viernes, 19 de noviembre de 2010

Dura Lex, sed Lex


“La nota distintiva fundamental entre ley y costumbre se encuentra en su origen o procedencia, pues la ley procede del poder legislativo que la propia sociedad estatuye, mientras la costumbre lo hace de la misma sociedad, que mediante la observación continuada de una conducta acaba por imponerla como precepto. Aun así, la costumbre no es una fuente del Derecho. No obstante lo anterior, en algunos ordenamientos puede ser fuente supletoria de la ley, como ocurre en el ordenamiento español”.

También en el anglo sajón, pero no en el oriental del Uruguay, acoto.



Abro estas pobres cogitaciones, cuyo título acusa una suave reminiscencia a ruido a plato irrompible y spráit, con una cita del Dios sustituto, la suprema fuente de saber, el eliminador de todo esfuerzo de investigación, la maravilla que permite que cualquiera aparezca como sabiendo de qué habla: la Wikipedia.


¿Para qué? No para vestir plumas ajenas, como va dicho, sino para dejar claro que no es cosa mía afirmar que la costumbre no es fuente de Derecho ni de legitimidad, aunque a veces se haga parecer que lo es.


Fruto nada prohibido de mí indignada paciencia forzada a sus límites (que no de mi conocimiento del Derecho) las pongo a tu consideración para que –en caso de no borrarla al instante- comentes la lista, la amplíes y, eventualmente, la circules; a ver si alguien conoce a alguien que pueda hacer algo. Caso contrario, habremos ejercido el sacrosanto derecho al pataleo, que no está en Constitución ni Leyes, seguramente porque es derecho divino. Vox pópuli le dicen.


Voy, pues, a citar algunos ejemplos de cosas que se han hecho costumbre pese a que no sólo no son legales sino que tampoco dimanan de derecho alguno sino de la brutal y reiterada imposición. El orden en que las cito es aquél en que vinieron a mi cabeza. Su importancia, opinable, no así su existencia; que cualquiera puede comprobar sin esfuerzo, si es que no las sufre.


Sé que recibiré reconvenciones por rompe cáscaras, insensible y/o enemigo de los que se buscan la vida. Yo también me la busco, pero no jodo a nadie haciéndolo: ni siquiera con estos mails, que son gratis y -si no te gustan- los borrás sin leer y ya.


Destaco dos puntos esenciales:


1) La causa de la mayoría de los despropósitos cotidianos que denuncio es, en general, una más o menos legítima necesidad inicial del autor, cuya reiteración impune la vuelve “normal”.


2) El segundo factor que une y habilita existencia a todas y cada una de las aberraciones de conducta social listadas a continuación es la olímpica ignorancia de parte del Estado del cumplimiento de algunas de sus obligaciones esenciales. Haciendo lo que deben, nomás, nuestros servidores públicos conseguirían proteger a un número enorme de pacientes y padecientes ciudadanos y contribuyentes, de las tropelías de uno proporcionalmente pequeño (aunque no por ello menos eficiente) de perpetradores.


Nota: Para los casos en que se trate de vacíos legales señalo a los responsables de la custodia del bien público que lo que cabe no es la inacción sino la aplicación por analogía de lo que existe. Invito a cada lector (con independencia de su partido o sector, ya que todos somos víctimas) a urgir a sus legisladores nacionales y departamentales a abocarse de lleno a hacer, lo mejorcito posible, aquello para lo que les pagamos; entre lo que, believe it or not, se cuenta pensar e implementar soluciones para nuestros problemas reales.


A efectos de que tan ajetreados y mal pagados funcionarios se eviten el esfuerzo de tener que descender a las miasmas de la vida cotidiana, o hablar con alguno de fuera de su círculo de afines, yesmen y fans, preparé esta corta y nada taxativa lista de cosas de locos de y por las que ningún cuerdo dice ni hace nada.


Vender, cantar y manguear a discreción en los ómnibus


Si está prohibido a los que pagan boleto escuchar radio sin auriculares ¿cómo se va a poder cantar a los gritos o ponerle en la mano al pasajero cualquier cosa llena de microbios y, por si esto fuera poco, por tratarse de una promoción destinada a que llegue a manos del pasaje capitalino, someterlo a un estentóreo, reiterativo y -en general- mentiroso discurso? Como se puede ver y apreciar al dorso, es necesario ponerle fecha de vencimiento al tema.


La venta y el arte callejero están reglamentados y, a Dios gracias, no se contempla esta variedad; pero nadie hace cumplir la prohibición y/o protege a los pasajeros. Peor aún: ahora la IMM les quiere dar carné y cursos, como hicieron con tanto éxito con los cuida coches; cuya actividad es ahora modelo de cultura civil, imagen de ciudad de primera, respeto y urbanidad. Me atrevo a afirmar que con ello sólo convalidarían y oficializarían la irregularidad, por lo que adelanto mi absoluto desacuerdo y reclamo del derecho a viajar en paz a cambio de lo que pago.


Los cuida coches; muy especialmente los que cobran “de pesado”


No es posible que ir en auto a cualquier actividad implique una erogación adicional previa, tarifada y –lo que es peor- obligatoria a riesgo de la integridad de un bien de cuya custodia, ya que está en la vía pública, debe hacerse cargo la fuerza pública.

Sé que la IMM censó y dio carné a algunos, pero no me imagino cómo ha de regular su actividad o sancionar sus indisciplinas, ni he visto funcionarios de Tránsito o Inspección General exigiéndoles identificación, la debida presencia prevista en lo reglado o alcoholemia; como sí multando a sus víctimas por dejar el vehículo bajo la protectora luz de un farol en algún lugar donde está estúpidamente prohibido estacionar de noche porque de día molesta.


Los lavaparabrisas, funámbulos y artistas varios de los semáforos


Señores del MIDES, la IMM, el MSP, las ONG de Derechos Humanos, etc. etc.: es demasiado evidente que esta pobre gente está arriesgando el físico y aspirando humo todo el día. ¿No son dignos de su atención? Hablo de cuidarlos a ellos, no de que vayan ustedes a tener en cuenta lo que perjudican la imagen turística de la ciudad y el país, que tantos millones de dólares invierten para atraer visitantes. Tampoco de lo que molestan, violentan y hacen arriesgar a los choferes; porque esos tienen auto, así que deben ser burgueses y que se la banquen. Si los que chillan son choferes de taxi, bus o privados, son unos desclasados. Fuck them all.


Cortar el tránsito cualquier día, a cualquier hora, en cualquier lugar, por cualquier razón


El derecho a la expresión pública de la opinión, como todos, tiene límites; y no es posible que cincuenta (o quinientas o diez mil) personas causen el caos en la ciudad, donde y cuando les parezca, por válidos y compartibles que sean sus reclamos u opiniones.


La manifestación de ideas o reclamos es parte indivisible del derecho de reunión, que es libre por mandato constitucional. Sin perjuicio de ello, la autoridad correspondiente (Ministerio del Interior – Intendencia) debería recibir con antelación suficiente información que le permita prever los operativos que resuelvan los problemas generados, previo analizar y -eventualmente- no autorizar la reunión o modificar lugar y hora por causas de interés general. La autorización debe ser por defecto, sin importar el motivo de la manifestación sino la afectación de derechos del resto de la población, tales como la libre circulación, llegar en hora al trabajo o llevar su vehículo por el recorrido más conveniente y económico.


Párrafo aparte para la libertad de conciencia y el derecho a la seguridad, ya que no es frecuente que los manifestantes den adecuado trato a los viandantes disidentes que osen hacérselo saber. Y todo sucede sin intervención de las citadas autoridades, que prácticamente nunca se hacen presentes. Los derechos violentados son cualitativamente de igual valor (pero cuantitativamente más) que el único que respalda al manifestante, así que, Bicho, Ana: si hay marco regulatorio, cúmplanlo y -si no hay- redáctenlo. Ya.


La mugre de la ciudad, la externa e interna de los ómnibus y el incumplimiento de sus absurdos horarios, que mantienen la velocidad promedio de 16 km/h para los recorridos urbanos


Me da vergüenza pensar que los montevideanos no podamos entender que la ciudad es de todos, no de nadie. También escuchar el discurso de unas autoridades que, veinte años después de asumir el gobierno de la ciudad siguen, sin entender que su trabajo no es educar ni censurar a sus mandantes sino limpiar la mugre que -como buenos cerdos (y) patrones- han decidido tirar a la calle. Es justo reconocer que éstos lo hacen muy ayudados por la maravilla del sistema de acopio y recolección impuesto, tan bien pensado que funciona en cualquier ciudad de Europa. Lástima que quede tan lejos y que allí no haya hurgadores. Y donde los hay, no son impunes.


Me entristece hasta la depresión viajar en buses con los vidrios mugrientos, llenos de papeles y todo tipo de residuos. ¿No es obligación lavar el coche cuando se embarra? ¿Por qué se perdió la costumbre de barrer y baldear los vidrios en las terminales? ¿No está en el laudo?


Para lo de los horarios ya no hay excusas: los GPS de los buses permiten saber dónde están (y estuvieron) en cada momento del día. Escribir un programa que liste los desajustes y aplique automáticamente las multas es posible y necesario. Con los carriles exclusivos funcionando, es posible autorizar horarios más flexibles en las horas pico, lo que permitiría que los mismos buses realizaran más servicios en el mismo tiempo, con ventaja para recaudación, circulación, contaminación y -fundamentalmente- los pasajeros, que no deberían destinar más de 20 días al año a esperar el bus para ir a (y volver de) trabajar.


La gente viviendo en la calle


No existe el derecho a vivir en el lugar de todos: simplemente faltan el marco legal y la decisión política de aplicar lo que hay. La indigencia es una llaga social que evidencia otros males, por supuesto, pero el fenómeno es también una, pero reglamentaria, legal y administrativa.


Que el Parlamento, el MIDES, Economía o quien sea resuelvan, como y en cuanto puedan, el problema estructural; pero no hacer nada hoy es inadmisible. No se puede esperar la solución de fondo.


De otro modo, así como tendremos que esperar que los subsidios directos, el clientelismo liso y llano, el catecismo progre y la Educación resuelvan (?) dentro de 30 años el tema de la delincuencia ¿sólo cuando esté encerado el piso del último de los edificios que le vamos a regalar a los pobres vamos a impedir que coman, descoman, beban y desbeban, forniquen, duerman, cocinen y se higienicen en calles, parques, fuentes y plazas, para poder tener una ciudad que se parezca a Montevideo? No me parece.


No pido que los maten y tiren al río, pero doce años para desalojar a Pocha de atrás de la muela del Molino de Cavia es como mucho. Tienen los votos en todos lados. Háganlo. Ya.


Los sonidos del Infierno. De radios, escapes, alarmas, perros y equipos de audio.


Destinado a solaz del compañero conductor o (lo que es peor, y) de algún pasajero especialmente generoso e interesado en compartir su cultura musical con el prójimo, el extendido hábito de escuchar música en los ómnibus sin auriculares está total y absolutamente prohibido.


COME y UCOT, tímidamente, han puesto cartelitos que lo recuerdan, pero jamás los responsables del cumplimiento de la reglamentación en el bus (chofer y/o guarda), los inspectores, la Policía ni nadie con autoridad y poder saca la cara por el sufrido paga-jero; que las más de las veces se la banca calladito porque reclamar su derecho a viajar en paz tiene (im)previsibles consecuencias.


Tan regulado como ello está el tema de los ruidos molestos. ¿Alguien sabe por qué, entonces, miles de motos, camiones, buses y autos circulan alegremente por Montevideo destruyendo oídos y otras zonas de la anatomía ciudadana? ¿Alguien podría decirme en qué lugar de la Constitución o en qué Ley dice que se puede molestar a los demás impunemente? ¿En qué plebiscito o resolución se derogó la Ordenanza de ruidos molestos? No hablo de lo que está expresamente prohibido (escapes libres y, lo que es peor, amplificados). Hablo de por qué tengo que vivir aturdido o sobresaltado por alarmas que suenan sin motivo ni quien las apague, perros que ladran sin solución de continuidad o escuchar la música que quiere mi vecino sin que nadie me ampare en mi derecho a silencio y paz.


¿Mea culpa?


Comportamiento universalmente aceptado para los infantes, cuando la edad y el volumen de líquido desalojado aumentan se convierte en nauseabundo. ¿Alguien sabe por qué es impune orinar en la calle? No hay baños públicos y los boliches sólo permiten usarlos a sus clientes. ¿La solución es convertir la calle, la vereda, las plazas y monumentos, los comercios cerrados, la rueda de un auto o la puerta de una casa en uno? Cito, para mis conciudadanos el Art. 1 del Manual del perfecto borrachín educado: Si no puedes hacerlo donde se debe (o no aguantas), no chupes. Y a mis servidores públicos, señalo: el poder que les di, es para ejercerlo.


La atropellada en las colas de boletería en el Estadio


Ya que la Policía es incompetente (por discapacidad, que no por falta de competencia en tanto jurisdicción) sugiero a los integrantes de la Comisión con nombre larguísimo poner en la Reglamentación un articulito (no va a desentonar con los autores) obligando a que las entradas se vendan en todas las redes de pagos y supermercados; hazaña inalcanzable en 1950 pero nada complicada ahora que se inventaron esas cosas nuevas (las PC y la Web). También que los días de gran aglomeración, se impida la circulación en la zona de quienes no la tengan. No es tan difícil, Doctor en V. ¡Vamos que usted puede!


Los puestos de venta de cualquier cosa en cualquier lado


El desastre de 2002 parió una miríada de nuevos pobres y arruinó aún más a los viejos. Muchos capearon el temporal vendiendo cosas; otros su fuerza de trabajo (en negro) a inescrupulosos que aprovecharon la bolada para montar una enorme red de comercialización irregular. La crisis no sólo pasó, sino que estamos en las antípodas de la sinusoide de prosperidad económica y se dice que la desocupación está en mínimos históricos. Porfiadamente, ellos siguen allí.


El derecho de todos los demás ciudadanos, visitantes y turistas a circular fluidamente y sin riesgo por las veredas de una ciudad es de calidad superior al de unos cuantos a hacer lo que no se debe, aunque se diga que es para vivir. Los chorros dicen lo mismo. ¿Los vamos a dejar?


Ante el atropello de los abusadores es tonto reiterar la buena fe. Cito el ejemplo de los techitos verdes de Plaza Cagancha, vacíos porque los señores quieren vender tirados en el piso en lugar central; lo cual tan impresentable e inaceptable como la toldería cuartomundista en uno de los principales atractivos turísticos del Centro, en cuya remodelación y embellecimiento los montevideanos invertimos millones.


Los paros sorpresivos, parciales, perlados, etc.


Qué listillos sois. Hoy paráis vosotros y no cobráis, pero ellos sí; aunque no laburan porque no pueden porque vosotros paráis. Mañana paran ellos y vosotros cobráis, pero ninguno labura. Hoy, mañana y pasado, pagamos y nos jodemos nosotros, que no tenemos nada que ver ni nada podemos hacer para resolver vuestro conflicto. Pardiez, me tenéis podrido.


Otro sí: cuando un trabajador no puede trabajar (o ir a su trabajo) porque, a causa de una decisión corporativa de primer, segundo o tercer nivel, otro no cumple su tarea de servicio público delegada, pierde todo o parte del jornal y el presentismo; lo cual es profundamente injusto, ya que es obligado a hacerlo por una decisión que no tomó.


El Gobierno como tal, y cada Poder por separado, deben velar por los derechos de todos los ciudadanos; ya que la igualdad ante la Ley no prevé excepciones por afinidad sindical.


El derecho de huelga es constitucional, nadie lo duda; pero es sólo UN DERECHO MÁS y, como todos, unitario. Verbigracia: no es superior a ningún otro de idéntico rango como, por ejemplo, el de trabajo de los no huelguistas (máxime si no pertenecen al gremio en conflicto sino que le alimentan), ni divisible. Huelga es no trabajar. Ni cobrar. Lo demás, son cuentos. Y abusos.


El sindicalismo salvaje


Algo cambió. Sin que nos diéramos cuenta, una generación de dirigentes formados comme il faut fue sustituida por gente que no tiene idea del poder que maneja ni las reglas elementales para hacerlo. Se pide cualquier cosa y se para de primera. El interés de clase (las más de las veces de saloncito) está por encima del interés general y de la racionalidad. El usuario no existe.


Los viejos y los nuevos rechazan a rajatabla la reglamentación de su actividad, sin dignarse explicar al vulgo por qué merecen tal privilegio; convalidando así, algunos implícita y otros explícitamente, su injustificable e impune extra-limitación cotidiana. No es la fuerza de la razón sino la razón de la fuerza: nadie se atreve a enfrentar el poder mafioso de la corporación, y los presuntamente débiles (los proletarios) se transforman en poderosos y -en lugar de a los explotadores- le encajan al pueblo que les da sentido (y existencia en caso de los públicos) la más cruda expresión del autoritarismo. "Ni el Gobierno ni los partidos políticos ni la sociedad toda pueden conmigo. Ergo: hago lo que quiero". Le sacamos los cascos, le ponemos uniformes verdes, y el argumento es el de los militares en el 84'.


Es una broma sangrienta que sea este facho quien tenga que recordar a los dueños de la verdad, la ética y el progresismo (versión corporativa) que integrar la única actividad no regulada de toda la sociedad uruguaya organizada implica una contraparte de responsabilidad y ponderación en el manejo de los límites del derecho propio y -sobre todo- del primoroso respeto por el ajeno. Lejos de eso, la actividad sindical se ha convertido en un continuo de irracionalidad, abuso e impunidad tan notorio y deleznable como los que señalan a los militares (con dedos de presunta idoneidad moral) y denuncian en su plataforma reivindicativa, sin respaldo estatutario alguno.


Señores: perdieron el tren de la Historia. Cada vez más gente no los banca más. Llevan 25 años de libertad mal ejercida; porque la libertad conlleva responsabilidad y los sindicatos de hoy no merecen la una por no ejercer la otra. Nunca creí llegara el día en que sintiera tan justificado un reclamo no sólo filosófico de igualdad ante la Ley, sino exigido por los hechos.


Ahora que el gobierno es progresista, obrero, popular y no se puede dudar de sus intenciones para con la clase trabajadora, reglamentación sindical. Ya.


Anímese, Compañero. Anímese.


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(*) Dura lex, sed lex es una expresión latina, originaria del Derecho romano, que traducida literalmente, significa ley dura, pero ley. En español coloquial, su traducción sería la siguiente: "La ley es dura, pero siempre es, y no puede dejar de ser, la ley”. Viene a producir un mensaje conminativo a respetar la ley en todos los casos, incluso aunque nos perjudiquemos con ello. El respeto a la ley beneficia a la comunidad en el presente y en el futuro. Regionalismo: En Uruguay, Argentina, Bolivia, Ecuador y Venezuela, cosa de fachos.

martes, 16 de noviembre de 2010

Con una pequeña ayuda de mis amigos


What would you do if I sang out of tune,

would you stand up and walk out of me?

Lend me your ears and I'll sing you a song

and I'll try not to sing out of key

Oh, I'm gonna get by

with a little help from my friends


Soy un tipo raro. Se me da por pensar en cosas que –al parecer- no son de interés para casi nadie, ya que esa es la porción de la población objetivo que suele corresponderme con sus reflexiones.

A veces imagino que, simplemente, debe ser que donde todos cantan lindo, yo desafino; que las personas disfrutan más del afiatado coro de profesionales opinólogos con partido o facción. En realidad lo prefiero: es mejor que imaginar que, finalmente, nos impusieron la vacuidad y a la gente ya no le importan ciertas cosas, para mí, socialmente esenciales.

Por eso te pregunto con palabras de Paul y John: si desafino, ¿qué vas a hacer: te vas a alejar? Y te pido: prestame tus oídos, que voy a tratar de hacerlo bien. “Con una pequeña ayuda de mis amigos voy a seguir intentándolo; voy a salir adelante, voy a estar bien”. Y creo que el mundo también. Bueno, no sé si bien pero, algo mejor, seguro.

Si vas a seguir leyendo, empiezo con el tema. Si no, “hasta la vista, baby”.

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Hay cosas que no logro entender de este asunto de la actividad sindical de los funcionarios del Estado. En el último año, el país tuvo las transacciones de bienes muebles e inmuebles, los cheques, los expedientes judiciales, los casamientos, y muchos etc. detenidos mientras se le antojó a algunos minúsculos grupos de ciudadanos (a la sazón trabajadores públicos); en perjuicio directo de toda la población o buena parte de ella.

El Decreto Ley 10.388 de 13 de febrero de 1943 (Estatuto del funcionario público), vigente a la fecha hasta donde sé, reza: Artículo 27.- Los funcionarios públicos pueden constituir asociaciones para la defensa de sus intereses profesionales, pero dichas asociaciones serán consideradas ilícitas desde que pretendan ejercer cualquier forma de coacción sobre los órganos del Estado, al efecto de la consecución de sus fines.


Con una pequeña ayuda de mis amigos podríamos avisarle a AEBU, a COFE al Ejecutivo, al Legislativo y a los Jueces, que las Leyes deben cumplirse. Si no nos gustan las derogamos, pero no las ignoramos a piacere.


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Gracias al Dios de Don Pepe Batlle, en Uruguay la costumbre no es generador de jurisprudencia.


O sea, que la costumbre de los Miembros de la CNT y sucesores de exceder ampliamente sus potestades naturales de organización sindical para introducirse en temas propios de los partidos políticos, no es legítima ni legal.


Con una pequeña ayuda de mis amigos podríamos tratar (yo ya lo hice sin éxito) de encontrar en sus Estatutos un solitario artículo que les autorice a movilizarse o gastar recursos porque quieren que se anule la Ley de Caducidad o no están de acuerdo con tal o cual parte de la política educativa, social o económica que aplica el Gobierno; o a organizar actos de abierto rechazo a un candidato partidario y a favor de otro.


Quizás estén los dirigentes tan ocupados en tratar de gobernar que no se enteraron que hace 25 años que la dictadura terminó, y que los canales de expresión política están nuevamente abiertos y ávidos (aunque esto ya no es tan seguro) de recibir sangre joven e ideas nuevas. Bueno, si es por esto último, mejor no vayan.


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Ya que hablamos de costumbres perversas: también se ha vuelto habitual que, en presunto ejercicio del derecho de huelga, los trabajadores elijan qué parte de su trabajo hacen. Cito a modo de ejemplo el reciente y absurdo conflicto de Conaprole por el Fiscal despedido, el de los funcionarios de Registro (MEC) y no necesito recordar a nadie el aún sin resolver de los bancarios del Estado.


Servil del Imperio como soy, creo ganarme los buenos dólares que me pagan si afirmo que –para elegir qué se hace y qué no- se necesita una condición de independencia esencialmente contraria a la de trabajador asalariado. Privilegio de burgués o justo premio al coraje de libre y emprendedor, quien quiere hacer sólo lo que quiere y que le paguen por eso no tiene que esperar a fin de mes: va hoy y se la juega en la dura calle. Claro, ahí no hay inamovilidad, seis horas, feriados pagos, 30 días de licencia más antigüedad, días de estudio, paternidad, duelo, enfermedad sin que venga el Doctor, paro, financiamiento de los descuentos, presentismo ni otras primas, tías ni hermanas generosas; hay que sudar para que entre platita en la hucha.


Paros perlados, medidas distorsivas, hoy no te hago esto mañana aquello, son frases cotidianas y que se manejan como si fueran legítimas. ¿Con arreglo a qué Derecho?


Con una pequeña ayuda de mis amigos podríamos intentar (vanamente, creo) encontrar en qué lugar de la Legislación nacional o internacional dice que el derecho de huelga es otra cosa que derecho a, en determinadas condiciones, dejar de trabajar; o que su ejercicio prevé cobrar el sueldo entero por hacer sólo parte del trabajo que le ha sido encomendado a un trabajador.


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Como no me gusta decir vayan, fui solito y encontré que el Art. 57 de la Constitución dice que «la huelga es un derecho gremial», y que «sobre esta base se reglamentará su ejercicio y efectividad».

Con una pequeña ayuda de mis amigos podría yo quizás entender por qué nunca se reglamentó la huelga ni la actividad sindical, como sí todas las demás de la vida social; y por qué siempre la Central se opuso a ello, siendo que aseguraría mayor transparencia, garantías y menor animosidad de la opinión pública ante la constatación del abuso sistemático.


Las Asambleas de sindicatos de base (que generan los mandatos de los delegados, o sea, las decisiones) se siguen manejando con formatos y prácticas antiliberales y antidemocráticos irrespetuosas de las garantías mínimas de representatividad, libertad de conciencia, pensamiento y opción. Plataformas absurdas, quórums ínfimos, tácticas dilatorias, manejo impúdico de los horarios a fin de asegurar la presencia de los propios y desanimar a los ajenos (por no hablar de la lisa y llana presión cotidiana, “apretada” o trompeadura destinada a convencer dudosos o disidentes) siguen siendo prácticas tan repugnantes como lo eran en los 60’; pero ahora, además, son viejas. Creo que ya lo eran entonces, aunque no para mí que me estrené en esas lides por aquellas épocas.


Con una pequeña ayuda de mis amigos podríamos redactar para cada miembro de la Mesa Representativa, el Poder Legislativo y el staff del Ministerio de Trabajo una síntesis de las ventajas de aplicar novedosas garantías tales como quórums y mayorías especiales o el voto secreto y obligatorio para tomar decisiones graves como un paro o huelga. No hablo de quebrar la nunca explicada conveniencia de la sacrosanta unicidad de la Central: pido garantías mínimas nomás.


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Escuché en la radio a dirigentes de AEBU Banca Oficial confirmar su parecer afirmativo respecto de inscribir su accionar sindical en el marco de la lucha de clases. ¡Esoooo! ¡Viva la Revolu … dez!!


Con lo que sobre de la colecta anterior, podríamos comprarles unos ejemplares del Manifiesto Comunista, libritos preciosos y muy baratos que hay por todos lados ahora que la democracia burguesa volvió a brillar, donde pueden leer a Marx y Engels diciendo: " La historia de las Sociedades que han existido hasta nuestros días (mediados del Siglo XIX, toda extrapolación corre por cuenta de quien la haga) es la historia de la lucha de clases. Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales, en una palabra: opresores y oprimidos se enfrentaron siempre, mantuvieron una lucha constante, velada unas veces y otras franca y abierta; lucha que terminó con las transformación revolucionaria de toda la Sociedad o el hundimiento de las clases beligerantes".


Con una pequeña ayuda de mis amigos más preclaros podría yo, tal vez, saber quién es el opresor beneficiado con la plusvalía expoliada en una relación Estado - Trabajador. Si la hubiera, lo primero que se me ocurre es “la Sociedad toda” (que el propio trabajador integra) lo cual es tautológico y absurdo. Aún si me dejara de delicadezas filosóficas y aceptara el escenario como válido, a la ya distante luz del Siglo XX diría que, visto el éxito de las citadas transformaciones revolucionarias ,en eliminar la denunciada explotación, la opción 2 es la más probable.


La verdad es que no me gusta demasiado la perspectiva de que los dos beligerantes resulten destruidos; máxime cuando uno de ellos (el que, para peor, involuntariamente integro) no quiere beligerar ni menos aún explotar a nadie.


Dado que los países no desaparecen (por más mesías zurditos o neoliberales que los mal manejen), la apocalíptica predicción decimonónica vuelve a fallar y sólo me deja un escenario alternativo: alimentado por la aplicación en reiteración real de insensatez y abuso, el creciente desprestigio de la actividad sindical uruguaya se desplomará sobre ella y le hará perder legitimidad, credibilidad ante la opinión pública y poder.


Sumo arbitrariamente aquí el tema Seguridad y resulta que, in extremis, si el poder político no pone las cosas en su debido lugar, es posible que asistamos consternados (al menos yo) a la irrupción de una cruda respuesta electoral que ubique en el Gobierno a alguien manifiestamente opuesto a la sensibilidad progresista, cuyos eventuales desbordes autoritarios justificarán nuevas generaciones de alzados y resistentes; cerrando el retrocírculo.


Camaradas: lamento señalar que la teoría de cuanto peor mejor no es novedosa y ya fracasó en los 60'. En plena democracia y con el poder adquisitivo de los trabajadores alcanzando picos impensables hoy, la ÿihäd de los ateos (y su consiguiente represión) estallaron en toda su virulencia; colaborando significativamente con los objetivos de la guerrilla, los de la Derecha y, de yapa, a medio siglo de atraso y dolor del que aún no conseguimos despegarnos.


Parece una negra humorada de la Vida (que en una de esas sí existe, no como el Dios de los burgueses) que, ahora que el Frente llegó al Gobierno a caballo de las consignas más viejas pero con votos e infiltrados socialdemócratas, les explote en la cara la contradicción infantil señalada por Lenin hace justo 90 años.


Por suerte están ADEOM, AEBU-BO, la Rambla y la de las Ánimas, así que por falta de retardados históricos, paredón y Sierra (aunque no sea Maestra) no será. Las armas, se las piden a Feldman, que ya no las precisa.


sábado, 13 de noviembre de 2010

Balada para todos nosotros

Link al midi
http://www.gobiernodecanarias.org/educacion/9/Usr/Apdorta/cristal/balada~1.mid

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Hace unos días recibí una invitación. “Hola Carlos, ¿cómo estás? Este sábado 6 de noviembre de 15 y 30 a 16 y 30 hs vamos a hacer Teatro espontáneo, de forma honoraria, en el Centro Diurno del Hospital Vilardebó (Millán 2515) con los pacientes que están en proceso de rehabilitación. ¿Podrías hacer la crónica?”

- Ni loco me lo perdería, fue mi respuesta. Ya te escucho, lector, y me adelanto. ¡Gansoooo!

Ganso no: pero obvio sí. Hay pocas formas de enfrentar el tema de la locura y la del humor es una. Otra es no tomarlo en serio, que no es lo mismo. Otra, esconderlo, negarlo, encerrarlo. Que en plural dice más. Y es más real.

Las mañanitas del Vilardebó tienen ese qué se yo ¿viste?

Cambió la fecha por el 10 a las 10:30, para que hubiera más gente. Allá fui. Dejé a mi Compañera en el trabajo a las 9 y arranqué para el Vilardeusted (no tengo confianza para el voseo). El inmenso muro de piedra y reja, modesto símbolo de uno mucho mayor que no se ve pero está, me impresiona desde que era niño; y no ha dejado de hacerlo pese a mi cambio de tamaño (que no madurez). No era la primera vez que entraba por mi voluntad, pero igual me dio “cosita” como se dice ahora.

El otro mundo empieza lindo: el jardín está cuidado y la glorieta es un lugar precioso. Me senté a tomar mate y sol, con la sola compañía de cinco perros que me dieron la pista de dónde estaba lo bueno. Ahí me empecé a dar cuenta de algo que después me rompería los ojos: es fácil alimentar el prejuicio, pero no distinguir un loco de nosotros. Se precisa una calavera para ser el Príncipe Hamlet y, sin uniforme o llaves en la mano, acá, cualquiera puede ser o no ser. Bueno, ta, cualquiera no, pero son pocos los que se les nota mucho y, aún esos, te quiero ver en la Ámsterdam para distinguirlos.

El Vilardebó no es la Colonia Etchepare. No hay aquí (al menos a la vista) nadie con medio melón en la cabeza, las rayas de la camisa pintadas en la piel, dos mediasuelas clavadas en los pies y una banderita de taxi libre en cada mano. Bueno, en realidad a la única que vi inventando realidades con unos trapos arriba, una banderita de Peñarol, una del otro cuadro y una celeste en la mano fue a Rossina, del elenco de Saludarte. Y todo el mundo feliz… coreando “Soooy Celesteeee! Cultura nacional, que le dicen.

Sentado al sol, escuchando radio con el celular en manos libres, confirmé otra cosa: la distancia para estar de un lado u otro de la reja es un delgado cablecito; única diferencia visible entre un interno y alguien enajenado del mundo, hablando “solo” por la calle o en el ómnibus. Sin embargo, unos somos up to date y a otros los guardan. Paradoja.

… y a vos te vi tan triste...

La radio me aburrió y saqué un libro.

Medio bailando, medio volando, llegó. Aire y ropa de inquilina de larga data en ambos mundos. Me vio, miró, observó, escrutó, sonrió y dijo:

- “Lin Yutang”.

Sorprendido por la extraña invocación de un reconocido escritor chino, no muy popular hoy día pero preferido de mi madre (que me dejó, demasiado temprano, tres de sus libros) recurrí a mi mejor soberbia intelectual, respondiendo:

- El tercer ojo.

Nueva sonrisa y dúplica: - Vos sos Lin Yutang.

A la fruta, pensé. Mi vanidad de escribidor quiso pedir cancha, pero obviamente esta señora no me lee en Internet y hasta yo puedo darme cuenta de eso.

– ¿Te parece? atiné (¿?) a decir.

- Si.

– Y bueno, entonces sí.

– Y sos mi hijo.

-…

Hoja en la tormenta de sentimientos que me provocó con tan poco, navegué lo mejor que pude aferrado al timón del cariño que me promovía aquella figura que, sin saberlo (¿?) me evocaba y provocaba tantas cosas.
Pese a sonar a
lo lejos, la alarma de un auto rompió la magia.

– “Está sonando la campana. Me voy, porque cuando eso pasa quiere decir que te puedo hacer daño”.

Se levantó, volvió a sonreír y me dejó, nuevamente solito, sin corso ni astronautas bailando alrededor, con un precioso hueco en el pecho.

Abrite a los amores que vamos a inventar…

Al rato llegó la Compañía. Luz había, cámara no (me hubiera gustado tener una para registrar las caritas del elenco mientras Rasia hacía la presentación). El salón quedó chico para la concurrencia, mayoritariamente de “Sala”, no de “Policlínica diurna”.

Acción. Los chicos se presentaron a través de historias propias de cada uno. Así empezó la hermosa usina humana, que encienden los actores de SaludArte donde y cuando los llaman, a inventar realidades y mundos. Tan ilusorios, lindos, feos, risibles o tristes como todos.

Eugenio nos habló de su miedo, su impaciencia y sus ganas cuando, tres días antes, estrenando nariz roja en un Parque, recibió como devolución aplausos, sonrisas, abucheos y pedradas. No dijo indiferencia, pero seguro también hubo.

Valentina aportó un tema dolorosamente conocido para el público (la discriminación), en su caso, por distinta en el ser y el vestir. Tal vez por eso recogió las tímidas primeras muestras de reconocimiento.

Al presentarse nuestra Rossina como remolona matinal recibió también apoyos de la tribuna y se sintió un “Oh my God”, proveniente de alguien que -por su apariencia- bien podría haber sido del Equipo Técnico o una voluntaria. Era Rossina A. Ya llegará su momento.

El público empezó a participar mucho antes que lo habitual, a caballo de algunas compulsiones mal medicadas tal vez, o porque parece que en Uruguay hay que estar loco para desinhibirse y aceptar, sin más, el regalo de un tiempo-amor que te traen sin avisar, un miércoles de mañana, unos cuerdos con narices rojas, vestidos de negro y trapos.

Emiliano nos habló de su actitud ante la adversidad de verdad (su diabetes desde adolescente); y todos le dieron para adelante. No tan fácil la tuvo Gabriel, que cuando desenfundó su Busblues (forma re-fashion de decir que se gana la vida (y la Vida) cantando en los ómnibus) fue desafiado a “bluesear” “Vayan pelando la chaucha”. Arrugó, por supuesto.

Cerró Rasia, contando que -con unos amigos- decidieron invitar cada tanto a un desconocido a almorzar y reflexionando acerca de cuánta falta nos haría ver a los desconocidos con menos distancia. Pronto revelaría el público que a conocidos, familiares y amigos también les calza la exhortación.

La mecánica del Teatro Espontáneo es simple: a cada historia aportada corresponde una réplica escénica. De a poquito, los chicos fueron despertando a las manos-palomas del público, que les llevaron el mensaje de que –cada vez más- estaban llegando a destino.

La conductora mueve la aguja y el tren pasa a rodar en terreno local.

- ¿Cómo se sienten?

- ¡Bieeeen! ¡Queremos más!!!

La escultura fluida “Queremos más” no se hizo esperar, pero se quedó en el “más”.

Desde el comienzo, Andrea participa activa y vehemente. Desde su afección tal vez, desde su necesidad de ser escuchada, seguro, me atrevo a decir. Cada vez que lo hace recibe un chistido de su uniformada acompañante. Acción => reacción. Espontánea expresión => educada represión. ¿Quién tiene razón? Yo sé. Pero estoy loco, así que no vale.

- Rasia: ¿Otra sensación que les provoque lo que estamos haciendo?

- “El mar en las rocas”, descerraja Rossina. Atajá esa jabalina.

Nadie se paró a juzgar qué tan a cuento venía aquello. Son las reglas del juego así que, a jugar. Nos dejaron a todos con la misma sensación: “tal cual”. Ya vas a entender.

Quereme así, piantao, piantao, piantao…

Ya no hay que pedir que aporten. En el escenario se presenta Beatriz Tristeza, hija legítima de Don Encierro Terapéutico y Doña Distancia Afectiva. Canta bajito. Le pide a su Viejita “un poco de amor”. Sigue. “…domingo en la tarde, hora de visitas” (de suicidios por soledad, también, acoto) y, hablando de una sobrinita recién nacida, su canción susurra “te traje esta foto para que la veas…” ilustrándonos acerca de que cómo se etiqueta en el Vilardebook.

Ponete esta peluca de alondras, y volá…

Victoria propone el tema “Menstrué en la cama”. Costó entender lo que decía y proponía. Finalmente:

- ¿Y qué sentiste, Victoria?

- Miré y no sabía (…) Era como una bandera.

- ¿Mal?

- No (…) Sorpresa (…) Divertido.

La chancha representación no provocó campanarios pero sí risa entre esta gente, linda a su modo.

Loca ella, loco yo

Silvana, una abuela con tiempo entre estas paredes, nos cuenta la muy especial relación nacida entre ella y el enfermero Juan que, cada mañana, demasiado temprano, la despierta para pincharle un dedo a causa de su diabetes; justo a ella que, aunque es grande, de puro descocada quisiera dormir un ratito más. Nace así la escena “El torturador”, mote que, vaya a saber por qué, le dedicó. Sonriente, para más.

Trepate a esta ternura de locos que hay en mí…

Es la hora de Rossina A. La del “Oh my God” cuando escuchó su nombre, la que sintió mar en las rocas ¿te acordás? Así se sintió: mar que envuelve, protege y abraza a sus rocas; ni bien la extraña onda expansiva del amor en escena le alcanzó el corazón.

Tiene el alta. Se quiere quedar, diz que para seguir ayudando, bañar a otras internadas de la Sala, compartir un tabaco. Algo pasa y siente que se va. Ahora. Le duele. Todo le duele. Su pasado de separación. Sus tres hijos sin ella. Ella sin sus tres hijos. Que le hayan robado hasta el tabaco en la Sala. Pero más que todo, hoy, le duele la idea de irse al mundo de allá sin que sus compitas de acá le den un recuerdo para llevarse.

No quiere cosas. Quiere que le canten, le sonrían, la abracen, le digan te quiero. Lo dice: “Me falta mucho amor… mucho… amor. Le falta amor y se queja dello. Definitivamente, está del tomate. Mire que darle el alta.

Sale la escena “Madre sola con tres hijos”. Todos aplauden. Rossina llora. Gracias a Dios, no sola. Ni ella sola. Andrea le grita: “¡Con alegría, dale! Si no ¿qué recuerdo nos va a quedar? Y rubrica: ¡Mandame un Litio por teléfono!

Vení, volá, sentí… (las larairiraráaas…)

Lenta y silenciosamente, la mitad del público se ha ido escurriendo del salón. Detrás de mí, una fila de uniformes blancos observa en silencio. Cara de no cara. Profesionales. Al ser invitados a participar, responden… nada. Alguien les dice “No tienen por qué ser amables: pueden decir lo que sienten”. Silence II. Notemetás Reloaded. Un clásico en la terapéutica moderna: cordura y distancia. ¡Ay Patch, cuánta falta nos hacés!

Veloz, ávida de notoriedad, Andrea ocupa el vacío. Se va para el escenario, propone cantar y que los músicos improvisen. “La cantamos todos, ¿ta? Igual somos todos del Frente, ¿no?”. No comment.

Es tiempo de “La desaparecida”. Al parecer es una murga del Hospital, cuya canción habla (y no) de los homónimos famosos. …“¿En qué circunstancia desaparecieron? ¿Por qué no regresan a la realidad..?

Andá a saber, Andy. Andá a saber… qué es eso, dónde están; o quién está más lejos de ella.

Fue entonces que nuestra Rossina salió con las banderas futboleras y arrancó el coro celeste. Ya decía yo, en julio, que era una locura festejar un cuarto puesto.

El público se retira en silencio, unos pocos saludan a los artistas, alguno quiere seguir cantando. ¿Tas loco? Son las 11:30.

O tal vez no. En cualquier caso ¿a quién le importa? Acabo de leer, escrito en una pared:

“Es mejor brillar acá adentro que poder salir a buscar el sol”

Las opiniones vertidas en forma expresa e implícita por el autor son de su exclusiva responsabilidad y no comprometen a la Fundación SaludArte.

Tinelli vs Todos


Esta es una invitación a reflexionar y a sumarse para manifestar un repudio concreto y hacerlo oír.
Si compartís lo que dice el texto, sabrás qué hacer. Si no, seguramente seas lo suficientemente liberal como para re-enviarlo comentado.


Ricardo Fort y Marcelo Tinelli estuvieron armando juntos en el programa Show Match una desagradable propuestas para "jóvenes bonitas hasta 40" años que quieran aceptar ser mujer de Fort a cambio de dinero, auto, tarjeta de crédito... Fort, a través del programa de Tinelli, compra favores públicamente, seduce con dinero y la promesa de una supuesta buena vida a las mujeres convocadas.


Corromper a una persona para que entregue su cuerpo y su dignidad por dinero es facilitar y alentar esa corrupción, con el agravante de ser divulgado en un programa líder en audiencia; lo cual, aparentemente, parece otorgarle impunidad absoluta.


Hace rato que venimos asistiendo a esta desnaturalización que promueve Tinelli , instalando en el imaginario colectivo la idea de que es normal que los enanos resbalen en el hielo para hilaridad de la audiencia, la mujeres se desnuden y se presten para las consignas más degradantes y las personas en general se rebajen y pierdan la dignidad por dinero.


Tan malo como eso es que utiliza un discurso ilusorio, cuando despliega toda esta inmundicia en Bailando por un Sueño, con la excusa de que es para ayudar a otro/s. Un ayudado, decenas de humillados, millones con los valores cambiados: mal negocio para la Sociedad.


Anteriormente se logró que levantara el programa de Bailando Kids, porque muchas organizaciones y personas independientes firmamos una solicitada y se movieron muchas voluntades para darle de baja. O tal vez porque era tan repugnante que la gente dijo basta y el rating bajó.


Este mail tiene el objetivo de llamar la atención acerca de la gravedad del tema. No es nada menor, ni un programa inocente de TV. También de combatir la idea de invulnerabilidad de Tinelli y Cía.

Yo no soy quién para decir DEJÁ DE VERLO o " no creas que lo estás viendo críticamente y por eso estás a salvo". Sólo señalo que la forma que tenemos de decir NO es cambiar de canal. Sería mejor apagar la tele, pero ya entendí que eso es demasiado pedir.

Ya que tenés que mirar TV, por lo menos no le des de comer al desamor, al vacío, a la ausencia de valores.