martes, 20 de octubre de 2009

Ser o no ser (inconstitucional): esa no es la cuestión


La Suprema Corte de Justicia acaba de emitir un fallo a favor de la solicitud de la Fiscal Guianze relativa a la inconstitucionalidad de la Ley de Caducidad en un determinado caso. Ante ello: un par de reflexiones.

La primera, es que el fallo es novedoso en este sentido, en tanto todos los que se presentaron a lo largo de décadas han recibido decisión contraria. Cosas de épocas e integración, nada más. La Ley es la misma que el Pueblo respaldó oportunamente por mayor margen que el NO del 80’ en contra de la Constitución de los militares. Lo cual me lleva al fondo del asunto.

Según dice la Constitución, el Gobierno se compone de tres Poderes, uno de los cuales (el Judicial) es integrado completamente por gente que el Pueblo no nombra, como sí lo hace con los de los otros dos. O sea que -si hay un Poder que poco se vincula al Soberano y su voluntad- es este. La gente común (entre la que me cuento) no tiene idea de cómo ni por qué estos señores (que terminan teniendo tanta ingerencia en nuestras vidas) son nombrados, promovidos, etc. Pero allí están.

El Estado es una creación del Soberano, el cual delega en organizaciones especializadas la prestación de determinados servicios, casos típicos los de la legislación, la administración ejecutiva y la de la llamada Justicia (Derecho y gracias, diría). En ciertas ocasiones, como los referéndum y plebiscitos, el Soberano recupera momentáneamente su delegado poder, y resuelve acerca de determinados temas sobre los que es consultado. Tal el caso de la Ley de Caducidad, que recibió una contundente convalidación por el 60% de los votantes el 16 de abril de 1989.

Hay una máxima que dice:”El que puede lo más, puede lo menos”. El Soberano de cada época convalidó desde 1830 cada Constitución que se le propuso, y aceptó o rechazó múltiples propuestas de modificación. A sabiendas de que esta Ley violentaba un determinado aspecto (ya que por supuesto que esto se dijo y tuvo en cuenta en la campaña de 1989) el Soberano resolvió que era mejor aceptar ese “abollón” específico y circunstancial a la separación de poderes, y mantuvo con firmeza la Ley plebiscitada.

Me pregunto entonces: ¿quién tiene razón, La Corte o el Pueblo? No lo sé, pero sí sé que quien nombra y mantiene a la Suprema Corte le dijo a los tres Poderes del Estado: “Esta Ley se queda. Si es o no constitucional, arréglenlo, o no hagan nada, eso es tema suyo; pero la Ley se queda”.

Tal vez sea por esa convicción que –con todo respeto por la enjundia técnica y moral de los señores Ministros- me tuvieran tan sin cuidado los dictámenes anteriores como este.

lunes, 19 de octubre de 2009

Epistolar: ese voto que el alma no me pronuncia (2)


Cinco razones de peso para no votar sí. 1) La propuesta es contraria al Art. 1 de la Constitución.

2) Elimina tres garantías fundamentales (secreto, identidad y libertad de presión del votante en el acto de sufragar) .

3) Es injusta para los que nos quedamos. Imagina. Tu espos@ se fue de casa. Por la razón que sea. Por gusto, necesidad o imposibilidad de quedarse. Se fue. No vive más contigo, no aporta a la vida familiar, su sustento, la atención de los niños la tuya, la de sus padres, los tuyos, el seguro, la nafta o la patente del auto. No arregla las roturas de la casa, no te ayuda a cocinar, lavar, planchar, barrer. No come la comida que cocinas, no sonríe cada día con tu alegría ni ve tus lágrimas de cansancio o frustración. No nada. No todo. A veces llama, te manda un mail o chatea contigo. En una de esas hasta te manda plata cada tanto o viene a ver a los gurises.

¿Vos le permitirías decirte cómo tenés que gastar tu sueldo, qué tenés que comer, qué ropa usar, de qué color pintar las paredes, cómo manejar o mantener el auto o a qué escuela tienen que ir los nenes? ¿Verdad que no? Cada uno manda en su casa, y en su vida. LQQD.

4) La reforma está muy mal redactada. Habilita el voto epistolar a todos los uruguayos que tengan el derecho EN CUALQUIER PAÍS EN QUE RESIDAN O SE ENCUENTREN (ergo, acá también. O sea que... marchen tres millones de sobres con decenas o cientos de listas en cada elección nacional o municipal, más el escrutinio primario de todos los que decidamos no ir hasta el Circuito. ¿Te imaginás? La Corte tendría más empleados que el Ejército.). ¿No me crees? Leé la resolución del Parlamento (la papeleta por supuesto que no lo dice).

5) Quiero un debate parlamentario del tema serio y reflexivo , y una reforma ídem. Esta no lo es.

Un beso

sábado, 17 de octubre de 2009

La Ley de Caducidad y la pretensión retroactiva de unos cuantos

Más allá de que la convicción democrática, el nivel de información y el rigor en el análisis no vienen asegurados en ningún número de firmas (por alto que éste sea), la voluntad de más de 300.000 electores nos convoca y eso no es cosa de descartar alegremente.


Como desconozco quién terminará leyéndolo, no sé cuánta ni cuál información vinculada al tema de fondo manejará; así que haré un poco de Historia tal como la recuerdo, tan verdadera y subjetiva como la que hoy es oficial. Son cuatro párrafos nomás, no da para asustarse.

Entre 1973 y 1979 la cosa era así: para algunos, no morir antes de tiempo, para muchos, no ir en cana, para otros muchos, conservar el laburo o no meterse en problemas, para muchos otros, reconstruir el país tras haberlo “salvado de las garras del comunismo internacional”. Entre 1980 y 1981, para todos, el tema era salir de la sorpresa de la campaña previa y el resultado del Plebiscito constitucional propuesto por el gobierno militar; para los que estábamos en la cosa, aprovechar su confusión y ocupar cada vez más espacios de libertad. De 1982 al 84, tratar de consolidar los espacios ganados, a la vez de liberar y des-proscribir a todos los que se pudiera. En 1985, recuperado el gobierno para los civiles y la libertad para todos, la mano venía mucho más de ver qué porción de poder conseguíamos mantener los civiles bastante triunfadores frente a los militares más o menos vencidos, que de a cuántos de ellos podíamos meter presos, con todo derecho y regocijo.

En el camino ya habíamos tenido que pagar precios tales como las proscripciones de toda la Izquierda ajena a los Partidos tradicionales en las elecciones internas de 1982 (con el Partido Nacional íntegramente representado), la prisión de Wilson y la proscripción de Seregni en 1984 con éste libre, el Frente en tesitura de negociar y los blancos furiosos, no sin razón). La criatura democrática de tal suerte nacida era medio deforme y rengueaba un poco, pero vivía; y era hermosa a los ojos de los que la habíamos engendrado con tanto esfuerzo y parido con tanto dolor. Rehabilitados los tres Poderes, se sucedieron la convocatorias de la Justicia, y la corporación militar trancó fuerte, obligando a pagar la última amarga cuota de la salida rumbo a una vigencia más plena del Estado de Derecho.

Forzado por los hechos, el sistema político pergeñó la Ley de Caducidad que el Parlamento aprobó a fines de 1986, cerrando un paquete compuesto por la Amnistía para presos políticos y conexos, la liberación anticipada de los responsables de delitos de sangre, secuestros extorsivos, políticos, etc, y la reparación económica y restitución laboral de funcionarios públicos perseguidos por la Dictadura. La Ley fue un renuncio y de ello no hay dudas, pero aseguró la salida entregando la menor cantidad de impunidad que se pudo; la cual hubiera sido mucho menor si el Frente hubiera acompañado la Ley Zumarán - Batalla. Quienes no recuerden o no sepan de qué hablo, pregunten por ella y también qué dijo el diputado frenteamplista Jaime Pérez en la ocasión. Si no encuentran quien les cuente, estoy a la orden.

Quedó claro desde entonces que los que fueron capaces de actitudes como esa (del mismo tenor de moral política de las negociaciones en el ESMACO previas al golpe de Estado (militares peruanistas, generales del pueblo... ¿le suena a alguien?), están discapacitados para invocar la ética y los principios al defender sus posiciones. Cualquiera. Todas.


Al empezar 1987 (tras la siesta veraniega), el país volvió a tratar de seguir andando. Los desconformes recogieron firmas y en 1989 se plebiscitó derogar la Ley. El pueblo (el mismo del 80’ y por porcentaje algo mayor) de nuevo dijo NO, convirtiéndola en una de las pocas leyes de nuestra Historia que cuenta con el respaldo expreso del electorado. Como en los Tribunales: tras la apelación el Supremo se expresó. Cosa juzgada.

El Artículo 1 de la Ley dice a texto expreso que el día de su aprobación (o el de su convalidación plebiscitaria, da igual) “ … ha caducado la pretensión punitiva del Estado para los crímenes políticos y conexos…”, salvo los que prevé el Artículo 4. O sea que -desde el punto de vista penal- la Ley ya operó. Podría haber sido derogada al día siguiente, sin que el resultado hubiera cambiado ni un poquito, salvo una levemente mayor agilidad del trámite judicial de los casos que prevé dicho artículo.

Es esa la razón por la que -pese a contarse con la mayoría necesaria- la Ley no se deroga; extremo que contaría con amplio respaldo en la opinión pública, y dejaría felices a la ONU y los firmantes del Pacto de Costa Rica. Es esa la madre del feo borrego que delicadamente llamaré “el artilugio constitucional propuesto”; ingenioso giro jurídico al que considero lógica y éticamente incorrecto, además de política e institucionalmente peligroso. Intento a continuación demostrar por qué.

Los que creemos en la Democracia lo hacemos a sabiendas de que es un sistema imperfecto, que no asegura que nos vaya a gustar el resultado de cada votación sino que todos tengamos iguales derechos a y al participar. Cada voto (inspirado por las razones o sinrazones que cada uno alberga en su cabecita y corazón) vale uno; se suman, y la mayoría decide. Tenga razón o no, esté bien o mal lo que decidió (eso lo sabrá Dios si es que existe y se ocupa de estas cosas), el mandato mayoritario es inapelable. Sólo en el caso de las elecciones es de recibo perseverar y plebiscitarse cada cinco años hasta ganar; cosa que parecen no entender los promotores de este ano contra Natura jurídica.

Desde el punto de vista de la ética política, el tema de la Ley de Caducidad está cerrado y no debería haber debate al respecto. Nos guste o no lo que el Pueblo decidió en 1989, lo hizo con toda claridad; y nadie, repito, NADIE, por importante e ilustrado que sea, o por convencido que esté de que la razón le asiste, debería sentirse por encima de esa decisión del Soberano; sin importar las circunstancias en que ésta haya sido tomada.

Si válido es lo dicho para los que -votando a favor o en contra- produjimos aquella realidad, pretender que una nueva mayoría pueda hacer desaparecer lo que quienes sí lo vivimos decidimos en su momento explota en su sinsentido y se torna inaceptable; máxime cuando dicha mayoría está integrada por un número importante de personas que no tienen conocimiento directo de los hechos a que refiere la Ley.

Dos veces malo, tiene este asunto del re-plebiscito un lado bueno: elimina la necesidad de volver a discutir la Ley de Caducidad. El tema planteado para octubre próximo no es anularla (eso no es posible en nuestro actual ordenamiento jurídico, aunque a la gente le hayan dicho que sí y con eso obtenido un alto porcentaje de las firmas), ni habilitar a la Justicia a juzgar a los responsables de tanta barbarie (eso se puede hacer con la Ley vigente, y está demostrado), ni tampoco definir quién está del lado de los principios (eso ya quedó claro en el planteo del plebiscito de 1989: en ambos bandos hay defensores y violadores de principios). Lo que está en discusión es si los uruguayos queremos o no modificar el pasado a nuestro antojo. Todo lo demás, es ruido político.

Expuesto el que entiendo es el centro de la discusión, paso a fundamentar mi oposición.

No me gusta la Ley de Caducidad, como no me gusta lo que hicieron y siguen haciendo nuestros militares entre el 12 de diciembre de 1972 y el día que digan qué pasó con los prisioneros, dónde están sus cuerpos, y reconozcan sus gravísimos excesos y responsabilidades. Tampoco me gusta lo que hicieron los tupas desde 1962 hasta que hagan lo propio, el aparato armado de los bolches (si bien este fue en dictadura, lo cual cambia ciertamente la perspectiva) ni la barbarie desatada en busca de información al respecto (que también la relativiza, pues si hay armas un militante se convierte en combatiente). Lejos están de agradarme lo que hicieron Pacheco y Bordaberry (padre) o las negociaciones de algunos frentistas con los militares antes del Golpe. Nada de eso me gusta, pero ello no me habilita a negar que existió, ni mucho menos a legislar retroactivamente en el sentido de tal negación.

Para quienes cultivamos la libertad y el pensamiento, cualquier tema puede ser -por definición- objeto de debate. Sin embargo, la vida enseña (y yo aprendí) que algunas cosas pueden tener discusión pero no vuelta, y una de ellas es el pasado. Si quieren y les parece bien, pueden cambiar la Historia de los libros, videos y programas de TV, y decirle cualquier cosa a los jóvenes; pero no se puede hacer que el pasado sea diferente. Es lo que fue, lo que sucedió; y quedó en cada uno, presente pero atrás. Al menos para mí.

Sin comprenderlo, los promotores de esta iniciativa intentan que los votantes uruguayos de 2009 (cientos de miles de los cuales ni siquiera habían nacido en los 70', ni aún en 1986) decreten que la voluntad expresada en su momento por los únicos habilitados para hacerlo, no existe más. Peor aún: que nunca existió.

Es como sostener que un hijo único, que piensa que sus padres hubieran podido darle hermanos, tiene derecho a obtener la anulación del matrimonio de sus progenitores; contra su voluntad pero con los votos de tíos, primos, vecinos y otros que ni se enteran de cómo fue la cosa pero que les parece mal que -ante la duda de poder mantenerlos- no se animaran a tener más hijos. Y los descasan de prepo.

¿Tonterías? No. ¿Preciosismo jurídico? Tampoco. Lógica pura. De ser cierta la premisa "Se puede anular el pasado jurídico por la voluntad del electorado del presente”), si lo es para la Ley de Caducidad lo es para cualquier pieza legislativa o constitucional. Y eso es espantoso, sin necesidad de ejemplos. Saber que el Derecho no es retroactivo en ningún país del mundo ayuda mucho.


Resultado parcial: Ética y Lógica 2, Plebiscito 0. El peligro institucional y político es obvio, ya que el resultado de aplicar el criterio es más perjudicial que hacerlo con la Ley a anular. LQQD.

Voy cerrando. He escuchado por allí que a algunos jóvenes les da vergüenza decirle a sus hijos que los abuelos avalaron con su voto la impunidad de la peor lacra de la Historia, y por eso hay que anular la Ley.

“A los chicos hay que decirles siempre la verdad”, dice Marcos Mundstock, mi Gurú. Díganle, adoctrínenlos nomás, y déjennos esperar que crezcan para explicarles. Por otra parte: Cordero, Gavazzo, el Turco, el Pájaro, el Goyo y tantos otros, siendo muy mala gente, son Papá Noel comparados con Hitler y compañía, ¿verdad? ¿Alguien escuchó que a los alemanes (que han pedido perdón e intentado reparar cuanto pudieron) se les diera por hacer un plebiscito para decir que Auschwitz no existió, anular las elecciones que ungieron primer mandatario al segundo genocida de la Historia (el primero fue Stalin, por muerte), o que haga constar en la Constitución Federal que no les gusta ese tramo de su Historia? Como escribió Rabelais, no jodáis que me atormentáis.


Escuché otra presunta razón para apoyar la anulación: “Uruguay no merece esta Ley”.

Pregunto: ¿merecemos los Orientales a Artigas, la Junta de Buenos Aires, el Éxodo y al Caciquillo? ¿A Lavalleja, la Cruzada Libertadora, la Convención preliminar de Paz y la mediación británica? ¿A Rivera, Salsipuedes, Oribe, Suárez, o la Guerra Grande? ¿A Varela, Latorre y la Reforma? ¿Los levantamientos armados de Aparicio, de Saravia, los Máuser y las carreras de degollados? ¿Merecemos a Batlle y Ordóñez, a Herrera y el país que hicieron posible junto a los anteriores? ¿La crisis del 29? ¿A Brum y Terra? ¿El Graf von Spee y el Calpean Star? ¿A Luisito, a Titito, a la UBD, al 383, al Colegiado, a los Tupas, a Pacheco, a los Peirano, a la JUP, al FER 68, a Líber Arce, a Pascasio Báez, el Escuadrón de la Muerte o el jeep ametrallado? ¿Merecemos el 14 de abril, el 18 de abril, el 9 de febrero y el 27 de junio? ¿La tortura, las violaciones, el silencio heroico y la delación? ¿El 58% por el NO en el 80’? ¿El 42% por el SI? ¿La ASCEEP, el PIT, el río de libertad, el Pacto del Club Naval, la prisión y la grandeza de Wilson? ¿A Sanguinetti, al Cuqui, a Jorge y las siete plagas incluidos los Röhm y los Peirano (bis)? ¿Merecemos 20 años de administración municipal frentista, 15 (y contando) de irracionalidad de ADEOM, la Ley de Educación y las escupidas y trompadas de los profesores, la Ley de Salud reproductiva y el veto? ¿Merecemos ver a Tabaré abrazando a Bush, a Chávez, a Shimón Peres y al Obispo; a Peñarol 6 años fuera de la Copa, a Daisy duchándose y a Marita bailando arriba de una mesa?

No sé. Sé que sucedió. Y que con el pasado no se discute.

Es normal que una generación discrepe, y aún que se avergüence de lo que hicieron sus antecesores; pero es inaceptable que -desde la comodidad del diario del lunes, de la paz y el estado de Derecho reconquistados por ellos como mejor pudieron- se sienta autorizada a enmendarles la plana.

Como inaceptable es que, una vez más, el PC, el MLN y ahora la izquierda liberal, la usen (y a su inocencia, su desconocimiento de la Historia, su maravilloso sentido de justicia y su buena fe); esta vez no para derrocar un Gobierno tan malo como legítimo (como hicieron con muchos de nosotros entre el 68’ y el 71’), sino para torcer retroactivamente la voluntad popular.

Puede que tengan “Derecho”.

Pero no Autoridad.

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Selección de escritos anteriores de Eldo Lappe
http://sites.google.com/site/eldolappe

sábado, 10 de octubre de 2009

Por qué NO voy a votar en blanco en octubre


Estoy convencido de que debería votar en blanco una vez más pero… no se relama, Senador Mujica. Pese a lo que digo más abajo y a mucho que no, no lo voy a hacer.

No soy yo quién para decir que no soy tibio, falto de compromiso, gil, eterno desconforme o pardaflórico; pero sí, seguro, para asegurarle que no es por falta de coraje que no lo voto, Señor.

Se necesita coraje (y mucho) para votar por lo que uno piensa y no a favor de los propios intereses. También para andar a la intemperie política, proclamando ideas propias, sin lamer coyundas, pedir bendiciones, favores ni cargos, en un país muy afecto a confundir disciplina con obsecuencia, premiar la aquiescecia genuflexa y castigar el disenso leal.

Le agradezco, eso sí, haberme forzado a terminar estas líneas. Hace días pugnaban por salir. Su mojada de oreja tuvo el efecto contrario al buscado, ya que ahora voy a hacer campaña por el voto útil, yo que tanto lo desaconsejé.

Para decirlo a su modo: ¿Con mi voto mayoría automática? ¡¡Minga!!

Casi digo pindonga, pero hay damas.

Así que, no. No voy a votar en blanco. He caído en la cuenta de que -dado que no participan del cómputo de votos para dividir las bancas- los votos en blanco o anulados son votos a favor de la mayoría absoluta (en este caso del Frente). Por esa razón y por ser la opción que -sin hacerme feliz- más se acerca a mi perfil, voy a votar al Partido Independiente; y aconsejo a quienes aún no se han decidido a que lo hagan en igual sentido o por cualquier opción no oficialista; como forma de no apoyar la actitud absolutista perpetrada por esa bancada a lo largo de esta Legislatura. Es más: si es para hacer lo que hicieron en usufructo de un privilegio raramente otorgado por la ciudadanía, no quiero volver a ver un Partido con mayoría propia en el Parlamento (y no apoyaré tal posibilidad) hasta constatar cambios profundos en la cultura política uruguaya.

Para los que gustan de reflexionar, expondré a continuación las razones por las que que me vi tentado a votar en blanco una vez más, razones que mantienen su vigencia más allá de la decisión expresada más arriba.

El sistema político uruguayo lleva medio siglo haciendo méritos para empeorar su imagen entre el común de la gente. El promedio cultural, intelectual, filosófico, político, técnico y hasta retórico de dirigentes y aspirantes a todo cargo por designación popular o premio consuelo, ha ido decayendo sin parar; y con él la calidad del gobierno y la gestión pública.

Empecé a votar en elecciones nacionales libres en 1984, y lo hice por el partido en el que -proscripto y todo- militaba desde 1982. Ganamos, y dio para celebrar: el cambio en paz prometido se prudujo, los presos políticos y conexos salieron de la cárcel, el salario real creció 30% en tres años, los derechos constitucionales se reinstauraron, se consiguió sortear la crisis de las citaciones en la caja fuerte del Gral. Medina, etc. etc. En la interna empero, no pudimos incidir del modo previsto y el Partido aplastó la renovación. Volví a votarlo, por pura lealtad a un Gobierno que apoyé sin integrar, y que en el 89’ se caía a pedazos. Es uno el leal, lo merezca o no el objeto de su lealtad.

En el 1994 y 1999 voté en blanco. En 2004 la Izquierda llevaba casi cincuenta años gobernando la Universidad, quince la IMM, y la cosa era más para dudar que para celebrar. Si no pueden con lo chico, ¿por qué van a poder con lo grande? pensaba. Las opciones no eran mucho mejores, así que hice pesar la esperanza sobre la experiencia y voté la 2121. O sea que yo sí los voté (como antes al PC) y no me arrepiento: el tiempo peor perdido es el de arrepentirse de lo hecho con ilusión y buena fe.

Surge de lo expuesto que casi la mitad de mis votos en las nacionales ha sido en blanco, lo cual posiblemente se debe a que soy uno de esos “…giles… que votan en contra de sus intereses de clase… faltos de compromiso… a los que nada les viene bien… que no (me) votan por falta de coraje …” como dice el Senador Mujica, o -tal vez- al hecho de que, habiendo militado en la resistencia, en la salida y en la reconstrucción democrática, intentado por seis años colaborar con el mejoramiento de la actividad política y once con el de la gestión pública- me siento con cierto derecho a observar el tema con ojos especialmente críticos.

Es 2009, y hay que votar. Pasado el primer gobierno “ nacional y popular” (como si, salvo dos, no lo hubieran sido todos), tras el presuntuosamente autoinvestido “primer gobierno progresista del Uruguay” (¿no hubo ninguno de Don Pepe para acá?) hay unos cuantos “detalles” que me habilitan a, una vez más, ejercer mi independencia política.

Capítulo especial para la estrategia mediática y de Campaña que han sabido compartir los dos partidos que compiten por la Presidencia ya desde las Primarias; por así llamar al conventillo en que han convertido a la comunicación pública de sus dichos (ya que no el debate público de sus ideas). Hemos asistido al mero encadenamiento de lugares comunes y medias verdades dichas como enteras, destinado a denostar al adversario y/o enfervorizar a la hinchada, en el tiempo que sobra de lanzar al voleo insultos, deméritos y calificativos que han alcanzado última e insólitamente hasta a los propios votantes.

Lo peor, sin duda, ha sido la adopción por Prensa, asesores y candidatos, de la metodología instaurada con gran éxito por Paul Joseph Goebbels (aquél de “Miente, miente, miente que algo quedará. Mientras más grande sea una mentira más gente la creerá”). Para postrer alegría del Ministro nazi, sus seguidores han generado sucesivas olas mediáticas de falsedades, que incluyeron la acusación al Dr. Gonzalo Aguirre de comparar a Mujica con Hitler, y al Dr. Lacalle de querer cortar con motosierra la inversión social, el Plan Ceibal o las Asignaciones Familiares (faltó nomás la pierna ortopédica de Darío Silva). También el Senador Mujica cayó en la volteada, acusado de no creer en el Poder Judicial, querer implantar la cultura de los Khoisan y eliminar la propiedad privada.Para empatar, los neo goebbelianos soi dissant de izquierda hicieron que un montón de circunstancias, reunidas de prepo y a sabiendas de mentir, sirvieran para acusar al Dr. Bordaberry de comprar campos a precio vil. Basura y más basura.

Todos lo vimos, todos lo sabemos: Aguirre dijo que ser popular y conseguir votos no es sinónimo de ser demócrata (lo cual es verdad) y dio ejemplos. Hay formas más felices de decir la verdad, pero eso hizo. El Senador Mujica tampoco dijo nada de lo que le atribuyen. Filosofó, sí y en privado, acerca de la justicia humana, y usó en sus aclaraciones públicas el mismísimo giro que el Dr. Lacalle cuando habló del Caso Braga, palabrota más o menos. Cotejaba otro día en su magín la cultura de unos pobres morenos semidesnudos del desierto africano con la de los sindicatos uruguayos; pero cometió el error de decirlo frente a algún nabo con grabador. Lo incineraron. El Dr. Lacalle dijo un día que recortaría (repreguntado dijo que con motosierra) el gasto superfluo, los contratos de obra y los cargos de confianza, con lo que temblaron primero algunos amigos, luego las rotativas, los videos y los celulares. Pasto bien seco para los fuegos neogoebbelianos. El Dr. Bordaberry firmó un trámite ante la Intendencia de Maldonado para una empresa que, después y sin su intervención, quiso comprar unas tierras en Soriano, tema que está en la Justicia. Un funcionario de morondanga, tan confiable y recto que ha sido repudiado en pasacalles del Sindicato del Instituto que dirige) ató las dos moscas por el rabo, se irguió en Juez y Jurado (a cacunda de Fassano et al.), eructó una denuncia viperina y salute imagen recién salidita de la tintorería de la Historia (a fuerza de laburo y votos) del carismático Pedro. Caca de mosca, cuando la Justicia opere y lo libere de la sombra de la duda, pero caca al fin. Como autor y difusores (sin investigación previa) del infundio. Fascismo del bueno. La dejo en estos ejemplos para no alargar.

Ahora sí las diez razones intra sector político de mi vocación “votoblanquista”.

Hace unos meses expresé mis sensaciones ad hoc en los dos capítulos de las Confesiones de un políticamente incorrecto. El paso del tiempo sólo ha solidificado mi convicción de la conveniencia de no dar voluntariamente mi voto en octubre a ninguno de los presidenciables. Paso a detallar por qué; y -ya que sí los voté- empiezo por el Frente.

1) Me resisto a apoyar a un partido que, aún después de tener la oportunidad de entender lo que es gobernar y habiendo proclamado a los cuatro vientos ser el Cambio reencarnado

a. Mantiene buena parte de sus definiciones ideológicas y estatutarias ancladas en los 60’ y toma sus decisiones más importantes a través de unas asambleas integradas por personas que no representan más que a los intereses de los grupos (algunos minúsculos) que integran, y no al electorado partidario y su pensamiento.

b. En demasiados casos (algunos muy notorios) incurrió en su gestión en los mismos vicios de improvisación y designación de amigos faltos de profesionalismo cuando no francamente incompetentes; forma de actuar que no se ha distanciado esencialmente de la de sus denostados antecesores. “Tenemos el mejor gobierno compañero, pero no el mejor gobierno que hubiéramos podido”. No lo dije yo sino Constanza Moreira, candidata a presidir el Frente y a Senadora por el MPP.

2) Me niego a aportar a la unción en primera vuelta de un presidenciable que convalidó (por decir lo menos) un Congreso en el que se humilló con saña a aquél a quien hubo que nombrar de apuro en Washington para ganar, pedirle por favor que no se fuera para poder sostener la credibilidad del Gobierno, y obligar a quedarse y aceptar la Vice para no sufrir una derrota estrepitosa, asegurada en una fórmula que no lo incluyera.

3) Prefiero que mi voto no se confunda con los de quienes, habiendo criticado con aires de Robespierre posmo a los gobiernos anteriores por su corrupción, miran para otro lado cuando Marenales dice que hay que terminar con la tapadera.¿Por qué ni un periodista le pregunto cuál?

4) Elijo no convalidar una campaña electoral subvencionada con mi dinero por empresas públicas y Entes, tan novedosa que incluyó actos políticos en contra de los otros candidatos, organizados no por el Frente sino por el PIT CNT, en clara violación de su calidad de entidad que no tiene la actividad política prevista en su Estatuto. MEC y Poder Judicial calladitos. Yo no.

5) Me parece mejor, en la ocasión, no votar a candidatos conservadores.

6) Tampoco a quienes le faltan el respeto a mi inteligencia inaugurando en plena Campaña hospitales o aeropuertos que tardarán meses en estar operativos; o que ayer se oponían con furia a lo que hoy aplauden, y decían “delincuentes” a quienes, ahora, sonrientes abrazan.

7) Prefiero no apoyar a los que no le dan lugar a la renovación progresista, por así llamarla, lo cual bien puede decirse de los tres Partidos grandes. En el Frente predominan leninistas y ultras, mientras se esfuma el espacio socialdemócrata. El electorado nacionalista optó por postergar al Dr. Larrañaga, que -a su modo y en ese ámbito- la encarna. El Dr. Bordaberry representa un modo de hacer política respetable, renueva por edad aunque no por aporte teórico, y no recibirá mi apoyo para restaurar un Partido Colorado conservador. Soy un cadáver político del último intento de renovación batllista, pero un cadáver con memoria. E ideas; aunque no parezca o no se parezcan a las de la mayoría.

8) No quiero que mi voto se confunda con el de tantos advenedizos, ventajeros, corruptos y corruptores como los que rodean a los devenidos poderosos y se han arrimado al Frente desde que lo es; sumando a su acervo propio en la materia. La corrupción no delictiva, lo que sin ser ilegal está lejos de ser ético, la máquina electo-ocupacional, el abuso de derechos, viáticos o posición privilegiada, el amiguismo, etc. no son patrimonio de ningún Partido (como sostenía la así llamada Izquierda y siguen sosteniendo muchos de sus principales) sino vicios del ejercicio del poder. Lo gritan la realidad y el propio Senador Mujica en el famoso libro que no leyó, lo sufrieron blancos y colorados por décadas, mal lo han corregido últimamente, y hay ejemplos en las propias internas como para dudar de las buenas intenciones manifestadas.

De la margarita electoral me quedan, pues, Asamblea Popular y el Partido Independiente.

Siento un gran respeto por todo aquél que abrace honorablemente una causa noble (por inalcanzable que me parezca) y la lleve adelante con su esfuerzo. Entonces ¿por qué no votarlos?

9) Pese a simpatizar con los orejanos (por aquello de que la cabra al monte tira) me resisto a apoyar a un grupo que se autoproclama asamblea del Pueblo, al que el Pueblo ignora olímpicamente desde mucho antes de volverse Partido. Me cae bien ese artiguismo visceral de sus integrantes, pero no alcanza para opacar la barbarie liberticida de seguir proponiendo la dictadura del proletariado, ni el estatuismo mental del no pago de la deuda externa, la refundación del Frigonal, o la nacionalización lechera o bancaria. Eso por no hablar de soñar con completar la línea de forwards con Evo, Correa, Hugo y el Pingüino; y Fidel de DT.

10) Ideológica y organizativamente el P.I. se parece mucho a nuestro intento de los 80’. Socialismo democrático, respeto por la institucionalidad interna, culto de las asambleas como espacio de representatividad y libertad. Exhiben también flexibilidad, una cultura de lo posible, negociadora y componedora (no de componenda) muy agradable a mi paladar; y no han tenido tiempo ni oportunidad de desprestigiarse, pues no se han tenido que meter en la miasma del ejecutar. No tengo claro cuán diferente es el trabajo del Diputado Iván Posada del de sus pares de los demás Partidos, pero le otorgo el beneficio de no negarlo, ya que nunca me detuve a analizarlo.

Eso solo no me alcanzó para votarlos antes, ni me alcanzaría hoy. Me cuesta, además, respaldar al Dr. Mieres tras su comportamiento en el episodio del reto público a Bordaberry para el debate en TV (Vg. su decir que hay que cambiar la política pero hacer lo mismo que los otros). Además, estoy convencido de que Uruguay no necesita más sino mejores partidos políticos, así como de de que los cambios se hacen desde adentro. Con la CBI no pudimos, pero es así, y pensar en Gorbachov ayuda a no perder tiempo discutiendo al respecto.

Nada lo del ojo.

Gracias por llegar hasta acá. Espero merecerlo.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Ese voto que el alma no me pronuncia

De plebiscitos viene la cosa. Además de convocados a borrar el pasado con votos del presente, la primavera nos encontrará decidiendo acerca del así denominado “voto epistolar" aunque bien leída la propuesta se trata del voto extraterritorial.
Convocados es un decir: obligados es la verdad; y quiero dejar aquí expresado mi total desacuerdo con el hecho (inexplicable a estas alturas de nuestra Historia política) de que la libertad sirva en Uruguay para todo menos para votar. Quiero votar si quiero y porque quiero; no porque alguien dice que debo, porque soy empleado público, o porque si no lo hago no voy a tener que pagar una multa o a no poder hacer trámites. ¡Asuman que el Pueblo es adulto, por favooooor!!!

Vamos al tema. Lo analizaré desde tres puntos de vista, empezando por lo formal, que casi nunca es esencial, siguiendo también brevemente por los aspectos filosófícos que fundan la legislación que actualmente regula el tema, y me extenderé un poco más (no mucho) en los aspectos éticos del mismo.
1) El voto epistolar arrasa con muchas garantías esenciales por las que vela el estupendo sistema electoral uruguayo. Punto.
2) Sin ser experto, entiendo que la Constitución y las leyes electorales uruguayas sostienen desde siempre el criterio de ciudadanía por avecinamiento y no el de nación. Por eso es tan fácil que los extranjeros voten en nuestro país; y a mí me parece bien. “Si los sufre, tiene que poder sacarlos”. Ergo, si no los sufren, no; grita la Lógica.

Se aduce que el voto extra territorial existe en cien y pico de países, muchos del primer mundo, y es verdad. Es el caso de la potencia imperial supérstite (USA), las ex (España, Italia, Inglaterra, Autría, Alemania, Portugal, Holanda, etc., (que también traficaban esclavos, y no los seguimos en eso, ¿no?). También el de los veleidosos con ínfulas de (como argentinos, chilenos y brasileños), y el de todos los países que sostienen un nacionalismo fundado en unos criterios de "sangre" que hunden sus raíces en la noche de la Historia. Negra noche, agrego, con capítulos vergonzosos y despreciables como los certificados de pureza de sangre previos a la expulsión de los judíos en la Europa del Siglo XV (con los Reyes católicos a la cabeza), los acontecimientos en Alemania y Polonia en el XX; y que sigue tan campante en buena parte del mundo. Nunca es bueno decir que algo lo es porque otros lo hacen, sobre todo sin preguntarse por qué lo hacen.
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3) Casi nunca gané lo que creía merecer. No siempre me sentí a gusto con lo que debía hacer para parar la olla, ni siempre pude hacer o decir lo que quería. Pero siempre sentí que este es mi lugar en el mundo, y que es mejor ser de primera y estar jodido acá que de segunda (en el mejor de los casos) y con cosas (bis) “allá”. Por eso puedo sostener con la mirada en alto que vivir fuera de Uruguay es una respetabilísima opción.

Dejando salvados los casos de la Barca Puig, contadas expulsiones en el más oscuro pasado reciente y un pequeño número de casos en los 70' que tuvieron un tinte de cuasi obligación, emigrar ha sido y es una decisión libérrima que implica dejar de estar incómodo y/o no poder hacer o tener algo acá, para estar cómodo y/o sí poder hacerlo o tenerlo “allá”. Como dice Jaime: “Volver no tiene sentido, tampoco vivir allí. El que se fue no es tan vivo, el que se fue no es tan gil. Por eso, si alguien se borra, ¿qué le podemos decir? No te olvides de nosotros, y que seas muy feliz”.
Eso sí: el que se va, se va. No es que no quiera vivir acá: no quiere (o siente que no puede) vivir acá como es acá, y por eso se va; pasando a ser protagonista de otra realidad: la de “allá”. No trabaja acá, no come acá, no gasta acá, no se enferma ni se cura acá, no va al estadio acá, no da propinas acá, no paga impuestos acá, no usa el colector acá, no mantiene jubilados ni empleados públicos acá, no sufre ni se beneficia de las decisiones de los gobiernos de acá, como sí hace (si tiene papeles, todo eso y mucho más) “allá”.
Yo sé que es muy feo irse. Yo sé que dice Vaz Ferreira que entre dos soluciones igualmente buenas, hay que elegir la que dé mayor libertad, y eso me tironea del lado del liberal que soy. Ese que piensa que es mejor dejar el tema librado a la conciencia de quien -teniendo un derecho- elige no ejercerlo por saber que está mal hacerlo. Libertad y Responsabilidad. Pero sé también que la mayoría se pasa la conciencia por donde ya sabes, viene, vota, me encaja el gobierno que le parece bien (de cuyas travesuras no ha de beneficiarse o ser víctima), y se va.

Quede claro que no importa a quién vota: esto siempre estuvo mal, acarreara López Mena votantes para colorados, blancos o frentistas, como ha hecho, hace y parece que hará.La ciudadanía no se pierde, la pertenencia nacional tampoco, eso es claro; pero en la dura decisión de emigrar hay implícita una renuncia. Y hay que asumirla.

He escuchado decir: “Vengo a votar para poner un gobierno que haga que el país sea uno al que me pueda volver”. Mentira, iba a decir, pero no. No es mentira, es ilusión; que -siendo de la familia- tiene mejor imagen. Estadísticamente, nadie exitoso se vuelve. Todo lo que invirtió "allá" en tiempo, esfuerzo y dolor, es un ancla ilevantable. Además, es el emigrante primario quien tiene sus raíces acá, no su progenie, que tiene su vida allá y no arranca ni a palos para este “atraso”. La canción “Los hijos de Gardel” es lapidaria al respecto (y no vamos a acusar a Laura Canoura de facha, como sí seguramente a mí). Sólo quien no tiene éxito, tal vez, volverá; porque no hay mejor lugar que tu país para lamer tus heridas, rumiar la bronca, empezar de nuevo y putear legítimamente al Gobierno sin que te miren torcido por hablar de lo que no te corresponde, sudaca atrevido.

Lo que no quieren quienes así actúan y dicen, es perder contacto, dejar de participar, “traicionar” sus ideas. Sienten que nos ayudan a tener un país mejor, es decir, uno como les gustaría a ellos, que decidieron no vivir acá ni dejar que nosotros, que sí, decidamos.
Quiero dejar claro que cuando hablo de emigrantes no me refiero a los que se fueron dejando créditos impagos, golpeando la puerta y jurando no volver nunca más "...a este país de mierda”. Hablo de los que van al Club de Uruguay o como se llame, se ponen la camiseta de su cuadro de acá y ven los partidos de la celeste juntos, cantan el Himno en los feriados, escuchan a Alfredo, tocan tambores, mandan plata y cuando pueden vienen. Pero ¿cómo hacer para diferenciar los votos, si le aflojáramos al rigor racional y ético en aras de la sensibilidad?
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Por todo lo expuesto (y no por opositor o hincha de Trobo) me siento mucho más cómodo con la propuesta de crear una circunscripción electoral para uruguayos no residentes, que les otorgue la posibilidad de tener un número de Representantes en el Parlamento que piensen las cosas desde su perspectiva, hagan oír su voz y les permitan incidir en las decisiones legislativas, con una representación proporcional a su peso electoral real. Queda así plenamente reconocida su pertenencia nacional, salvada su necesidad de expresión e influencia, y atendidos sus deseos de sufragar; pero no se les da la posibilidad de decidir qué Ejecutivo nacional o municipal, ni qué leyes que se plebiscitan rigen los destinos del país en el que ya no viven, reitero, por su libre decisión.

Por ahora, lamentablemente, no será. Una vez más se impuso la aplanadora antiliberal, el espíritu intolerante y fundacional, el creer que como tuve el 50,4% de los votos tengo razón y los que recibieron menos de 1% menos no pueden tenerla. Y acá estamos, obligados a decidir SI o NO algo que ni siquiera se discutió en serio en el Parlamento ni en la opinión pública “porque estaba en el Programa que la gente votó”. La despenalización del aborto también, ¿Y?

En 2010 no habrá mayorías automáticas, el tema podrá discutirse de verdad y hasta puede que prive el respeto por todas las opiniones, y vuelvan a tener lugar la madurez, el debate de ideas y la negociación política.
Yo le pongo un votito a esa esperanza y, también por eso, no incluiré la papeleta de este Plebiscito en mi sobre.

Gracias por tu atención.

Selección de escritos anteriores de Eldo Lappe
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lunes, 21 de septiembre de 2009

Ayuda-memoria algo baboso

Gracias a Nuchi, un entrañable amigo al que hace mucho no abrazo, me enteré de esto.

Dudé en difundirlo, no sólo porque ya conozco el rebuzno de los que dicen "...eso es historia..., viven de recuerdos..." (no es verdad: es Historia, no vivimos de ella sino que vivimos mejor en su dulce recuerdo vivencial), sino porque los pueblos que no conocen (y reverencian) su pasado, están condenados a repetirlo.

Por eso dudé en andar avivando giles, como dice el Pepe (Mujica, no confundir con Batlle, Sasía, Herrera o Biondi, aunque en algo se parezca a cada uno).

La Luz no siempre triunfa, pero sus enemigos terminan por morir. Inspirado en esa certidumbre, pudo más el afán didáctico, esa cosa de no dejar en el desamparo de la ignorancia a tanto joven que sólo recuerda un ya lejano "Opa opa, quinquenio las pelotas", allá por 2003; aunque la mayoría de los hoy ensoberbecidos (por haber pasado dos rondas de pedo, quedado cuartos tras enfrentar un sólo rival serio y con un sólo gol a favor, y ganado dos uruguayos seguidos con más ayuda que la Peluffo Giguens) fueran concebidos, acunados o a la Escuela con el ensordecedor arrorró de cinco Vueltas seguidas, lleno el Estadio (por primera vez, of course) con banderas de un solo equipo. Y no fueron seis porque el Zar mandó parar, Olivier inventó el fault en cobertura y Pasculli terminó en cana por decir la verdad.

También le voy a refrescar la memoria a más de cuatro bellotos como yo (o un poco más o menos); decisión a la que -sin duda- ayudó también el maravilloso sentimiento que entibia mis venas, engrandece mi alma y -gracias a Dios (que es Manya y a veces se auto flagela para gozar más después, como Frankenstein en su famosa auto complacencia), le pude transmitir a mis hijos, sin distinción de género (*)

Me puedo morir en paz. En el siglo en que el fútbol era un deporte (y no un entertainment multimillonario y lavador), cuando se lloraba y se trancaba con la cabeza, se veneraba la camiseta y se salía con la cabeza gacha el lunes si se perdía con aquellos que te dije el domingo, mi cuadro nos regaló lo que nadie ya nunca podrá. Con la base de la máquina del 49', Uruguay le ganó a Brasil en Maracaná, y no me jodan con que eso es viejo. Mozart también, y toca precioso.

Nunca nos van a alcanzar en Campeonatos ganados, en Libertadores, Inter continentales de las de verdad, Quinquenios por siglo, nunca van a ser los primeros en ganar todas las Copas importantes, en ser el primer bi y el primer tri. Ni mucho menos en hinchada, entradas vendidas u orgullo de ser, venga la cuerda con la m...ostaza que venga.

Nobleza obliga: probablemente nunca los alcancemos en cantidad de torneos diferentes ganados, en años con el mismo nombre (que extrañamente no incluye el apellido del padre, tal vez porque es un barrio y ellos quieren ser de toda la nación), ni mucho menos en Maldonado o cualquier otra pista. Ni tampoco en la hazaña nunca repetida en el mundo de irse al descanso en un Clásico y no volver, o excomulgar a un ídolo porque no se dejó ganar y los sometió al escarnio de perder dos veces de atrás la posibilidad de arruinar el segundo quinquenio.

Gracias a ese mismo Dios, el Club adjetivo está tercero en ese ranking, sólo detrás de los enormes "rojos de Avellaneda" y por encima de Boca, River, y los monstruos de Brasil; lo cual confirma que siempre fueron un gran rival, digno, fuerte, no digo de temer (porque un buen Manya sólo teme a bajar los brazos y a Lord Paco y sus siervos) pero sí de no descuidar.

Como en la Vida misma, un gran adversario ennoblece la victoria y hace menos dura la derrota. Si sólo le ganas a la gilada, sos el Rey de los Giles, pero si dejaste abajo a semejantes rivales, es que -de verdad- fuiste el más grande. Y yo me iré de este mundo, algún lejano día, con esa sonrisa en los labios.

SAVAP

Eldo

(*) Cultor del lenguaje como soy, no digo hijos e hijas, porque en Español, el genérico no distingue, y creer que eso es lo que va a terminar con el machismo y la violencia doméstica me parece una ingenuidad de las grandes. (¿Viste que no dije pelotudez?).

Peñarol mejor Club del siglo XX
17.09.2009, 08:31
La Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol (IFFHS), nombró este jueves a Peñarol como el mejor club sudamericano de la historia del siglo XX, superando a Independiente de Argentina y a Nacional, que se ubica tercero.
Peñarol fue declarado Mejor Club del Siglo XX de Sudamérica por la Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol (IFFHS).
Esta institución tuvo en cuenta las distintas competiciones internacionales sudamericanas para establecer la clasificación, en la que Peñarol acumula 531,00 puntos, y precede en la tabla al Independiente de Avellaneda argentino (426,50) y a Nacional (414,00), mientras que River Plate es cuarto con 404,25.

La siguiente es la clasificación:

1. Peñarol Montevideo (URU) 531,00.
2. Independiente Avellaneda (ARG) 426,50.
3. Nacional de Montevideo (URU) 414,00.
4. River Plate (ARG) 404,25.
5. Olimpia Asunción (PAR) 337,00.
6. Boca Juniors (ARG) 312,00.
7. Cruzeiro Belo Horizonte (BRA) 295,50.
8. Sao Paulo (BRA) 242,00.
9. América de Cali (COL) 220,00
10. Palmeiras Sao Paulo (BRA) 213,00

Fuente: EFE



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viernes, 11 de septiembre de 2009

9-11


Hoy es 11 de setiembre, otra vez; con todo lo que eso significa.
Y vuelve a serlo cada vez que alguien asesina en nombre de la Verdadera Fe, o de la Justicia popular, tortura en nombre del Orden o el interés General, o destruye diciendo querer construir -así sea- la Paz o el mismísimo Reino de Dios en la Tierra.

Nunca más.

Amén.
Cualquiera
Escrito al despertar de un once de setiembre, nuevamente terrible.

Judío, cristiano, musulmán, ateo,
budista, blanco, amarillo, negro,
rubio, castaño, calvo, con motitas o lacio,
de izquierda, de derecha, centro, ultra, moderado,
que piense bien o mal de Arafat o de Batlle,
Vázquez, Sharón, Lacalle,
de su madre o su padre,
que sea de Peñarol, Nacional, de ninguno,
que viva por el Prado, la costa o en La Aguada,
en el Borro, en Carrasco, en el Cerro, o en Manga,
que haya tomado avión o piense en tomar uno,
que haya ido hasta el Centro un día a cobrar, o hasta el Banco,
tal vez a hacer un trámite, a pasear, o al laburo,
que desayune en shoppings o duerma en estaciones,
que diga “chau, te quiero” en algún monedero,
o vaya hasta una esquina por cigarros o flores,
que sea bombero, policía, o punguista,
gerente, mandadero, vendedor de café,
corredor de la Bolsa, limpiador, peluquero,
mago de las finanzas, artesano o artista,
de cualquier profesión u oficio,o vagabundo,
pronto a dar una mano (y a perderla si cuadra)
o cobarde que corre para salvar su alma,
que está pensando en irse, en ascender, casarse,
en putear a su jefe o escribir una carta de amor o despedida,
que sueña con mañana, o con volver a casa,
que corre, que se cansa,
que cree que acá termina todo, poquito o nada,
en que hay reencarnación o en que el gusano manda,
en que la vida es sueño, fiesta o valle de lágrimas,
que le gustan el cine o el helado con pasas,
que va y hace pichí, porque ya no se aguanta,
que llena un de cinco de oro,
o que, tan sólo, pasa
por un lugar
en el momento errado.
O justo.
Yo qué sé.
Mataron a cualquiera.
Cualquiera de nosotros pudo ser. O no ser.
¿Quién de nosotros, siempre, no es cualquiera?

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Montevideo, 13 /09/2001