jueves, 26 de noviembre de 2009

Receta sencilla para el "Achtung Juden rosado"


Los días posteriores al 25 de octubre fueron de mucho dolor.


Mis hijos, quien escribe, y todos los que tomamos la posición de no apoyar el plebiscito contra la Ley de Caducidad recibimos descalificaciones e insultos de todo calibre, y tuvimos que soportar una especie de reiteración de las prácticas nazis, un "Achtung: Juden" al revés que -en lugar de estrellas amarillas en los marcados por los "puros"- consistía en que éstos siguieran con las escarapelas puestas diciendo "Yo no soy uno de esos".


Los muros (virtuales o reales) siguieron altisonantes, llenos de descalificaciones y autoproclamaciones de presunta superioridad que deberían sonar extrañas en boca de un colectivo dos veces desairado por el electorado; que no lo son tanto atento al perfil psico-político y la cultura antiliberal de buena parte de esa militancia.


Pacientemente esperé, porque recordaba que tenía esto escrito hace tantos años; cuya desoladora vigencia me duele cada mañana, como los huesos. Hoy es el día


----- Original Message -----

From: Lic. Eldo Lappe

To:

Sent: Wednesday, November 26, 1998 8:41 PM Subject: FELIZ 26 DE NOVIEMBRE

Hola.

Es raro.

Cuando empecé a pensar en escribir este mail tenía unas ganas bárbaras de que el subject fuera: 30.000 veces feliz cumpleaños, Don Augustito. Pero ahora ...

La vida me regaló hoy dos momentos fantásticos. Cuando me levanté, encontré pronta para ser arrojada a la basura una revista que una amiga me prestó en 1994, en la que encontré dos artículos que para aquél momento me resultaron muy útiles; en cuya última página venía este artículo; tomado de "Cuando la gente buena sufre", Harold Kushner, Editorial EMECE.

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Una pregunta esencial

Somos capaces de soportar cualquier carga si pensamos que lo que estamos haciendo tiene un significado. Sin embargo, las cosas "malas" que nos suceden durante nuestra vida carecen espontáneamente de significado.

Somos nosotros quienes podemos dárselo. Podemos redimir estas tragedias de su carencia de sentido, imponiéndoles un significado desde nosotros mismos. Las preguntas que debemos hacernos no son "¿Por qué me sucede esto a mí? o ¿Qué hice para merecer esto?, porque esas son preguntas inútiles y sin respuesta. Sería preferible preguntarnos "Ahora que me ha sucedido esto: ¿qué voy a hacer al respecto?

Martin Gray, sobreviviente del Ghetto de Varsovia y del Holocausto cuenta que logró rehacer su vida. Tuvo éxito económico, se casó y formó una familia. La vida le parecía buena, más allá de los horrores del campo de concentración. Un día su esposa e hijos fallecieron cuando un incendio forestal destruyó su casa en el Sur de Francia. Gray estaba desesperado: esta nueva tragedia lo llevó al borde de la locura.

La gente insistía en que exigiera una investigación para averiguar las causas del incendio, pero él prefirió emplear sus recursos en un movimiento para proteger a la naturaleza de incendios futuros.

Explicó que una investigación se concentraría únicamente en el pasado, en cuestiones de dolor, pena y culpa. Lo enfrentaría con otras personas (" - ¡Alguien cometió una negligencia!. ¿De quién fue la culpa?"), y buscar un villano, acusar a otro por el dolor propio, sólo deja más sola a una persona. La vida, concluyó, debe ser vivida por algo, no contra algo.

Nosotros también podemos superar las preguntas que se concentran en el pasado y en el dolor y hacernos, en cambio, la pregunta que abre las puertas del presente y el futuro:

"Ahora que me ha sucedido esto: ¿qué voy a hacer al respecto? "

Los hechos de la vida y de la muerte son neutrales. Nosotros, con nuestra respuesta, le damos al sufrimiento su significado. Las enfermedades, los accidentes, las crisis económicas, las tragedias humanas matan personas. Pero no matan, necesariamente, la vida o la fe.

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Si hubiera sido lo único bueno del día, hubiera valido la pena compartirlo, ¿verdad?

El segundo regalo fue que a las diez de la mañana, mientras estaba escribiendo el texto de un espectáculo que empiezo a imaginar, llegó Oscar Guajardo, mi amigo chileno. Venía a compartir un precioso informe que le hizo una Inspectora por su trabajo con niños con capacidades diferentes con los que trabaja en algunas escuelas públicas de zonas socialmente deprimidas.

Estábamos conversando, olvidados de todo, cuando en la radio que escuchábamos el tono del locutor que interrumpió la música se impuso a nuestra alegre distancia y nos contó que, con su inmunidad, había comenzado a terminar la impunidad del General Pinochet.

Un abrazo de esos que gracias a Dios he podido saber lo que son, nos unió por largos segundos, mientras la emoción nos abarcaba en toda su dimensión. A los pocos minutos llamé a Roberto, otro amigo con amigos en Punta Arenas (y bajo muchas arenas), quien no se había enterado, y me bendijo como portador de tan buenas nuevas.

Y ahora, a las tres de la tarde de un día que empezó gris pero que poco a poco parece querer tomar tono festivo, cuando quiero mandarles el mail, comienzo a dudar, a no saber qué escribir, por no saber lo que siento. Y lo voy analizando con ustedes mientras escribo.

En un principio no me quedó claro. Era como que la irrupción del espíritu del artículo me había cortado el festejo; pero no. Ahora entendí: me parece que ya fue suficiente.

Que esos segundos con mis dos amigos ocuparon todo el tiempo que merece en mi vida y en mi corazón un ser como el hoy (por razones tan felizmente diferentes) notorio militar.

Y que todo el amor y la solidaridad con sus víctimas, más todo el festejo del mundo por la caída de este hijo de puta, no mitigarán el dolor pasado, como tampoco todo el rencor del mundo servirá para nada.

Sin parecerme mal que le juzguen y condenen quienes se sientan capaces de hacerlo, creo que nada de lo que le suceda en lo que le quede de vida será lo que Pinochet merece.

Y ahora me doy cuenta que ya tampoco se lo deseo. Este es el tercer regalo que me ha hecho este glorioso día.

Por eso lo del subject.

Un beso y/o un abrazo. Tú eliges.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Caso Feldman: Gritos y susurros. Y un silencio estrepitoso.


Me sorprende grandemente la reacción que observo en relación al emplazamiento formulado por el Dr. Jorge Batlle al candidato presidencial Sr. José Mujica Cordano y al Sr. Julio Marenales Sáenz.

Nada afirmó el ex Presidente, sino que -simplemente- manifestó (públicamente y ante la Justicia) su inquietud respecto de la posible existencia de un aparato armado para-estatal (por ende ilegal), y -atento a los antecedentes de ambos- les solicitó públicamente manifestaran su desvinculación del mismo. Tener muchos años, ser protagonista de la historia política reciente, saber leer y haber sido blanco militar de ambos otorga al Dr. Batlle, me parece, credenciales como para hacerlo.

Hago especial énfasis en señalar la justicia de la afirmación "atento a los antecedentes de ambos", ya que es público y notorio que no una sino dos veces en treinta años (ambas en el marco de la más plena vigencia posible del Estado de Derecho) el MLN que ambos integraban organizó estructuras para-militares ilegales. La primera hizo eclosión en 1961, la segunda estaba lista para probarse en 1994 en ocasión del traslado de los terroristas vascos del Hospital Filtro al Aeropuerto. Una filtración evitó la masacre. Los estaban esperando.

Nada de alocadas afirmaciones del Dr. Batlle o del suscrito. Lo primero lo sabe todo el mundo y hasta se enseña en la Escuela. Lo segundo, todo el que quiera saber, ya se puede comprar en cualquier librería un libro en el que el Sr. Jorge Zabalza da detalles del hecho y confirma el conocimiento de los hoy "emplazados", sin haber sido desmentido jamás.

El caso del Cr. Feldman es extremadamente grave. Pero, además, es extraño, y habilita reflexiones en el sentido de las del ex Presidente, ya que:

- No hay forma de que alguien lleve a cabo solitariamente una actividad como la descubierta. Ergo: hay una organización que reunió mil armas de guerra, algunas súper modernas y sofisticadas, otras (algunas robadas a las Fuerzas Armadas) datan de la época en que el MLN se integró como asociación para delinquir; pero tales que -salvo que tenga clientes en los museos de Europa- ningún traficante guarda ni vende. Raro, rarito, raro.

- La explicación del incendio de una casa destinada a almacenar armas en tal cantidad y de tal peligrosidad por cortocircuito de un enchufe no sometido a carga extrema, es inaceptable para cualquiera que sepa de electricidad. Ergo: es razonable pensar que alguien que sabía lo que allí se guardaba incendió el local y puso la mira del Estado sobre el hoy finado Contador. Raro. Más que raro, feo.

- La forma en que se condujo la Policía en el caso es por demás extraña. No soy experto, pero puedo observar dos anomalías graves en el procedimiento.
1) El descabellado modo de aproximación inicial. Ni el estúpido que esto escribe va sin chaleco, casco ni respaldo de fuego directo a buscar al dueño de un arsenal así, sea éste traficante de armas, guerrillero o chorro belicoso nomás.

2) Mediando indicación precisa del Juez de intentar detener al responsable con vida, en lugar de sitiar la casa y obligarlo a salir por desgaste (o mediante gases, ultrasonido, invasión de pulgas amaestradas o vaya a saber qué medios de esos que vemos todos los días en la tele usan las Policías del mundo), entraron a sangre y fuego, acribillándolo en el suelo. La autopsia revelaría que se suicidó, pero la Policía intentó matarlo por todas las vías a su alcance. Porque mató a un compañero, se dirá. ¿Y quién lo mandó inerme a hacerse matar? ¿Raro, feo, poco profesional o intencional? No se necesita ser escritor de policiales para dudar. No afirmo nada: explico y hago mías las dudas del inefable Jorge.

- Cuesta comprender la celeridad con la que el Ministro del Interior y el Juez salieron a la Prensa a decir que era un caso sin implicaciones políticas; lo cual está por verse al día de hoy, e implica un prejuzgamiento inadmisible y una politización de asuntos estrictamente judiciales. Esto no es raro. Al menos no últimamente.

- Más aún cuesta comprender que -en lugar de lisa y llanamente decir "¿Qué dijo Jorge? Ah ta: Jorge... Jorgito... Bueh... no. No tengo nada que ver " y poner punto final al tema- salieran los implicados y sus adláteres (políticos y de la barra del fierro) a descalificar al Dr. Batlle acusándolo desde de desequilibrado y demente senil hasta de impotente. Para un diputadito que aún usa su alias, para un ex Ministro en cuyo Ministerio se cobra indebidamente y organizan concursos digitados, vaya y pase. Para un presidenciable en carrera, adiós unos cuantos votos hasta entonces dubitativos.

Eso sí: de desmentir algo, de desvincularse del arsenal y sus implicaciones, nada.

Si hay algo que se les puede reconocer a ambos es coherencia: jamás lo hicieron tras la publicación de información insospechable acerca de la asonada del 24 de agosto de 1994 (que costó dos vidas, recuerdo al pasar), como tampoco confirmaron públicamente, ellos ni ninguno de sus camaradas de armas, su convicción de que la vía armada está descartada. Obligados por la pregunta, dijeron: " Ahora el camino es el de las urnas". Lo cual, para quien quiera entender lo que se dice y no escuchar lo que quiere, es no negar que -en otro momento y coyuntura- la vía armada es aceptable.

Por lo expuesto, no me duelen prendas al señalar que comparto plenamente que una declaración en el sentido solicitado traería tranquilidad a la población y aventaría una sombra que oscurece el panorama electoral; no precisamente por obra y decisión del Dr. Jorge Batlle, a quien -es sabido por quienes me conocen bien- no me unen vínculos de ninguna naturaleza ni simpatía política o personal alguna.

Gracias por tu atención.

lunes, 26 de octubre de 2009

Rareza. Un debate serio, profundo, cálido y afectuoso sobre la anulación de la Ley de Caducidad


Fede, qué bueno saber de ti!!
Me gusta poco eso de nomás resultarte entretenida mi retórica, pero es de lo mejor que me han dicho los pocos que se han dignado responder no ya a este sino a la media docena de artículos llenos de argumentos que publiqué en el último mes. La tuya incorpora la novedad de las ideas, así que mi agradecimiento es expreso.

Hace años utilizo el método de la cita, que no sólo ordena el debate sino que impide las deformaciones, por involuntarias que resulten ser; y vi que te es grato. Empiezo.

Cita: La verdad que me resulta muy entretenida tu retórica y decidí escribirte no solo para alcahuetearte, sino para ahondar un poco en relación al contenido de tus últimas intervenciones argumentando en contra de una posible derogación de esta cuestionada "Ley de Caducidad",

- Alcahuetearme sin más no estaría mal para mi vanidad, pero me gusta más lo que hiciste.
Comienzo la respuesta rectificándote: no sólo no me opongo sino que en mi primer artículo (están todos en el blog) postulo como buena y deseable la derogación de la Ley; piedra en el zapato de todos los que tenemos principios, y que ya cumpió con su objetivo de lubricar la salida (o la metida del penúltimo choclo de la dictadura militar. El último fue Berríos).

Cito: hija, como yo, de una periplo de nuestra historia que quizá hoy, visto a la luz de nuestra actual sensibilidad social, pueda resultar “bárbaro” para algunos e incluso incomprensible para otros.

- El problema de pensar en la apuesta que vas a hacer el domingo con el diario del lunes es que -además de inútil- te da una perspectiva necesariamente errada. Napoleón llegó a Egipto arrancando cabezas (literalmente), pero resulta que la Historia terminó diciendo que le llevó la civilización. ¿Qué dirá la Historia de esta etapa de nuestra vida política? Estamos frente a un caso atípico, donde el que cuenta el cuento es quien perdió la guerra. El MLN-T y el PC perdieron la guerra pero indudablemente ganaron la batalla cultural y -como consecuencia directa de ello- hoy la gente de tu edad tiene una visión parcial de la situación y una parte la de mi edad parece querer olvidar algunos hechos tal cual sucedieron.

Para poder entender el proceso que llevó a la Ley, hay que haber estado empapado de cosas tales como el No del 80', las Internas del 82', el Decreto del 6 de agosto 83', el Pacto del Club Naval, la proscripción de Seregni, la cárcel de Wilson, etc.; asuntos todos que cito en mi primer artículo. Seregni estuvo en el Club Naval en representación del Frente, y por supuesto que allí no se dijo a los militares que no se los iba a perseguir, ni mucho menos lo contrario. Estaba implícito que no, en una negociación hacia una salida incruenta, donde los que lo tenían entregaban el poder ante la evidencia de que intentar conservarlo implicaría una represión feroz de futuro incierto.

Cito: Creo que por el solo hecho de que haya sido tenido en cuenta en la campaña del 1989, de la que sinceramente solo un vago recuerdo conservo,

- El propio Gonzalo Aguirre (que fue quien brillantemente señaló que aquél plebiscito no significaba el enfrentamiento entre un montón de desalmados amorales y los defensores de los principios, sino el enfrentamiento entre dos éticas: la de la responsabilidad y la de los principios) sostenía el criterio y ha dejado hasta por escrito la opinión que hoy por primera vez en veinte años convalida la Corte.

Cito: no es elemento suficiente para justificar, lo que entiendo, muy indulgentemente calificas como “abollón específico y circunstancial” a la separación de poderes. Yo, con todo el respeto que me merece nuestra gente como colectivo y conociendo el hilo de sucesos que antecedieron a dicha decisión, - digo conociendo, ya que resultaría pretencioso creer entender un contexto del cual, si algún conocimiento tengo, es solo a través de lecturas y/o relatos-,creo que, en crónicas de Aureliano Folle sería algo así como “un choque frontal de magníficas proporciones y con resultados fatales” para nuestra constitución.

- Te agradezco la franqueza de señalar la dificultad de tener una opinión completa sólo por referencias; ya que -de pasada- estás dando por bueno lo que digo aunque luego te contradigas. No son ustedes quienes deben laudar eso: ya lo hicimos los que la sufrimos y sabíamos de qué venía la cosa.

La justificación es in totum, no es parcial. La Ley es un parche, y uno anda con un parche hasta que puede comprarse otra goma. ¿Ha llegado el tiempo en que podemos derogarla? Pues lo hacemos, pero hacer como que no existió nada? Jamás.

El abollón es eso y nada más: circunstancial acotado y a término y, tan no es fatal, que allí está la Constitución, vivita y coleando, el Parlamento y la Suprema Corte funcionando, el Ejecutivo acatando y ejecutando, y todos contentos. Ah, y me olvidaba de los que -con esta Ley de por medio- están y estarán presos . Nada de eso existía entonces, y sí unos militares no muy convencidos de la conveniencia de entregar el poder.

Fea, injusta, inconstitucional, lo que quieras: mene frega. Acá estamos, el país va para adelante, ganó el Frente, y uno de los guerrilleros perdedores es el futuro Presidente, los milicos chito calladito, y todo el mundo en el Corso. Lo único que no sucede es lo que de todos modos no sucederá, con o sin Ley: ni un sólo dato verdadero llegará, ni un sólo hueso aparecerá, hasta que a alguien se le ablande el corazón o esté tan próximo a la locura o la muerte que no le importe traicionar el compromiso de silencio que lo une a sus camaradas combatientes. Horrible por sus consecuencias, es un código de honor y, para entenderlo, hay que bucear un poco en el alma del adversario; no sólo despreciarlo y amenazarlo con Jueces, escarnio y cárcel.

Cito: Pero el resultado de mayores consecuencias en este siniestro, el que violenta aún más profundamente nuestra conciencia, es la resignación de nuestra sociedad dada la vigencia de esta Ley, a un valor humano fundamental, aquel por el cual todos los hombres y mujeres somos iguales ante la ley, sin que existan privilegios ni prerrogativas de sangre o títulos nobiliarios. En este punto no encuentro “tela para cortar”, ya que esto trasciende incluso nuestra constitución para constituir un pilar fundamental de la democracia en todo el planeta - recogido incluso por monarquías constitucionales España, Gran Bretaña o Japón, etc – y que por encima de todas estas instituciones, estados o leyes, se constituye en un valor de esos que uno quiere dejar bien incrustado en el corazón de sus hijos.

En 1989 no hubo resignación sino una decisión madura, adulta, una opción entre lo deseable y lo posible, que no violenta mi conciencia sino mi sensibilidad y espíritu de justicia; como tantas cosas que suceden en esta vida. Pero no por eso junto firmas para meter presos a los biznietos de Rivera por la masacre de Salsipuedes.

Hay tres mentiras universales: 1) Yo nunca miento 2)Todos iguales ante la Ley 3) La puntita nada más. (Perdoná la caída, pero no deja de ser serio quien se atreve al humor). La igualdad ante la Ley es el equivalente constitucional del "Amáos los unos a los otros" del Cristianismo, el "Libertad, Igualdad y Fraternidad" de la Revolución Francesa, el "A cada quien según su necesidad..." del Socialismo. La Constitución marca metas, rumbos, habla de derecho a la vivienda, a la educación, al trabajo, a la salud, a la dignidad; y nada de eso es completo, ni se acerca siquiera en algunos casos a ser verdad. Y no por eso la Constitución es falsa o miente. Paso a paso, hay que seguir tratando de acercarse al ideal.

Yo quiero lo mejor para mí, mis hijos, mis adversarios y los hijos de mis adversarios. Por eso, a los míos y a los que puedo, les muestro principios bien elevados, raciocinio y flexibilidad. No me gustaría cortarle una mano a un hijo, pero si el Dr. me dice "... bueno... yo no puedo hacer nada más. Nnno estoy seguro... pppupuede que no le pase nada , pero... existe riesgo de que la infección regrese, y en una de esas se muere", ¿sabés qué hago? Se la corto yo mismo, con los dientes si no tengo bisturí.

Supongo que es imposible transmitirte la sensación de quienes tanto pusimos para la recuperación democrática, al sentir que todo se ponía en riesgo nuevamente. Agregá saber que blancos y colorados estábamos solos, tras la incalificable actitud del Frente; que se negó a votar la Ley Zumarán Batalla (mucho mejor que esta). Jaime Pérez llegó a decirlo públicamente: déjenlos que ellos voten esto y se incendien. ¡Cálculo político! Después hablan de principios.

Nunca el fin justifica los medios si éstos son malos, pero ver que pasó lo que quería me deja tranquilo con mi conciencia. El "si hubiera" no corre para los que tomamos decisiones; y vos bien lo sabés. A lo hecho, pecho.

Cito: Por esto es que más allá de las convicciones personales o simpatía que puedan despertarme las diferentes facciones políticas a las que lamentablemente se ven asociados detractores o defensores de la Ley - ya que creo que ésta no es una dedición de corte político sino humano- es que, si bien puedo comprender la “utilidad” de la misma, en un momento “específico y circunstancial” , creo que hoy ya cumplió la funcionalidad que algunos pueden atribuirle no teniendo más lugar, no en nuestra legislatura, sino en nuestra alma.

- Estoy de acuerdo en que uno no es responsable de quiénes lo acompañan en algo, ni por qué.

En mi alma, esta Ley nunca tuvo lugar, ni en la de un alto porcentaje de los que la votamos con lágrimas en los ojos. Si no la querés en la Legislación, promové la derogación y yo te firmo primero. Se puede hacer hoy mismo: el Frente tienen la mayoría absoluta, y los acompañarían muchos blancos, colorados, e independientes.

Cito: El derecho que mueve a un pueblo a levantar una bandera y luchar por su independencia, el que lo lleva a validar una constitución, a modificarla cuando lo encuentra conveniente, es el mismo que le otorga la autoridad para promulgar o derogar una ley, para plebicitar o re-plebicitar otra... es el derecho que todo pueblo tiene ( o debería tener), es el derecho a la libertad, a la libertad incluso de equivocarse una y otra vez. Y el pueblo es hoy tan soberano como lo fue en el 30, como lo fue en el 84, en el 89, y también en el 2004 y nos guste o no, ostenta la misma autoridad.

- En Derecho existe lo que se llama cosa juzgada, y eso invalida de plano tu afirmación respecto de re-plebiscitar. No siendo por eso, estoy en un todo de acuerdo con lo que aquí decís, con una salvedad: cada Sociedad es heredera de su pasado, dueña de su momento histórico, y sembradora de los futuros. La diferencia enorme entre el 30,el 84, el 89, el 2004 y el 2009, es que en éste se pretende modificar el pasado, y eso es lógicamente imposible, éticamente reprobable y ajeno al Derecho imperante, hoy y acá.

Además, es inútil. Si el plebiscito por la anulación triunfara y nadie interpusiera un recurso de inconstitucionalidad (no hay nada más inconstitucional que la retroactividad del Derecho), todos los casos descartados con anterioridad podrían reabrirse, pero las defensas apelarían indicando que la anulación no existe en nuestro sistema jurídico, y habría que llevar cada caso a la SCJ, la que tendría que expedirse acerca del punto. O sea: un nudo gigantesco, muchísimo ruido, la destrucción del principio de certeza jurídica, nadie o casi nadie más preso, ni un hueso ni tumba ni un dato más. Y una mierda que hace veinte años era vieja, revuelta y volanteada por toda la Sociedad.

Cito: Para quien también intenta cultivar la libertad como el pensamiento, quien entiende que esta no debería nunca subordinarse a la espada, como tampoco a la pluma, no ve otra cosa que una pluma que respondió a los intereses de una espada que utilizó la influencia que algunos otros tenían sobre una sociedad, desconcertada por lo que había vivido en carne y a la que la urgencia de una salida justificaba lo propuesto… y quizá entienda, pero lejos, lejos está de ver un esbozo de LIBERTAD en aquella decisión.

- Los debería y no debería son propiedad de cada uno, comparto los tuyos, no tus dichos y -afirmo- hubo mucha libertad en la decisión (se puede ser libre bajo presión, y es muy digno tener miedo); y, sobre todo, responsabilidad. No hubo subordinación del pueblo a los intereses de los portasables sin honor, sino la libre decisión de sacrificar algo para ganar la tranquilidad de que -con el tiempo- se tendría casi casi todo. Veinte años después, todo lo dicho es cierto, rige lo más plenamente que se recuerde el Estado de Derecho, y la supuesta igualdad ante la Ley suma a su listado tradicional de excepciones (todos los poderosos, los que tienen un buen abogado, un amigo, un dato, etc, etc, etc) a un puñado decreciente de militares que van muriendo uno a uno, abrazados a su convicción y despreciados por casi todo el mundo.

Yo no pensé en mí, en mi furia, en mi dolor, en mi sed de justicia tras doce años de su ausencia y de un miedo atroz, como no quiero sepas jamás lo que es; pensé en un país para mis hijos donde cada uno fuera arquitecto de su destino y nadie le dijera qué podía y qué no, a riesgo de cárcel o vida si no hacía caso.

Lo conseguí, también para mí y la enorme mayoría de mis compatriotas y coetáneos, me duele el precio ajeno más que el propio, pero lo pagué y punto.

Cito: Y es verdad, soy parte de esa generación que discrepa, pero no de esa que se avergüenza de lo que hicieron sus antecesores y que solo busca culpables, todos tenemos nuestras miserias, pero entiendo que de la misma forma que ellos tuvieron el derecho y la autoridad para “enmendar la plana” de los años que vendrían, tenemos el mismo derecho y autoridad para corregir un error -que ni me importa de quien haya sido-

- La realidad cotidiana es el resultado de los aciertos y errores del pasado. No se puede elegir sólo lo que nos gusta y eliminar retroactivamente lo que no. ¿Para adelante? Lo que quieras, y yo contigo; pero no existe el derecho de (ni se puede) cambiar el pasado; ni mucho menos se puede hablar de autoridad para hacerlo. Nadie la tiene, por mucho que te (nos) duela lo que tuvimos que hacer.

Cito: que abriga HOY nuestra legislatura y que a la vista de nuestra actual sensibilidad socava en lo más hondo mi corazón.

Por tercera vez: ¿derogar? Ya. Ya. Hoy mismo. Pero esa no te la llevan tus ocasionales compañeros de ruta. La Ley no se derogó porque Vázquez (buscando votos prestados) se comprometió a mantenerla y al riguroso respeto de la decisión popular del 89. A medio período, algún ultra inventó lo de la anulación, y pocos creyeron que la cosa viniera en serio. Creció, se dieron cuenta, el Frente necesitaba una "causa" que reuniera a la militancia y le devolviera la cohesión perdida en ejercicio del Gobierno, y -tarde pero- a firmar.

Anular la Ley (esta o cualquiera) es un caso en el que es peor la enmienda que el soneto. Para presuntamente reparar la violación (a término) de un (único) aspecto constitucional (separación de Poderes, ya que la del principio de Igualdad la descartó la propia Corte en el mismo fallo que motivó esta charla) se vulnera en forma permanente el principio de certeza jurídica, legislando retroactivamente.

No hay ningún país (ni los que sufren dictaduras desde hace 40 años o más) en el que se legisle para atrás. ¿Será un capricho? ¿Le vamos a enseñar Derecho al mundo?

Cito: Un cálido abrazo,

- Otro. Que puedas hacer la mejor elección. Y gracias de nuevo.

viernes, 23 de octubre de 2009

Reflexiones finales acerca del plebiscito por la anulación


Anular la impunidad. Verdad y Justicia. Juicio y castigo

Así gritaban ayer los parlantes, las cadenas rengas y parciales otorgadas por el Presidente de todos y todo aquél que le pareciera bien; y grita hoy cuanto espacio de impunidad hay (Internet, volantes, affiches, pintadas, vocingleros embanderados, etc). No honraré con un instante de atención la segunda consigna, descartada hace veinte años por más de la mitad de los que votan con los que la proclaman. Al decir del Sr. Futuro Presidente, “…tiene un jedor a venganza de la puta que lo parió”. Se viene abrazo con ADEOM, FENAPES, etc.

Verdad y Justicia, pues. Lindos conceptos, altos ideales, lejos, muy lejos de nuestra humana capacidad; sueño y motor de quienes conservamos viva la utopía, fácilmente arrojables a los demás para lo general, guardados en incómoda mochila y no siempre aplicados en el ejercicio de la vivencia cotidiana. Pero acá apuntan a otra cosa.

Verdad. No es la Ley de Caducidad la que nos niega el conocimiento del destino de los desaparecidos, ni su ausencia lo habilitará. Esa información es prisionera de un código de honor entre camaradas combatientes, que incluye el silencio y la asunción colectiva de la responsabilidad. Hace pocos días vimos al Ministro Bonomi hacer uso exactamente de la misma prerrogativa. El popular “Bicho” no asesinó por la espalda al policía. Estuvo ahí, sabe quién fue, no lo dice y se hace cargo colectivamente de todo. No hay buen deseo, Ley ni Juez que pueda con eso. Nos guste o no.

Los militares no dijeron la verdad cuando no les podía pasar nada. ¿Por qué habrían de hacerlo porque los lleven a declarar de prepo, arriesgando –además- ir en cana por cómplices?

Justicia. Esto está aún más lejos, pero el Poder Judicial no tanto, y viene de desmentir el absurdo eslogan de Ley de impunidad. Con la Ley vigente, aparecieron hijos, hubo procesamientos y condenas. Los casos donde hay pruebas seguirán procesándose, el Goyo y varios más no saldrán vivos de la cárcel, y los que se escaparon morirán solos en el exilio y unánimemente despreciados (por torturadores, asesinos y cobardes que no comparten el destino de sus camaradas caídos en desgracia).

Si triunfara el plebiscito y cayera esta Ley, el Derecho seguirá existiendo y –producido el hecho- cualquiera podrá elevar a la SCJ una solicitud de declaración de inconstitucionalidad de la anulación. Si la solicitud no prosperara (y ello lleva tiempo), o si ello no tuviera efecto suspensivo, ni bien citado alguien como indagado, su defensa hará arrastrarse las causas desde Apelaciones hasta la Suprema Corte, señalando la notoria incongruencia entre la legislación retroactiva, la práctica jurídica uruguaya y varios preceptos constitucionales muy caros a la Cátedra local y universal. Será allí y entonces, cuando llegue y caso a caso, donde habrá que ver cuántos pares son tres botas. Todo ello con los indagados en libertad.

En la hipótesis de que la Corte decida sentar jurisprudencia universal y declarar que es constitucional cambiar el pasado jurídico, empezará cada juicio, y –tal vez- alguno vaya preso mientras se lo juzga. Habrán pasado casi cuarenta años, no hay pruebas concretas de casi nada, no hay documentos, fotos, mucho menos confesiones, sólo testimonios de la parte denunciante y poco más. Hace una semana agarraron a unos tipos sentados arriba de dos toneladas de drogas y a otro que compró el barco y -como no hay cómo probar algunas cosas- hay uno solito en cana. ¿Qué puede suceder mediando tanto tiempo, tal escasez probatoria, sumadas a la ocultación premeditada y sistemática?

En Uruguay no existe el Testigo colaborador que se salva por enterrar a los demás, así que no será por conveniencia que confiesen. ¿Será que el hecho de llevarlos a juicio les mejorará la memoria, los hará más sensibles al sufrimiento de sus enemigos o sus hijos, y les hará violentar el código de que hablaba antes? Si lo hacen, son boleta. No es probable que los maten, pero los despreciarán corporativamente, que es más o menos lo mismo: la corporación es el último reducto de no desprecio de que disfrutan. Olvide amig@, eso no sucederá.

En suma: ni más ni mejores juicios, ni castigos, ni verdad ni justicia, pero sí mierda volando por todos lados durante años, y adiós al principio de certeza jurídica. A partir de ahora, nada es seguro, porque lo que hoy no es ilegal mañana puede que lo sea, y -aunque no lo supieras- eras/eres un delincuente y cana contigo, ya que no podrás ocultar las pruebas.

No hay caso: le doy vueltas y vueltas y sigo convencido de que esta propuesta no ayuda a mejorar nada, y generará además (en caso de que el plebiscito no prospere) una gran frustración en todos sus propulsores y más rencor entre los que ya lo padecen; que sé no es tu caso, y me apresuro a reconocerlo.

Espero haber podido colaborar a tu reflexión. Te deseo un buen día, fin de semana y la mejor elección.


Es hora de reflexión. Voto epistolar ¿Por qué?


Ayer me encontré con la novia de mi hijo. Salió el tema del voto epistolar. Yo no había dicho una palabra y me dice: - Yo no voy a votar. Eso es una joda. - ¿Por qué, m’hija?, pregunté. - En casa llegan cinco sobres en cada elección (hasta el de mi abuela, que murio hace un año), y vota solo mi vieja. - ¿Y ? Está bien, los demás no sienten tener derecho a interferir en la vida política de un país en el que no viven. - No, no me entendiste, Carlos. Vota ella, cinco veces. Manda los cinco sobres con lo que se le antoja.

¿Garantías dijo?

SI. Voto por …

Preguntando estoy. ¿Leíste la redacción del artículo que se propone agregar? Es espantosa y habilita el voto epistolar desde Uruguay, pero eso no es lo peor: encomienda a la Corte Electoral hacer lo que le parezca al respecto. No al Parlamento, no al Poder Ejecutivo, no a una Constituyente: a la Corte. Una Corte que, por decir algo, no ha podido ser renovada por problemas políticos, una Corte que -integrada por quien sea, por respetable que sea- no depende de nadie, tiene y tendrá las manos libres para hacer lo que se le antoje con el tema. ¿Vamos a otorgar ese cheque en blanco?

¿Por qué ningún experto en Derecho Constitucional está de acuerdo con este plebiscito? Tal vez sea porque analizan el tema desde ese punto de vista. Y apesta.

Recojo de Internet algunos argumentos.

“Dentro o fuera del pais, si eres de Uruguay tienes derecho a votar”

¿Estás seguro? Según la Constitución y las Leyes, sólo tiene derecho (a votar o a cualquier otra cosa que devenga de integrar la República) quien vive y está en Uruguay. (Constitución, Art. 1)

Todos somos uruguayos ; y todo queremos lo mejor ;asi que apoyo al voto epistolar!!!

Buena Intención y Principios : Aprobado. Lógica y Derecho Constitucional aplazado.

Los que estamos afuera queremos poder decidir!!!

Imagina. Tu espos@ se fue de casa. Por la razón que sea. Se enamoró de otr@, necesita tiempo, quiere recuperar su identidad, no podía quedarse porque no conseguia trabajo y no quería estar colgad@, no te aguantaba más o vicecersa. El hecho es que se fue. No vive más contigo, no aporta a la vida familiar, a su sustento, a la atención de los niños, la tuya, la de sus padres, los tuyos, la Contribución, los impuestos, el seguro, la nafta o la patente del auto. No te ayuda a arreglar las roturas de la casa, a cocinar, lavar, planchar, barrer, pintar. No come la comida que cocinas, no sonríe cada día con tu alegría ni ve tus lágrimas de cansancio o frustración. No nada. No todo. A veces llama, te manda un mail o chatea contigo. En una de esas hasta te manda plata cada tanto o viene en las fiestas a buscar los gurises.

¿Vos le permitirías decidir cómo tenés que gastar tu sueldo, qué tenés que comer, qué ropa usar, con quién tener sexo, de qué color pintar las paredes, cómo manejar o mantener el auto, o a qué bailes o escuela o liceo pueden que ir los nenes? ¿Verdad que no? Cada uno manda en su casa, y en su vida. Nadie se opone a que escuches su opinión y la tengas en cuenta, pero ¿permitirle decidir? Si vale para ti, tu vida y tu casa ¿por qué no para el país?

Vota si para que el voto no sea una frontera

La frontera no la ponemos los que no votamos a favor, sino el Artículo 1 de la Constitución, que incluye en la Asociación política denominada República Oriental del Uruguay a todos aquellos que –nacidos en su territorio o no- viven en él. Alcanza con leerlo.

Artículo 1º.- La República Oriental del Uruguay es la asociación política de todos los habitantes comprendidos dentro de su territorio.

Es así, y agrega al precio de tener lo que se quiere y aquí no se consigue, pero es claro que quien emigra renuncia voluntariamente a las obligaciones y derechos que implica pertenecer a dicha Asociación. Duele, pero no hay mucho donde dudar.

Espero haber ayudado a tu reflexión. Te deseo un buen día, fin de semana, y la mejor elección.


martes, 20 de octubre de 2009

Ser o no ser (inconstitucional): esa no es la cuestión


La Suprema Corte de Justicia acaba de emitir un fallo a favor de la solicitud de la Fiscal Guianze relativa a la inconstitucionalidad de la Ley de Caducidad en un determinado caso. Ante ello: un par de reflexiones.

La primera, es que el fallo es novedoso en este sentido, en tanto todos los que se presentaron a lo largo de décadas han recibido decisión contraria. Cosas de épocas e integración, nada más. La Ley es la misma que el Pueblo respaldó oportunamente por mayor margen que el NO del 80’ en contra de la Constitución de los militares. Lo cual me lleva al fondo del asunto.

Según dice la Constitución, el Gobierno se compone de tres Poderes, uno de los cuales (el Judicial) es integrado completamente por gente que el Pueblo no nombra, como sí lo hace con los de los otros dos. O sea que -si hay un Poder que poco se vincula al Soberano y su voluntad- es este. La gente común (entre la que me cuento) no tiene idea de cómo ni por qué estos señores (que terminan teniendo tanta ingerencia en nuestras vidas) son nombrados, promovidos, etc. Pero allí están.

El Estado es una creación del Soberano, el cual delega en organizaciones especializadas la prestación de determinados servicios, casos típicos los de la legislación, la administración ejecutiva y la de la llamada Justicia (Derecho y gracias, diría). En ciertas ocasiones, como los referéndum y plebiscitos, el Soberano recupera momentáneamente su delegado poder, y resuelve acerca de determinados temas sobre los que es consultado. Tal el caso de la Ley de Caducidad, que recibió una contundente convalidación por el 60% de los votantes el 16 de abril de 1989.

Hay una máxima que dice:”El que puede lo más, puede lo menos”. El Soberano de cada época convalidó desde 1830 cada Constitución que se le propuso, y aceptó o rechazó múltiples propuestas de modificación. A sabiendas de que esta Ley violentaba un determinado aspecto (ya que por supuesto que esto se dijo y tuvo en cuenta en la campaña de 1989) el Soberano resolvió que era mejor aceptar ese “abollón” específico y circunstancial a la separación de poderes, y mantuvo con firmeza la Ley plebiscitada.

Me pregunto entonces: ¿quién tiene razón, La Corte o el Pueblo? No lo sé, pero sí sé que quien nombra y mantiene a la Suprema Corte le dijo a los tres Poderes del Estado: “Esta Ley se queda. Si es o no constitucional, arréglenlo, o no hagan nada, eso es tema suyo; pero la Ley se queda”.

Tal vez sea por esa convicción que –con todo respeto por la enjundia técnica y moral de los señores Ministros- me tuvieran tan sin cuidado los dictámenes anteriores como este.

lunes, 19 de octubre de 2009

Epistolar: ese voto que el alma no me pronuncia (2)


Cinco razones de peso para no votar sí. 1) La propuesta es contraria al Art. 1 de la Constitución.

2) Elimina tres garantías fundamentales (secreto, identidad y libertad de presión del votante en el acto de sufragar) .

3) Es injusta para los que nos quedamos. Imagina. Tu espos@ se fue de casa. Por la razón que sea. Por gusto, necesidad o imposibilidad de quedarse. Se fue. No vive más contigo, no aporta a la vida familiar, su sustento, la atención de los niños la tuya, la de sus padres, los tuyos, el seguro, la nafta o la patente del auto. No arregla las roturas de la casa, no te ayuda a cocinar, lavar, planchar, barrer. No come la comida que cocinas, no sonríe cada día con tu alegría ni ve tus lágrimas de cansancio o frustración. No nada. No todo. A veces llama, te manda un mail o chatea contigo. En una de esas hasta te manda plata cada tanto o viene a ver a los gurises.

¿Vos le permitirías decirte cómo tenés que gastar tu sueldo, qué tenés que comer, qué ropa usar, de qué color pintar las paredes, cómo manejar o mantener el auto o a qué escuela tienen que ir los nenes? ¿Verdad que no? Cada uno manda en su casa, y en su vida. LQQD.

4) La reforma está muy mal redactada. Habilita el voto epistolar a todos los uruguayos que tengan el derecho EN CUALQUIER PAÍS EN QUE RESIDAN O SE ENCUENTREN (ergo, acá también. O sea que... marchen tres millones de sobres con decenas o cientos de listas en cada elección nacional o municipal, más el escrutinio primario de todos los que decidamos no ir hasta el Circuito. ¿Te imaginás? La Corte tendría más empleados que el Ejército.). ¿No me crees? Leé la resolución del Parlamento (la papeleta por supuesto que no lo dice).

5) Quiero un debate parlamentario del tema serio y reflexivo , y una reforma ídem. Esta no lo es.

Un beso