... con el malparido de Blatter. Y bue. Ya lo hicieron con Turquía la otra vuelta para meter a Corea, y antes con Croacia. Es como cuando la Falta salió tercera en Dictadura: hay que festejar como si fuéramos campeones".


Me gustan los orientales. Estos. Que festejan cuartos puestos milagrosos para cualquier otro, despreciados hasta Malasia en uso de una superioridad que ya no es ni será tal, ahora que los demás se avivaron y no se matan entre sí, ahora que todo se ve con zoom y no podemos dar piñazos gloriosos o tirar tierra en los ojos del golero, ahora que el fútbol es negocio y espectáculo de gordos de Armani animando la economía mundial, no deporte de machos sublimando la guerra visceral.


Ojalá puedan ser así, como estas semanas. Pero siempre, no sólo al saber que se les va la vida. Siempre que sientan que los dejan injustamente sin lo suyo. Siempre. Cada día. En la calle, con la bandera de cada uno abajo de la de todos. Sonrientes y felices (no resignados o tristes) de haber nacido por azar, ya que no por gracia divina, en este maravilloso rinconcito (que no culo) del mundo, en la banda oriental del río que caracolea, donde cantan los pájaros pintados y abreva una nación absolutamente única.


Como todas. Pero suya.


Gracias gurises, por hacerme querer ser uruguayo. Otra vez.


lunes, 21 de junio de 2010

¿Nunca más qué? ¿Qué nunca más?


Estuve en el primero (adjunto mi crónica). Nunca más fui.

El sábado, me pareció bien casi casi todo lo que dijo el Presidente en la tele. Haría un par de precisiones nomás: lo demás se lo compro todo.

La primera es que, después de la Libertad, viene una fila a lo ancho, donde no se ceden preeminencia entre sí el respeto por uno mismo y por los demás, por las Instituciones y por el Derecho, la solidaridad y la (pre)ocupación por los menos favorecidos, la fe en la Educación como único método verdaderamente revolucionario y en la tolerancia y la aceptación de las diferencias como método de convivencia.

La segunda es que -ya que se le dio por aplaudir el acomodo de parientes que ahorran- ahorre Usted, Presidente. No diga palabras de más, que enriedan y enredan. Con decir

"NUNCA MÁS TERRORISMO"

a cualquier buen entendedor le alcanza. Igual, a la gilada no hay quien la conforme.

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¿“Nunca más”, qué? ¿Qué “nunca más”? ¿A qué vas, pelado? Una tras otra, las preguntas venían, y las respuestas huían. Una única certeza: qué frío de mierda. - “Frío tienen los muertos, me dice el que me habla, a veces, desde adentro. - Tenés razón, pero vení vos a dar pedal, tesorito, responde mi aterida osamenta.

Déle darle pedal a la vida, me deslizo por un túnel de polícroma estulticia que -desde los carteles- me grita: “El olvido no se decreta. Ninguna reconciliación”. Firma OLC, sigla desconocida para mí, que debe querer decir Odio Libre y Contra, Oligofrénicos Libertarios y Combativos, o algo revolucionario e iluminado por el estilo, casi seguro.

Son las once menos veinte, y Dieciocho está casi normal. Mala cosa. A tan pocas cuadras de la Plaza Independencia, acercarme haciendo fácilmente slalom entre tantos ómnibus y autos, con tan poca gente en las veredas y nadie por la calle, sólo puede significar lo peor: la convocatoria es un fracaso. No hay caso pelado: salvo por el Manya, lo tuyo no es estar con la mayoría.

Primera reflexión, salida de los restos del que supe ser cuando era -a mi modo- parte de este negocio: lo más granado del presente y (believe it or not) futuro del sistema político llamó. Nadie vino. Los analistas hablarán mucho, acertarán poco, y cobrarán bastante por decirnos por qué creen ellos que la gente se quedó en casa. Cada facción dirá que fue porque tenía razón (te vy'a dar punto final y reconciliación, te vy'a dar terrorismo de Estado y nada del otro, te via dar Vazquismo, te vy'a dar...

-Lástima darías de quedarte en casa, responde mi insurrecto de siempre.

Vienen a mi mente los tres dinosaurios no convocantes, que -a su modo- también tenían razón al decir “no, no sé, no puedo, esto es lo que puedo” cuando gobernaban; y también al decir, hoy, “a esto, no voy”. ¿Se arrogarán este pírrico triunfo, los eptagenarios destructores de las divisas históricas? ¿Qué dirá el convocante principal? Si y no, tal vez. Con calma y convicción, seguramente.

Reflexiono: los nuevos líderes políticos se pelearon por (o acataron y fueron a) acompañar al Dr. Vázquez a velar los restos de una buena idea en pésima fecha, salieron todos en la foto y no convocaron a nadie. Se me enciende una luz de alarma cívica pensando en la necesaria representatividad de los partidos políticos, que -a Dios gracias- rápidamente se apaga, cuando pienso que las encuestas dicen que la gente dio por laudado el tema con el triunfo del voto amarillo y tiene otras prioridades. Además, la convocatoria fue tan confusa, que había tantas razones para estar presentes (muchas de ellas incluso antagónicas entre sí); y otras tantas para no venir. Menos mal que Juan Castillo y todos nos dieron libertad de acción. (Pdrrrrrr. VG: pedorreta).

Llegué a Andes y la valla (que puteé bajito y lindo cuando dijeron en la radio que la habían instalado) era para los autos. Menos mal. Pensé que el personalismo del quetedije además del cigarro y la posibilidad de hacerme un aborto, también me arrancaría de las manos el orgullo de haber nacido, crecido y medio envejecido en un país donde los Presidentes están al alcance de la gente al menos los feriados, aunque algún energúmeno use la maravillosa tradición para escupir al que sabe que no le va a pegar ni a hacer pegar.

Vine, vi, y me convencí: no hay nadie. Un puñado de veteranos como (o más que) yo, un montón de gorras y uniformes verdes a la derecha (comme il faut) como yendo pa'l Victoria, un puñado de desubicadas banderas del Movimiento de Rocha, una solitaria (y también desubicada) de las que le afanaron a Otorgués, y cientos de regaladas banderitas uruguayas de plástico con la frase Nunca Más (el Ruso Rosencoff podría hacer la guita con el royalty), flameando al son de una batería de murga que arrancó saludando al Presidente, en ominosa ignorancia del llamado a silencio del clarín.

¿A qué venía yo...” decía uno en la tele, en blanco y negro, cuando yo tenía el cabello en su lugar. Ah, si, ya me acordé. La vez anterior que un Presidente nos llamó a esa Plaza, en 1973, con la gloriosa certeztupidez de mis 17 años, creí que no tenía que venir, que Bordaberry era un facho de mierda y que mejor lo volteábamos y venía un gobierno progresista, aunque hubiera que fumarse a los milicos que cuando les dijéramos cucha se iban a ir. Generales del Pueblo me enseñaron a llamarlos.

Aquella vez estuvieron el Chulo Olveira, mi abuela Nerea, y cuarenta viejas más. Estén donde estén, les mando mi humilde y tardío reconocimiento, y una buena noticia: la semilla de democracia ejercida y defensa de las instituciones que sembraron inadvertidamente en mí, es un fuerte y nada flexible árbol. Quiera Dios que no la haya pero, si hay una próxima vez que alguien ose, no ya levantarse, sino afilar el sable o la ideología contra el Gobierno puesto allí por el pueblo, sepa que me tendrá allí, enfrente, con la mansa certeza que da saber cómo es vivir con miedo y estar seguro de no querer repetir. A muerte será la cosa.

¿A qué venía, yo? Con el apuro, hoy de mañana me olvidé de tomar la pastilla. Ah, si: demás de a cumplir con el aprendido mandato republicano, a llorar mis muertos: mi país que iba a ser, mi Uruguay tolerante, mi lo que pude ser, mis conocidos y desconocidos asesinados, destrozados o simplemente enfermados por la sinrazón; los de un lado, los del otro, y los de ninguno. Ya que estaba, también lloré mi miedo de años, y el de ellos, y la emoción de saber que mis hijos no lo van a tener que vivir, y que -tal vez, si consigo explicarles- ellos puedan transmitir y acrecer esta débil llamita que hoy se llama “nunca más” y mis nietos tampoco lo sufrirán.

Como buen uruguayo, yo tuve razones propias para reunirme a decir nunca más.

Nunca más peludos, aripucas, taiperos, peones de estancia pagos con fichas, uruguayos en la mejor posición explotanto a uruguayos en la peor, defendidos (o no atacados, que es lo mismo) por una legislación creada por y para ellos, y un gobierno que sólo representa servir a la República. Nunca más cantegriles ni pobres que no tienen nada que perder.

Nunca más la mejor gente abrazando las mejores ideas y -en su nombre y en el del amor por el Ser humano- emprendiendo las peores causas y acciones; olvidando lo más importante: no hay idea, por buena que sea, que valga una vida, propia o ajena. Mejor dicho: para la propia hay una: la Libertad. Pero eso es otra cosa, y sólo mi vida es mía (a veces ni eso).

Nunca más un Presidente que crea que porque tiene el 20 o el 50% de los votos atrás puede hacer lo que quiere y despreciar al Parlamento, que -por malo que sea- tiene el 100% del respaldo popular. Ojo, Dr. Vásquez.

Nunca más un Parlamento al servicio de los parlamentarios. Nunca más 383, autos baratos, lujo de la miseria ni falta de Quorum.

Nunca más aparatos armados fuera del Estado (y me gustaría saber hasta cuándo dentro). Nunca más Estado de Guerra interno ni externo, en la calle ni en mi corazón.

Nunca más militares salvadores ni apoyos estratégicos. Nunca más lógica de los hechos ni acusaciones de democracia burguesa: Democracia hay una sola, es la que quiero para vivir, y se lleva mal con los adjetivos.

Nunca más tortura sistemática ni esporádica. Nunca más el poder del estado oprimiendo, asesinando y enterrando clandestinamente a quien debe ser su desvelo, que no es otro que el cualquier miembro del pueblo que le da sentido.

Nunca más A, B y C ni proscripciones. De parte de ningún Gobierno ni de nosotros mismos. Nunca más fachos ni bolches, ni espectadores de la lucha devenidos en cobardes o traidores.

Nunca más nadie sembrando odio en el alma de los jóvenes. Estos o aquellos.

Nunca más tanques en la calle, ni molotov, ni piedras para hacerles frente.

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Yo estuve allí, y les digo: No hay nunca más. No hay reconciliación. No hay punto final. Ni siquiera entre los que estuvimos allí. Pero hicimos bien en intentarlo por primera vez, otra vez, hoy.

No los hay ni los habrá, hasta que -uno por uno, todos- podamos accionar el maravilloso mecanismo humano del olvido. No hablo de perdón: no soy quién para perdonar a nadie: cada uno sabrá por qué hizo lo que hizo, debe vivir con eso hasta el último día, y no es cosa de lo que se dice sino de lo que se siente.

Olvido. Genial invento que nos permite vivir sin el horrible tormento del recuerdo del miedo de nacer, el calvario del parto, el hambre y el frio primigenios, el primer grito o sopapo de Mamá o Papá, el primer rezongo de la Maestra, la primera humillación, la primera traición, el primer desamor, y tantas y tantas cosas tanto, tan, dolorosas que la vida regala a puñados.

Todos lo tenemos.

Sólo hay que usarlo para esto tan chiquito y poco importante que se llama ideología. Si los Familiares no pueden, sabré comprender. Todos los demás que no lo hagan, están, simplemente, condenándose a vivir en el dolor autoimpuesto, que es como el Infierno pero acá, todos los días.

En este mundo Verdad y Justicia son conceptos abstractos. Si las hay de verdad, sólo pueden estar en el mejor y más limpio rincón de nuestro corazón.

Y ahí no cabe el rencor.

Si te rompí demasiado las pelotas, te prometo que nunca más. Pero no te olvides de mí.

Publicado el 19 de junio de 2007 a las 17.28

miércoles, 16 de junio de 2010

Hoy es 16 de junio


Más allá de la falta de educación y de estatura cívica, política e histórica de una Administración municipal capaz de tener el Monumento a Wilson en el estado infame que lo mantiene, repito, como hace muchos años: hoy es 16 de junio.


La respuesta de muchos, probablemente sea "Sí. ¿Y qué?” Juega Uruguay, se levanta el piquete, mañana es diecisiete...


El sábado 16 de junio de 1984 fue, desde mi punto de vista, un día clave para el país. Ese día, regresó de su exilio el Sr. Wilson Ferreira Aldunate, y cada uno seguramente tiene una opinión al respecto y sobre él. O no, pero el tema no es ese.

La tarde anterior, caminando por el Centro, había visto pasar jeeps con ametralladoras de combate empuñadas por soldados de pie, seguidas por camiones de tropas, tanquetas y tanques. Iban a tomar posición en la zona portuaria.


Nunca he sido demasiado valiente, pero ese vano intento amedrentador sólo consiguió despertar en mí una rebeldía final, arrinconada hasta entonces por el miedo.

"Otra vez, no", sentí que me decía "esa" voz que todos alguna vez escuchamos dentro.

"Una vez, ya no salimos a la calle, pero ahora ya sabemos cómo es vivir en el terror. Si no se van, ya no importa. Tiene razón Juan Chahuanco: para vivir como vives mejor no morir de viejo". A esa altura tenía casi 30 años, y una hija de tres. Ambas cosas también me empujaban. Al miedo y a la decisión.

Esa noche no dormí. Reuní todo el (poco) coraje que uno encuentra después de vivir once años con miedo y -muy tempranito- me fui para Agraciada y Nueva York, en la zona donde se suponía nos reuniríamos con otros locos como yo, para manifestar.


Era una hermosa mañana y el panorama, desolador. Unos puñaditos de gente que más evidenciaba su candor que su práctica militante o de lucha callejera, exhibía una modesta y decorosísima decisión sólo superada por su terrible indefensión y falta de condiciones para enfrentar lo que se venía.


Alcanza recordar que por entonces la represión había recrudecido, en directa proporción con la expresión cada vez más inocultable de que la gente estaba harta de los militares. Un tiempito antes, en la feria de Tristán Narvaja le habían pegado a todo el mundo: no se salvaron ni las viejas con la chismosa en la mano, los puesteros. Nadie.


Ahora, habían sacado los tanques. Los granaderos estaban prontos como siempre, y cerca como nunca. Frente a ellos, esperando, con la mansa decisión del que sabe que tiene razón, poco para perder y mucho para ganar, mujeres de tacos altos y cartera, veteranos heroicos (entre los que recuerdo nítidamente a Maneco Flores Mora, por entonces ya herido de muerte por la enfermedad, pero con el alma y la pluma en flor) y unos cientos de nosotros.


Los helicópteros sobrevolaban continuamente la zona, a baja altura, aturdiéndonos con ese sonido característico, para siempre asociado al genocidio de Vietnam, al de Afganistán, y a tantas otras gestas brutales en contra de los pueblos del mundo.


Como a las once y media de la mañana, una columna impresionante de militantes de Izquierda, que habían decidido reunirse detrás del Palacio Legislativo, se reunió con el ya no tan pequeño grupo inicial, confundiéndose en el apretado abrazo de un pueblo que sabe qué es importante y qué no; tan característico de aquella época, hoy tan penosamente lejano.

No pasó nada. Éramos demasiados como para reprimirnos. Wilson fue preso, sus acompañantes cada uno para su casa, y al sábado siguió el domingo.


Pero ya nada sería igual. Aquel glorioso (hoy olvidado) día, un montón de uruguayos le habíamos dicho a los militares, pacífica y decididamente, que la cosa no daba para más. Que ya no había nada que ellos pudieran hacer, más que volver en silencio al lugar de donde nunca debieron salir.


Desde entonces tengo la sensación de que hay un día color corazón que falta en el almanaque, pero probablemente está en el alma de algunos de nosotros mucho más que otros que sí son festivos (al menos en el almanaque).


Para este peladito, el 16 de junio es el Día de la Dignidad; y si fuera feriado, debería estar destinado a conmemorar y volver a disfrutar de algo que hicimos entre todos: recuperar el control de nuestra vida como nación.


No dejo de soñar que vuelvan a nuestra alma la alegría, la esperanza, la tolerancia y la claridad que supimos exhibir entonces.


SAVAP

Eldo Lappe


Estertores piqueteros o Cómo citar a Juana de Arco, el Cr. Damiani, a Rapela y cinco más, sin morir en el intento.


La culpa la tiene el Gobierno (siempre). Hoy, este, que es amigo de los K pero no estatiza la transmisión del fóbal.


Hice todo rapidito, pensando en mandarme un cafecito irgrapés y ver el partido do mais grande do mundo frente al representativo de uno de los pocos sobrevivientes del Jurásico ideológico, invisible para su propio pueblo. Terminé. Ahhh. Me senté. Tomé el control remoto. Clic, clic, clic, clic, clic. Como decían Juana de Arco, Luis XVI, Robespierre, De Gaulle y le dijo Zidane al tano que le habló mal de la hermana: ¡MERDE!


En el 12 Silvina Garrate D’ici, indignada, dice que la Alfano tendría que hacerse ver (como si no fuera el leitmotiv de su existir, y no lo consiguiera ya bastante). En el 5, los sucesores (ingleses) de El Viejo (alemán) protagonizan una (otra) serie policial vieja y horrible. En el 4 el filósofo afro oriental Cheng Ghe Morales habla de Kabalah o tal vez de sus cábalas para el Mundial. Como tirar la camiseta no era la primera, cambié antes de que dijera la segunda. En el 10 dos señoras estudiantes universitarias se agarran de los pelos al grito de “idiotaimbécil” extraña interjección en sí, más aún si proferida en Latino neutro.


Así pues, lo único que me queda es escribir. Debí decir pensar y escribir. Igual nadie me cree. Y tienen razón: la verdad es que suelo escribir primero y después ver qué salió. Si lo merece, lo tiro y a otra cosa. Caso contrario, lo “emprolijo” como decía el Contador y “se exprime” al decir de Cantinflas. Estoy “citero” hoy. La edad tal vez, la yerba nueva, el alcohol, el frío...


Extrañamente, no es el caso. Como fui al Doctor y me comí 70 minutos de amansadora, me dio como para reflexionar un poco acerca de la novela épica “Los héroes de Arroyo Verde: crónica de una muerte anunciada pero dilatada”, en cuyo capítulo 2531 parece que un personaje secundario dirá que hay posibilidades de que alguien razonable tome la palabra en una Asamblea de la ídem.


No será hoy, eso es casi seguro, ya que -a estar por las palabras de su Asesor Letrado- lo que se intentará (tras proponer una barbaridad más) es demostrar que es Uruguay el que -además de ser el causante del conflicto- obstaculiza el proceso de solución al bloqueo pues se opone a una fiscalización “imparcial” en la planta de UPM.


Difíciles de empardar el mesianismo y el desajuste a la realidad exhibidos por esta gente, sobre todo para alguien que, como uno, anda a tientas por la vida tratando de entender un poco nomás, no de encontrar la Verdad, mucho menos de hacerla suya y, después del cigarro de rigor, defenderla del ataque de los malvados. A fuer de sincero: si la encontrara, probablemente no la reconocería, y si lo hiciera, seguramente no sabría qué hacer con ella.


Así que, como tampoco me gusta perder, voy a tener que tratar de cambiar el terreno donde se disputa el imposible debate y de llevarlo a alguno en el que me sienta más seguro. Podrían ser Lógica, Institucionalidad, Derecho, Principios.


Varias primeras planas y todos los canales hablaban ayer a los gritos del tema. Me centraré en la de El País, por ser la más espantosa: “PIQUETE: CANJEAN CORTE POR CONTROL EN BOTNIA”. Escuché por allí que el Presidente Mujica y la Cancillería serían proclives a analizar dicha posibilidad.


Como decía Tincho Zabala: Yo, antes de hablar, quisiera decir unas palabritas:


NO – NAO – NON – NEIN – NIET - LO


¿Por qué no? Empiezo por lo más burdo. Dijo el General Rapela en los 80’: “A los ganadores no se le ponen condiciones”. Le fue mal con el juicio de la Historia, pero tenía razón. No es lógico negociar nada más.


Institucionalmente, es absurdo también. Cuando un loco tira el caramelo para comerse el papel, no es de buena gente sino de orates agarrarlo y comérselo. La Asamblea Ambiental de Gualeguaychú es un club de amigos y Uruguay es un país. Un país que intenta ser serio. De primera, decían por ahí.


Si los señores piqueteros no lo comprenden, si osan vituperarnos porque incumplimos aspectos formales del Tratado de 1976 (justo ellos, que llevan tres mandatos de su propia Justicia incumplidos y amenazan con desacatos perpetuos), si acostumbran negociar con sus jerarcas políticos (y éstos con ellos) en téminos de toma y daca, si aceptan aliento y plata de gobiernos tan inmorales como para dárselos primero y denunciarlos luego civil y penalmente por las prácticas antes promovidas, si en lugar de accionar en la misma Justicia con que los asustan amenazan a los gobernantes en los Medios… si todo eso, allá ellos. Todos ellos.


Y acá nosotros. Acá. Del otro lado de los anchos ríos de agua, cultura política, seriedad e institucionalidad que, jodidos como estamos, nos siguen separando de nuestros vecinos.


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Cambio el escenario por el del Derecho. Si el Gobierno argentino se desdijera una vez más y, en lugar de cumplir ahora sí el mandato judicial de 2006, hiciera suyo el planteo piquetero, el respaldo jurídico de reclamar una negociación así sería -por lo menos- discutible; y aceptarla a priori, inadecuado. El Tratado de 1976 y el fallo de La Haya hablan de la conservación conjunta de la calidad de las aguas del río, no del monitoreo argentino de nuestro desarrollo industrial costero ni de los gases que salen de ningún orificio. Es chancho, ilegal e injusto. No ha lugar.


Otro enfoque: Uruguay fue acusado en La haya y sobreseído. A sabiendas de mentir, Argentina dijo que la planta contaminaba. Quedó más que claro que no es así y, fiel al formato prescrito, el fallo dice que la parte acusadora “no pudo demostrar” que la planta contamina en ninguno de los modos que se dijo lo hacía. Los piqueteros insisten en que sí. Pues a probarlo y, mientras, a callar.


Otro sí: dudo que el Estado tenga potestades para entrar de prepo en la planta a inspeccionar nada. UPM es una empresa privada, con derechos y obligaciones, una de las cuales es producir bajo un protocolo acordado con el MVOTMA. Es potestad del Ministerio (indelegable, aunque en gesto de buena voluntad pueda ofrecerse realizarla en forma conjunta, como se ha hecho desde siempre) analizar los efluentes donde estos se vierten y sancionar en caso de sobrepasarse los máximos permitidos. Nada más.


Libertad responsable y autoridad legítima y ejercida le dicen. Pero ¿qué le va a enseñar este pelado pecador al Santo Oficio Ambiental, Defensor de la Legalidad Mundial por añadidura? ¡Salva tu alma, Lappe! Besa la Cruz y arde!!!



Del lado de los principios la cosa no anda nada mejor. La comunión con rueda made in UNASUR fue lo máximo que se puede tragar este amansado pueblo sin patalear.


Sé que dicen por ahí que soy medio mal arreado, levantisco y rebeldón, pero eso es porque no me conocen del todo. De puro arrebatado me arrogaré (por vez primera y un ratito) representatividad de la indignación de muchos de mis compatriotas con esta gente y por este tema. De los porteños desde 1811 hasta ahora hablamos otro día.


Algo dejaron en el aire de nuestra tierra los que eligieron irse por el Ayuí para no dejar de ser lo que eran, imprimiendo en el libro de la mejor Historia americana, a huevograbado y color Dignidad, la bella página del Éxodo del Pueblo Oriental.


De principios se trata. Va uno: jamás digo “hay que hacer” lo que no hago. En 1992 la delegación uruguaya a mi cargo recibió de sus pares del “MERCOSUR turístico” la solicitud de preparar el material promocional para la presentación conjunta en la Feria de Sevilla. Un día el Secretario de Turismo de la Nación argentina, don Francisco Mayorga, no tuvo mejor idea que mandar a un colaborador pedirme por teléfono que le enviara lo que tuviera “para revisarlo y poder viajar tranquilo” a la capital andaluza. Esperé pacientemente a que se me bajara la calentura, escribí, borré, mejoré, lo escrito y, camuflado entre bellos giros retóricos muy diplomáticos deslicé un “…terminado el Virreinato, cesó la supervisión bonaerense de los actos del gobierno de este lado del Río”. Fue la única vez que, en siete años (después de ladrarme un “¡¿Cómo le va a decir eso?! ”) vi sonreir al Ministro Villar de “ese” modo. “Síga con lo suyo.” me dijo. Y todo siguió normalmente, sine nulla sanguinis aefussione.


Cierro como empecé, hablando en lenguaje directo, como para que los hermanos insurrectos de allende el río me puedan entender. .


¿Levantar el bloqueo por 60 días a cambio de…? Nooo. Nada. Minga. De acá. Pindonga diría el Señor Presidente si fuera el mismo; si fuera él mismo. No sé si no es, pero sí sé que no puede. Por eso lo digo yo, en nombre de los modestos y molestos habitantes de la Provincia Rebelde, los ingobernables, dijera Latorre.


Uruguay no avisó que iba a construir y el Supremo Tribunal Internacional entiende que no corresponde sanción por eso. Golazo. Festejen piqueteros festejen. La planta contamina aire agua y tierra dentro de lo permitido. 1 a 1. No se reubica 2 a 1. No se inspecciona por dentro, no todo. Mucho a 1. Marcharon. A llorar atrás del biombo.


Y a rajar que hay chinches. Si algún día en su hermoso e institucionalmente arrasado país priva la Ley, los que se queden quietos van a pagar por todo el daño que vienen haciendo irresponsable e impunemente, hace demasiado tiempo.


Y será Justicia.